viernes, 11 de julio de 2014

Capítulo 8 de Las Crónicas de Érdwill 1





LA INSTRUCCIÓN DE ÉRDWILL


    Días después de llegar a Dawk, su pueblo natal, Érdwill debía comenzar su instrucción a la lucha.
Ya era un consumado luchador, pero, desconocía las técnicas de lucha érdaag, y por tradición debía aprenderlas.
Además, como éstos eran excelentes luchadores, le vendrían muy bien para enfrentarse a las fuerzas del mal, como era su destino.
Desde la fiesta de bienvenida, no había vuelto a ver a aquella muchacha que lo invitó a bailar y que tan grata impresión le había causado.



Aquella mañana, tenía que comenzar su instrucción, así que se dirigió junto a Euferión y Thomas, al lugar de entrenamiento; pero, lo hizo sin ningún entusiasmo.
Estaba decaído, porque los días sin ver a aquella muchacha se le hacían muy largos.
Cuando llegó al lugar de entrenamiento, les esperaban varios erdaags.
Frente a él tenía a un guerrero que llevaba una armadura y un casco puesto. Aquel tipo sólo se usaba en los entrenamientos, nunca en la lucha.
-Escucha Érdwill, te presento al mejor guerrero érdaag que existe en la actualidad. Desde la muerte de tu padre, este guerrero ha crecido y entrenado duro, hasta llegar a liderar lo que queda del ejército érdaag.
Ahora, será tu instructor. Te entrenará, te enseñará las técnicas de combate erdaags, y cuáles son tus puntos débiles. Debes hacer todo lo que te diga y esforzarte al máximo -le explicó Euferión, muy enserio y con todo detalle.



Uno de los erdaags que había junto al guerrero, se acercó a Érdwill con una armadura, y le dijo:
-Debéis poneros esta armadura. Está hecha a vuestra medida. Os hará falta, porque los entrenamientos aquí son con armas de verdad.
Recordó, en ese momento, sus entrenamientos cuando se iniciaba como gladiador; entonces, las armas eran de madera.
Sin dudarlo, se puso la armadura y comprobó que le quedaba como un guante hecho a medida.
-Si estás preparado, comprobaremos cuál es tu nivel, con un combate entre los dos -dijo su instructor.
-Sí, lo estoy -contestó, mientras cogía la espada que llevaba siempre consigo.
Estudió a su instructor, y se dijo a sí mismo, que no era corpulento, y su voz parecía incluso más joven que la suya.
No comprendía como alguien así había llegado a ser el mejor guerrero érdaag, y había conseguido liderar el ejército.
Su instructor, al ver que no lo atacaba, le dijo:
-¿Qué haces hay parado como un pasmarote? ¿No te vas a decidir a atacarme nunca, o es que me tienes miedo?
-Ninguna de las dos cosas. Es sólo que no comprendo cómo alguien con tu cuerpo y juventud ha llegado a liderar el ejército érdaag.
-Menos palabras y más acción -dicho esto, el guerrero lanzó un primer ataque a Érdwill, que cayó de espaldas al suelo, para contrarrestar el golpe de su instructor.
Después, se levantó con mucho trabajo porque, aunque, la armadura no le cubría todo el cuerpo, sí pesaba bastante. Seguidamente, con numerosos ataques, intentó golpear a su oponente, pero ninguno de sus golpes alcanzó al guerrero érdaag.
Éste únicamente se preocupaba de defenderse. Mientras, estudiaba los puntos débiles de la técnica de lucha de Érdwill.
De todos modos, no tardó mucho en pasar al ataque, derribándolo y dejándolo indefenso. Había perdido el combate.



Después, ofreció su mano para ayudar al chico a levantarse. Cuando éste lo hizo, el guerrero le dijo que a pesar de haber perdido, tenía una gran técnica y un gran potencial.
-No es para tanto -dijo Érdwill-, tú sí has luchado muy bien. ¿Me enseñarás todo lo que sabes?
-Claro, y seguro que mejorarás mucho; pero tendrás que hacerme caso en todo lo que te diga.
-Te haré caso en todo. Puedes estar seguro.
-Mejor dicho, di segura. Pues, no ha sido un varón quien te ha vencido, muchacho -dijo su instructor, mientras se quitó el yelmo.
Frente a Érdwill, para su asombro, apareció la melena y la cara de una érdaag. ¡Era la chica con la que bailó!
-¿Qué pasa? Te ha comido la lengua el gato. Encantada de volverte a ver. Soy Ailyn -le dijo la joven guerrero, mientras se quitaba el resto de la armadura.
-Eres increíble. Lo mismo, me enseñas a bailar, que me das una lección con la espada. ¿Hay algo más que sepas hacer, y aún no me hayas mostrado? -preguntó Érdwill, que nunca hubiera imaginado que tras la armadura y el yelmo se encontraba una chica érdaag, y mucho menos, la chica en la que había estado pensando y llevaba días sin ver.
Ahora, la vería todos los días; aunque, hubiera deseado que fuera de otra forma.
-Bueno, no sé. Tendrás que descubrirlo por ti mismo -contestó Ailyn, con una sonrisa, que cautivo a Érdwill aún más de lo que ya estaba.



Después de que ambos se quitaran la armadura, Ailyn le dijo que empezarían con unos ejercicios de agilidad. La muchacha lo llevó hasta un mecanismo bastante grande que disponía de extremos de madera, a distintas alturas. Cuando los erdaags que la ayudaban accionaron el aparato, Érdwill debía saltar y agacharse, continuamente, para evitar que los palos de éste, lo golpeasen.
Cuando el muchacho acabó el entrenamiento, se despidió de Ailyn. Estaba extremadamente cansado y no le quedaban fuerzas para hacer nada más durante el resto del día.



-No ha estado mal para ser el primer día de entrenamiento, ¿verdad Érdwill? -preguntó Euferión.
-Si tú lo dices -contestó el nieto, no muy convencido.
-Te has llevado una sorpresa cuando has descubierto que tu maestro era una chica, que además te ha ganado -dijo Thomas, con tono risueño.
-Estoy seguro que vosotros ya sabíais quien era.
-Estás en lo cierto, chico. Nosotros ya sabíamos que era la muchacha érdaag que te invitó a bailar. A que ha sido una suerte que la mejor guerrero, tu maestra, líder incluso del ejército érdaag, te invitase a bailar, y fuera de ella de la que te encapricharas. Porque, es de las mejores muchachas de Dawk. Y, no se aprovechará de eso, como maestra; al contrario… te ayudará en todo lo que pueda -dijo Euferión, muy sabiamente.
-Pues, podíais haberme dicho que volvería a verla como mi maestra. Sabíais que he estado buscándola durante estos días…
-Érdwill, no debes descuidar tu atención. Tu deber es convertirte en el líder de las fuerzas del bien.



Aquél día Érdwill se retiró pronto a descansar. Aunque, estaba acostumbrado a grandes esfuerzos y a la rutina diaria del entrenamiento, se encontraba algo cansado. Sin embargo, el principal motivo por el que se encontraba en su dependencia privada, descansando sobre su camastro, era que necesitaba estar sólo para recordar todo lo que le había sucedido aquél día; y para aclarar, un poco, sus ideas.
De pronto, comenzaron a venirle imágenes a la mente: cuando ganó el torneo de espada y volvió a encontrarse con el tío Thom y conoció a su abuelo materno Euferión… Cuando llegó a Dawk y fue recibido por los erdaags y por los yozaks, en especial, por Eléniak, con una gran alegría… Cuando conoció a Ailyn en el baile… y, por último, el inicio de su entrenamiento, donde volvió a encontrarse con ella, como su maestra.
Aquella muchacha érdaag lo tenía desconcertado. Le había derrotado, sin esfuerzo, y su abuelo le había dicho que era la actual líder de los erdaags; de modo, que se merecía su respeto.
Pero, en esta ocasión, nada sería igual a los entrenamientos con Eolión, en la escuela de gladiadores. Ahora, sería entrenado por una chica… aquella que tanto lo inquietaba… aunque, sólo la había visto en dos ocasiones. Con todo, recordó lo que su abuelo le había aconsejado; así, que debería de concentrarse y esforzarse al máximo en su entrenamiento, porque era mucho lo que dependía de él.
Con este pensamiento, Érdwill se quedó dormido, plácidamente, momentos después.





A la mañana siguiente, se quedó perplejo cuando llegó al lugar de entrenamiento. Ailyn estaba acompañada por el mismo muchacho érdaag con el que estaba la noche que él la conoció.
Se contuvo y no hizo ningún comentario al respecto, pero, su humor cambió de inmediato.
-Érdwill, éste es Yakarsis. Él te ayudará a entrenar tu agilidad -Ailyn notó que aquella mañana estaba algo extraño.
Miró a Yakarsis. Parecía fuerte y bien entrenado, aun así, no sabía cómo aquel érdaag iba a mejorar su agilidad.



-Ven, tengo que mostrarte algo -le dijo el  érdaag.
Érdwill lo siguió… poco después, llegaron a la armería. Allí, le mostró una armadura y una espada distinta de la que utilizó el día anterior; ambas parecían mucho más gruesas.
-La armadura y la espada deben de pesar muchísimo.
-Mucho más de lo que crees. Están hechas de un metal muy pesado. Pongámonoslas y lo comprobarás.
Una vez terminaron de colocárselas,  Érdwill comprobó que casi no podía andar; y, cuando cogió la espada tuvo que esforzarse para poder levantarla en el aire. Sin embargo, Yakarsis se manejaba con ella con total normalidad.
-Bien, como veo que tienes una gran dificultad para moverte con la armadura… Hoy, tu entrenamiento sólo consistirá en que me golpees con tu espada. Yo sólo me dedicaré a defenderme; pero, no pararemos hasta que consigas tu propósito –el guerrero, después de informarlo, se puso el casco.




Los dos se pusieron en posición de combate y se miraron a los ojos. Érdwill pudo comprobar que los ojos verdes de Yakarsis, no mostraban otra cosa que una seguridad absoluta.
Intentó lanzar su primer golpe. Pero, éste fue tan lento y torpe, que su oponente lo esquivó con un leve movimiento, y su espada golpeó contra el suelo.
-Inténtalo de nuevo. Seguro, que la próxima vez lo haces mucho mejor.
Érdwill le hizo caso. Esta vez, tampoco logró tocar, si quiera, la espada de Yakarsis, pero, su golpe fue más rápido y preciso que el anterior. Y, aunque su ataque lo dio al aire… logró frenarlo antes de tocar el suelo; algo que no logró en la anterior ocasión.
Decidió tomarse el entrenamiento como un desafío. Y, con cada ataque, mejoraba. Ya, conseguía dirigir sus golpes hacia el érdaag, pero, éste los paraba con su espada. Así, estuvieron todo el día, hasta el atardecer, entonces, Érdwill, que tenía más resistencia que Yakarsis, logró golpearlo. De modo, que ambos se quitaron las armaduras… tenían los cuerpos cubiertos de sudor y sus rubias melenas habían tomado un tono más oscuro debido a éste.



-Lo has conseguido. Has hecho un buen trabajo -le indicó el guerrero.
-Me lo he tomado muy enserio. Para mí era algo personal. Te vi bailando con Ailyn, la noche de la fiesta.
-Tú también lo hiciste. Así, que no sé por qué te pones así.
-Escucha, me gustaría saber si entre tú y ella hay algo -al escuchar esto, Yakarsis no pudo evitar reírse-. ¿Te burlas de mí? -le preguntó Érdwill.
-Claro que no, muchacho. Pero, eres muy divertido -no comprendía, porqué se reía de él.
-Entonces, ¿no existe nada entre vosotros?
-Claro que sí, muchacho; claro que sí.
-¿De veras…?
-Es evidente, que Ailyn y yo somos hermanos. Ella debería habértelo dicho, al ver que tú no te diste cuenta.
-Entonces, sólo sois familia… Y yo que creía…
Érdwill no pudo evitar sentirse estúpido. Luego, tras despedirse de Yakarsis, una tímida sonrisa apareció en su rostro.




Aquella noche, durmió como no lo hacía en mucho tiempo; gracias al cansancio y a la tranquilidad que sentía, tras saber que ella no tenía nada con aquel érdaag, puesto que era su hermano.
Se levantó con mucha hambre, así, que comió en abundancia. Después, tras ir a ver al tío Thom y a su abuelo Euferión, se dirigió hacia donde había quedado con su instructora para su entrenamiento. Tenía unas ganas enormes de comenzar. Se había mentalizado, y se prometió que alcanzaría el nivel de lucha de Yakarsis y Ailyn.



Cuando se encontró con su maestra, ésta apreció el cambio en su expresión, desde el día anterior. Ahora, estaba contento, alegre, con una luz en la mirada diferente, y cada poro de su piel parecía estar rebosante de energía.
-Hola, ¿qué tal estás? Parece que te fue bien el día de ayer.
-Bueno, tuve que aprender a manejarme con una armadura y una espada muy pesada.
-Yakarsis dice que lo hiciste bien, para ser tu primer día.
-Sí, ya. Oye, ¿por qué no me dijiste que era tu hermano?
-Quizás, porque no me lo preguntaste.
-Pensé que él y tú… ya sabes… Estabais bailando juntos en la fiesta, y creí…
-Bueno, mejor será que hablemos de tu entrenamiento, ya, que es a lo que hemos venido.
Érdwill estuvo de acuerdo, ya tendría ocasiones para hablar de ello, cuando concluyera su entrenamiento.



-Toma esta hacha -Érdwill cogió un hacha que Ailyn le lanzó.
-¿Para qué quiero esto? -preguntó, desconcertado.
-La necesitarás para el entrenamiento de hoy, que dedicaremos a entrenar tu fuerza. Ya veo que tus músculos están muy desarrollados. Tus años de esclavo en las canteras, y de gladiador, al menos, han servido para algo. Pero, nunca está de más conseguir más fuerza.
-Y… ¿un hacha servirá para aumentar mi fuerza?
-Tú sígueme, y verás.
Érdwill hizo caso a Ailyn. Atravesaron, a pie, los riscos de Dawk, y llegaron al Gran Bosque de Yélmax, al norte de Dawk. Ailyn lo llevó hasta un árbol de un tronco muy ancho.
-El entrenamiento de hoy consistirá en talar este árbol, cortar su tronco, de modo, que queden troncos de unos cinco metros de largura, talar su ramas y hacer varios haces de leña, transportarlos hasta Dawk a través de los riscos , en varios viajes, y por último, cortar los troncos para que tengamos la leña preparada.




Érdwill tardó unas horas en talar el árbol y prepararlo como Ailyn le dijo. Luego, siguiendo las instrucciones de ésta, se amarró un tronco de cinco metros de largo por uno de ancho a la cintura, se cargó un haz de leña en cada brazo, y uno aún mayor sobre sus hombros, y, se dispuso a transportarlo todo hasta Dawk.
Le costaba un enorme esfuerzo, ya, que arrastrar aquél enorme tronco era una tarea muy fatigosa. Pero, aún lo fue más al llegar a los riscos.
Cuando por fin llegó a Dawk, lo dejó todo allí, y volvió por un segundo viaje; y así, hasta que lo trajo todo.
El último viaje le resultó casi imposible, pues, no le quedaban fuerzas de reserva.
-Lo has hecho muy bien. Ahora, tendrás que cortar toda la leña.
-Podría haberlo hecho antes de transportarla aquí. Me hubiera resultado más fácil.
-Sí, pero, te serviría de poco.




Avanzaba ya la tarde, cuando Érdwill terminó de cortar toda la leña.
-Veo que has terminado. Bien, aséate un poco y reúnete, aquí mismo, conmigo, dentro de media hora. Te invito a una buena comida en mi casa.
Érdwill no cabía en sí, de entusiasmo. El entrenamiento érdaag que recibía de Ailyn era muy duro, incluso para él, pero, merecía la pena si podía estar tanto tiempo en compañía de ella. Y, si además era recompensado de aquella manera…
Se aseó enseguida, y una hora después, estaba cenando en casa de ella. Él había esperado estar los dos solos, pero les acompañaba Yakarsis. De todos modos, lo pasó muy bien junto a los dos hermanos.





Aunque, su entrenamiento era muy duro, los días para Érdwill estaban pasando muy rápido.
Esta vez, Ailyn se lo llevó de nuevo, al Gran Bosque de Yélmax. