viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 10 de Las Crónicas de Érdwill 1






EL REGRESO DE GÓRDAG


     Todo sucedía como de costumbre en la isla de Tracksia (la mayor escuela de gladiadores de Rhamnia). Los gladiadores acababan su entrenamiento de la mañana con los recién iniciados.
Según Eolión, el dórdag que estaba al frente de la escuela, entre los muchachos había algunos que prometían mucho.
Además de Eolión, en la isla había siete gladiadores más. Algunos, como Azión, un dámned, Dérthar, un humano de raza negra, y Crackis, un humano de raza blanca; llevaban mucho tiempo en la isla. Otros, como el rag Górdag, el elfo Jhalias, el enano Moongrée, y el humano de raza negra Zescarión; sólo llevaban dos años y varios meses. Con todo, a ellos les parecía demasiado tiempo. Sentían la necesidad de volver a ser libres… de volver a sus lugares de origen.
El que más echaba en falta su tierra era Jhalias. El elfo, al igual que el enano, no pertenecía al continente de Jergón. Como todos los elfos, provenía del continente Yaiba, el continente de la magia, un lugar donde todo era verde… muy al contrario que la isla, un lugar rocoso y desértico.

Era la hora de la comida, así que todos se pusieron en fila con un cuenco para recibir su parte. A medida que llenaban sus cuencos, se retiraban a una gran mesa.
Jhalias, Moongree, Zescarión y Górdag siempre se sentaban juntos.
-Nunca me acostumbraré a esta porquería. Sabe a rayos -dijo el elfo, mirando a sus amigos.
-Tendrás que acostumbrarte, es lo único que hay -le dijo Górdag, mientras se acababa su cuenco-. Si no lo quieres, me lo comeré yo.
-Te comerías cualquier cosa que te pusieran -bromeó Zescarión.
-Pues, tú tampoco le haces ascos -protestó el bárbaro.
-Sólo tratamos de sobrevivir -intervino Moongrée.
-Quizás no tengamos que comer muchas veces esta comida -dijo Jhalias mirando a sus compañeros muy serio.
-¿A qué te refieres “orejitas”? -se interesó Górdag.
-Acercaos, os contaré algo… He estado pensando un plan para huir de aquí -les dijo el elfo en voz baja.
-Pues ya puedes olvidarlo. Es imposible escapar de aquí. No sé si te has dado cuenta, pero la isla está extremadamente vigilada -le insinuó el enano.
-Es cierto. Pero si esperamos el momento adecuado, puede que tengamos una oportunidad.
-Háblanos de ese plan -insistió Zescarión.
-Como sabéis… mañana viene un barco con comida a la isla… bien, pues…
Jhalias les contó todo el plan a sus compañeros, y éstos decidieron que no tenían nada que perder, y mucho que ganar.
Al día siguiente, los cuatro gladiadores esperaban con impaciencia que llegara el momento para iniciar su plan. No obstante, el momento llegó.
El barco con las provisiones para el siguiente mes, llegó a la isla. Varios hombres bajaron del barco con las provisiones de comida, y con otros tantos grandes barriles de bebida. Y, se dirigieron hacia el almacén que había en la isla.
Una vez llegaron, fueron depositando las provisiones en él. Dentro, escondidos, se encontraban los cuatro gladiadores.
Esperaron a que salieran los hombres con los barriles vacíos del mes anterior, (en donde, en uno de ellos, se había escondido el enano Moongrée), hasta que quedaron tres por salir… entonces, los atacaron y les quitaron sus ropas. Luego, escondieron sus cuerpos inertes, y se vistieron con las ropas de aquellos tres hombres, que no les quedaban del todo mal, excepto… al grandote de Górdag, al que le quedaba demasiado ceñida.
Pasaron inadvertidos ante los guardias del almacén, gracias a los cascos que los hombres llevaban.
Enseguida se unieron a los demás, y subieron al barco. Pero para ello, tuvieron que pasar los muros que limitaban la escuela; los cuales, estaban muy bien vigilados por los soldados damneds.
El barco se dirigía hacia el reino humano de Ramek; el lugar más próximo a la isla.
El viaje fue tan corto, que nadie los descubrió mientras viajaban en el barco.
Cuando llegaron a Ramek, esperaron el momento oportuno, y bajaron del barco con el barril donde se encontraba Moongrée. Luego, una vez lejos del barco y del peligro, se quitaron las ropas y sacaron al enano del barril. Éste, dolorido, mencionó que aborrecería el vino de barril durante bastante tiempo.
Allí, los cuatro amigos se despidieron y tomaron rumbos diferentes…
Jhalias y Moongrée embarcaron de nuevo en distintos barcos que tenían como destinos los continentes de Yaiba y Bravya. Zescarión y Górdag, por el contrario, se hicieron con un caballo cada uno, y marcharon por separado hacia los reinos humanos de Zénor y Rag, respectivamente.
El bárbaro decidió tomar el camino más corto hacia Rag. Para ello tenía que cruzar las temibles Colinas de Eol, donde siempre soplaba un fuerte viento árido y seco. Esto no le preocupaba en absoluto. Ya las había cruzado una vez antes, y por aquel entonces sólo era un muchacho. Ahora sería mucho más fácil para él; pero no sabía cómo iba a responder su caballo. Por ello, se aprovisionó de varias cantimploras con agua antes de iniciar su viaje. Para llegar a las colinas, antes tendría que cruzar las tierras que había entre las canteras donde fue esclavo y Térn, una de las otras dos escuelas de gladiadores que existían.

