viernes, 27 de junio de 2014

Capítulo 6 de Las Crónicas de Érdwill 1





ÁRIAD


     Fhimias había regresado a su pueblo. Situado en una zona desértica, árida y seca, sus gentes pasaban muchas necesidades debido a la falta de agua y alimento.
El árido, al igual que le sucedió a Érdwill, había sido arrancado de los brazos de su pueblo cuando sólo era un niño, por los damneds, para llevárselo a las canteras.
Ahora, había regresado, ya adulto, y no uno cualquiera. Cuando se lo llevaron era el príncipe de Áriad. Durante su ausencia, sus padres habían muerto debido a una enfermedad que afectó a su pueblo. Ahora que había vuelto, sería el rey de Áriad.



Lo primero que hizo cuando se enteró de la trágica noticia, fue visitar el lugar donde estaban enterrados sus cuerpos. Allí, les hizo ofrendas de pieles, y, collares de huesos y colmillos de animales. Luego, pronunció unas oraciones.
Seguidamente, se quedó en silencio con los ojos cerrados y las palmas de las manos unidas, con las puntas de los dedos hacia arriba, apuntando hacia el cielo, donde estaban los tres soles: el más grande y de color amarillo, Kaladion, el mediano y de color naranja, Thántalas, y, el pequeño y de color rojo, Ométher. Sus nombres, según su religión, hacían referencia a los tres dioses hermanos; lo mismo que ocurría con las dos lunas, Illieni y Nesari, que hacían referencia a las diosas hermanas de éstos, todos hijos de los dioses Crión y Yaliena.
Tras dedicarles unas oraciones a sus padres fallecidos, y rogarle a los dioses de los tres soles a los que veneraban todo su pueblo, que se ocupasen de sus almas, Fhimias abrió los ojos.


Su tono, como el de todos los áridos, se hacía más intenso cuando estaba cerca de su pueblo. Allí, casi siempre estaba soleado, y la fuerte luz de los tres soles provocaba que el color dorado como el oro del iris de sus ojos, brillase aún más.
El clima tan caluroso de estas tierras, se notaba en el físico de los áridos, que lucían un tono de piel moreno tostado, que no llegaba a ser el negro de los humanos del reino de Zénor.
Este calor y la falta de agua y alimento, también se notaba en la extrema delgadez que esta raza tenía. Y, aunque lo lógico era que fuesen bajos, debido a la falta de alimento, no lo eran, al contrario, eran altísimos, medían entre metro con noventa, y dos metros de altura. Esto se lo debían a la leche de los yutas, (unos animales parecidos a las vacas, con cuernos como los carneros, pero en espiral, y, con un pelaje parduzco), que era su principal alimento, y era muy beneficiosa para el crecimiento de sus huesos.
Al hacer tanta calor en Áriad, sus habitantes iban casi siempre semidesnudos, sólo cubrían sus partes íntimas con pieles, normalmente utilizaban la del yuta; y se adornaban el cuerpo con aros y brazaletes de oro, o, collares de huesos o colmillos.
A pesar de ir semidesnudos, eran muy coquetos con su pelo que era de color amarillo como el fuego de sol Kaladion.
Dedicaban mucho tiempo cuidándolo, y lo llevaban hecho trencillas muy finas, que le resultaban muy adecuadas para el calor. Quienes tenían el pelo más largo, lo sujetaban en una cola para mayor comodidad. Fhimias no la necesitaba, porque sólo lucía una media melena.




Al día siguiente, los áridos habían preparado todo para proclamarlo rey.
Desde la muerte de sus padres hasta entonces, lo había sido provisionalmente, el árido más anciano. Éste puso sobre el cuello de Fhimias el medallón que representaba al sol Kaladion, proclamándolo así rey de Áriad.
Todos los áridos estaban allí reunidos presenciando el nombramiento.
Tras la entrega del medallón y la bendición con un beso en la frente del anciano árido, Fhimias se puso de pie y se volvió hacia su pueblo, al que ofreció unas palabras:
-Prometo hacer todo lo que esté en mi mano para que os sintáis orgullosos de vuestro rey. Espero al menos representaros tan bien como lo hicieron mis padres, y prometo defender este pueblo hasta el último suspiro, de cualquier amenaza -tras pronunciar estas palabras, el pueblo gritó al unísono:
-¡Alabado sea el Rey Fhimias!

Seguidamente, comenzaron las celebraciones.




Unos danzaban y saltaban en círculo. Mientras, alrededor de ellos estaban situados los demás, comiendo y divirtiéndose. Así, pasaron la tarde y parte de la noche, hasta que vencidos por el cansancio y el sueño… se retiraron a descansar.




Al día siguiente, Fhimias salió junto a algunos áridos más a ver los alrededores de su pueblo. Quería saber en qué estado se encontraban, a cuanta distancia se podía encontrar agua y que cantidad, los animales y frutos que podían servirles de alimento, y la situación geográfica en la que estaba situado su pueblo, por si debían reforzar las defensas ante un posible ataque.
Sus monturas eran los rinofantes, unos animales enormes que llegaban a medir hasta ocho metros de altura, y que, por su aspecto, parecían una mezcla hecha entre elefante, mamut, rinoceronte y triceratops. Tenían colmillos de mamut abajo, y más arriba dos de elefante. En la unión de la cabeza con la trompa tenía dos cuernos de rinoceronte, y en lugar de las grandes orejas de los elefantes, tenían una coraza con cuernos como los triceratops, alrededor de la cabeza. Además, la forma de su cuerpo se asemejaba a los elefantes; sin embargo, era  incluso más dura que la de los rinocerontes asiáticos, tanto que su piel parecía una armadura.
Hacía mucho tiempo que Fhimias no subía en un rinofante; desde que lo hacía con su padre, de niño, no lo había vuelto a hacer. No estaba acostumbrado. Por eso, en el rinofante que él estaba subido llevaba un jinete-guía que lo dirigía. Él iba detrás en una especie de trono, cubierto por una tela, para resguardarlo de los tres soles.
Además de su rinofante, marchaban dos más con otros dos jinetes-guía, y un grupo de áridos que lo escoltaban.
Los jinetes-guía llevaron a su rey hasta el lugar donde recogían el agua. Habían descubierto aquel sitio, tras seguir a los animales que siempre estaban cerca de aquella zona.
El agua se hallaba en un oasis situado a tres horas al sur de Áriad. Allí, había agua suficiente hasta que llegaran las siguientes lluvias. Fhimias se alegró de que su pueblo tuviera agua para beber durante una temporada.
De modo que, llenaron las tinajas de agua, cazaron varios animales, y recogieron dátiles y otros frutos.
Cuando regresaron al pueblo, Fhimias mandó repartirlo todo. Después, ordenó también que excavaran la tierra hasta hallar agua en algún lugar del pueblo, y que cuando la encontraran, hicieran un pozo.

Al final, lograron su propósito, e hicieron el pozo. El rey dijo por último, que crearan una muralla exterior fabricando grandes ladrillos a partir de arena y agua. Ésta se comenzó a construir, y, poco a poco, con la ayuda de Fhimias y el esfuerzo del pueblo, Áriad comenzaba a prosperar. 

6 comentarios:

  1. me ha encantado es ta cap como los anteriores que acabo de leer, la intriga me matara que planea hacer mi adorado erdwill?, que pasara com Araid? espero qe el proximo cap sea tan bueno como este, lo espero con ansias!!!

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    1. Hola Maria. Echaba de menos tus comentarios en el blog. Me alegro que aunque hayas tardado te hayan gustado los capítulos 5 y 6. ¿Estas intrigada? jeje Si quieres ver lo que pasará con Érdwill y todo lo demás, sigue leyendo esta historia. Ya he colgado el siguiente capítulo, el 7. Así que a leer...
      Gracias de veras por tu apoyo.

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  2. Un capítulo más cortito, ¿no? Pero al igual que en el anterior, describes la raza muy bien. Me ha faltado algo de diálogo, que siempre ameniza un poco más la lectura. Pero es solo mi opinión :)
    Me ha gustado la bestia que has creado a partir de cuatro animales, una mezcla interesante ^^
    ¡Un abrazo y hasta la próxima!

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    1. Sí. Hay algunos más cortos que otros. Gracias. En éste no podía introducir diálogo, Fhimias no tenía con quien hablar, pues los demás áridos no son personajes ni secundarios.
      Un abrazo y gracias por leer y comentar. Saludos.

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  3. Interesante capítulo. Los rinofantes alucinantes.
    Saludos.

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    1. Gracias Miguel.
      Sí, son unas bestias, increíbles.
      Vuelve cuando quieras. La fantasía te adora. Esta historia merece ser leída por alguien como tú, que la entiende de forma similar a como lo hago yo.
      Un abrazo.

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