En el norte del continente de Jergón, los rags mantenían pequeñas revueltas con los damneds.
Los atacaban… acechándolos escondidos, y cuando menos los esperaban; saboteaban los campamentos provisionales de éstos, y robaban sus cargamentos de armas de contrabando.
El gran señor de los bárbaros, Lóthar, se encontraba en su tierra. Rag era una gran meseta, la mayoría del año cubierta de nieve, rodeada de las grandes montañas nevadas que formaban uno de los Anillos Gemelos.
Lóthar lucía una gran barba encrespada, era poseedor de una gran fuerza bruta, tenía una envidiable destreza para la lucha; y además, era mucho más inteligente que la mayoría de los rags. Era un gran conocedor de las técnicas de combate.
Gracias a ello y al numeroso ejército que formaban los bárbaros, habían conseguido mantenerse por el momento, inmunes a los ataques de las fuerzas de Éomerd.
El líder rag se disponía a comerse sentado en su gran trono de madera, una gran pieza de carne de alguno de los animales que vivían en las montañas de los Anillos Gemelos; cuando… uno de sus hombres de confianza lo interrumpió:
-Señor, se acerca un gran ejército de dámneds a través de las montañas. Al frente de ellos, marcha Cónnor.
Górdag había atravesado las Colinas de Eol con algunas dificultades. Su cuerpo presentaba algunas quemaduras y su cara estaba quemada y arrugada. Su caballo, en cambio, había sufrido en menor medida, gracias a que le había dado la mayor parte del agua de las cantimploras.
El bárbaro ya no se mantenía erguido sobre su caballo; de modo que apoyó su pecho sobre su montura y se dejó llevar por ella. Ya estaban cerca del río Yélmax, así que el instinto del animal los dirigiría hacia el agua.
Horas después el caballo llegó al río y Górdag cayó al suelo inconsciente…

…Cuando despertó, se encontró en una cama dentro de una cabaña. No sabía cuándo perdió la conciencia, ni cuánto tiempo había estado dormido.
Se levantó y se colocó su atuendo de gladiador… enseguida salió de la cabaña y se encontró a un viejo cepillando a su caballo.
-Por fin has despertado -le dijo aquél hombre.
-¿Dónde estoy? -le preguntó él.
-Estás justo al lado del río Yélmax. Te encontré cerca de aquí, inconsciente y agonizando. Has estado dos días en cama con fiebre alta. Te estuve curando y dando algo de bebida y alimento. Tu caballo no necesitó demasiado, su estado era mucho mejor que el tuyo; en cualquier caso, aquí disponía de agua y hierba fresca.
-¿Sabes dónde puedo conseguir una barca? -le preguntó el bárbaro.
-Yo te puedo conseguir una, si me entregas a cambio tu caballo.
-De acuerdo, ahora no lo necesito; y cuando llegue a mi pueblo seguro que me darán uno.
El viejo lo llevó hasta la orilla del río. Allí, escondidas tras los matorrales, tenía dos barcas.
-Una es tuya.
-Gracias por todo. Has sido muy amable. No sé si hubiera sobrevivido sin tu ayuda.
-No podía dejarte en el estado que llegaste. Además, he conseguido un buen caballo.
-Hasta otra.
-Suerte -le deseó el anciano.
Górdag subió a una de las barcas y remó río arriba, en busca del río Wuaii, que nacía en las montañas que rodeaban rag.

El ejército dámned había acampado justo encima de una de las montañas de los Anillos Gemelos.
Cónnor se hallaba en su tienda esperando que le trajeran la comida y la bebida. Enseguida se la trajeron. El líder de los damneds siempre tenía mucha hambre antes de una batalla; y la que se avecinaba ahora, era importante para los intereses de su señor.
Poco después de comer, el capitán de su ejército entró en su tienda.
-¿Me has hecho llamar Cónnor?
-Sí, quiero hablar contigo Vlásdar.
-Supongo que querrás hablarme del plan de ataque.
-Estás en lo cierto. Estarás de acuerdo conmigo, en que los rags ya saben que estamos aquí.
-Sí, señor. Siempre suelen enviar algún espía.
-Seguro que están preparados para respondernos. Con que he pensado enviarte a ti primero con parte del ejército. Estoy seguro que esos bárbaros necesitarán ayuda, y los gigantes estarán dispuestos a ayudarlos cuando sepan quienes los atacan.
Cuando reciban su ayuda, yo acudiré a socorreros con la gran mayoría de nuestro ejército. Con todo, no sé si venceremos, pues los gigantes son difíciles de derrotar… pero seguro que los rags quedarán muy debilitados.

Tras cruzar el río Wuaii en la barca que cambió por su caballo al viejo que lo cuidó, Górdag llegó a Rag.
Aquel día se respiraba tensión en el ambiente; una tensión extraña, una tensión… que el bárbaro recordaba muy vagamente, porque hacía mucho tiempo que no vivía una situación similar en Rag. Górdag presentía que su pueblo estaba en peligro; se avecinaba una guerra como cuando era niño.
Sus ojos tardaron poco en avistar los chozos en los que vivían los rags. Éstos eran muy grandes y estaban cubiertos por pieles para resguardarlos del frío.
Siguió acercándose hasta llegar al pueblo. Una vez allí, no tardó en encontrase lo que temía.
Ninguno de los bárbaros de su pueblo se percató de su llegada. Estaban muy ocupados yendo de un lado a otro, preparando sus armas, poniendo a salvo sus familias, y organizándose.
Pronto reconoció a un antiguo amigo de su niñez. Aunque estaba muy cambiado, Górdag apostaba a que era él.
Aquél rag estaba junto a su caballo cargando sus armas.
Por lo que Górdag sabía, aquél bárbaro debía ser algunos años mayor que él, pero no lo aparentaba. Esto se debía a que él tenía la piel muy curtida por el calor del sur… y allí en Rag, el frío parecía conservar mejor a los bárbaros.
Su antiguo amigo llevaba una gran trenza que descansaba sobre el hombro y el pecho de su lado derecho; además, lucía una cinta negra, trenzada, en la frente, para mantener recogidos sus cabellos castaños.
En cuanto a su ropa, estaba hecha exclusivamente con pieles de animales, al igual que su capa.
Górdag, al observarlo, recordó el frío que había pasado desde que llegó a las montañas, pues sólo llevaba encima su antigua ropa de gladiador, cubierta por una capa con capucha, que no servía de mucho.
-Krúnak, ¿tienes algo de ropa para un antiguo amigo de la niñez?
-¡No puedo creerlo! ¡Gord! Oí que ganaste una de las finales del gran torneo de gladiadores de Coliseum… Alguien debe de haber pagado tu libertad, para que estés aquí.
-No, amigo. Escapé junto con tres compañeros, de la isla de Tracksia.
-Pues has llegado en mal momento; aquí siempre estamos luchando contra los damneds, y ahora se avecina una guerra. Si te unes a nosotros… te conseguiré más que ropa; te traeré un caballo fuerte y armas. Si ganaste en el gran torneo, tu ayuda nos será muy útil.
-De acuerdo. Lucharé por mi libertad y por la de nuestro pueblo.
Krúnak tardó un poco en volver con un caballo, ropa, un espadón, un hacha, y un mazo. Górdag se cambió en un instante, y se unió a él. Ninguno de los dos llevaba casco, como alguno de sus compañeros que si lo utilizaban, y con cuernos.
Todos los rags eran grandes y musculosos, brutos, y no muy inteligentes. Estos bárbaros eran expertos guerreros, que además de luchar bien, eran excelentes cazadores… y grandes bebedores.
Górdag, al contrario que Krúnak, llevaba la melena suelta y lucía una espesa barba, no muy larga, de color miel, que hacía juego con su pelo y sus ojos.

Vlásdar, que ya tenía preparados a los damneds que lucharían junto a él, avanzaba lentamente con su ejército hacia Rag. En el bando contrario sucedía lo mismo… los bárbaros avanzaban liderados por su señor, Lóthar. Entre ellos marchaban Górdag y Krúnak.
Los damneds, cubiertos con armaduras plateadas sobre ropa y capas negras, estaban mejor protegidos que los rags, pero únicamente utilizaban espadas como armas, de modo que la balanza se equilibraba.
A vista de pájaro, desde el cielo, se veía una gran zona de nieve junto a las montañas, en la que avanzaban dos ejércitos en sus monturas, entre algunos árboles aislados.
Al fondo, más al norte, se visualizaba la gran cantidad de chozos que formaban el pueblo bárbaro, situado en un claro de nieve, entre árboles y montañas.
Cuando se avistaron ambos ejércitos… aligeraron el trote, y el gran águila pudo ver como ambas manchas, la marrón y la negra, iban una al encuentro de la otra.
El encuentro entre ambos ejércitos fue como la embestida entre dos bestias salvajes. El chocar de las armas, la brutalidad de los rags, y la crueldad de los damneds, hicieron de la batalla una masacre entre ambos ejércitos.
Las víctimas en ambos bandos aumentaban por momentos. A pesar de ello, la batalla tenía pinta de durar mucho tiempo.
Allí estaba Lóthar, señor de los rags, luchando como el que más, al frente de los suyos. Golpeaba con su gran hacha de doble hoja a diestro y siniestro, y los damneds caían como moscas.
En verdad, no eran únicamente los bárbaros y los damneds los que yacían sobre la nieve, cubriéndola de rojo… Sus monturas, los fuertes caballos de los bárbaros y los fire-eyes también formaban ya parte de la nieve sobre la cual discurría la batalla.
Górdag luchaba como ningún otro bárbaro, aunque su amigo Krúnak tampoco lo hacía mal. Era matar o que te matasen, y los damneds no eran una perita en dulce.
De repente, una fuerte ventisca hizo aparición, seguida de una tormenta de nieve. La confusión reinaba por todas partes… los golpes aparecían de la nada… Se podría decir que en este escenario de batalla los rags serían los vencedores, pues acostumbraban a luchar en situaciones climatológicas parecidas. Sin embargo, Vlásdar sabía que si la tormenta acababa pronto, tendría las de ganar, ya que su ejército era más numeroso.
A medida que la batalla proseguía, los damneds sufrían mayor número de pérdidas en sus filas. Pero de pronto, la tormenta cesó, y el curso de la guerrilla dio un giro inesperado. Si no recibían ayuda, los bárbaros estaban perdidos.

Por eso, Lóthar decidió enviar a dos de sus hombres a pedir el auxilio de los gigantes. Krúnak y Górdag se ofrecieron voluntarios. 

6 comentarios:

  1. hola!!! primero me encanta la nueva apariencia del blog, felicidades esta cool!!!
    en cuanto al cap! me encanto! cada vez aparecen personajes mas interesantes!
    animo!
    hahaha por cierto en que estara me querido erdwill? ya no aguanto para saber de el!

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    1. Gracias. Que bueno que te gustara la nueva imagen del blog. Debo cambiar el color del texto de los comentarios pues casi ni se ve.
      Los personajes son todos muy interesantes.
      Tranquila, como te dije, en el próximo sale Erdwill.

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  2. Joooo, ¡¡me has dejado con toda la intriga!! Ahora me toca esperar para saber qué pasa!!

    Un gran capítulo :) En cierta manera, me ha recordado a las historias de vikingos :) (Me encanta)
    ¡Nos leemos más tarde!

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    1. Hola Carmen. Bienvenida de nuevo.
      Pues ahora que lo dices, si tiene un aire a las historias de vikingos.
      Cuando quieras. Te estaré esperando ilusionado.
      Saludos.

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  3. Respuestas
    1. Gracias Miguel.
      Encantado de que te pases por mi rincón de fantasía.
      Saludos.

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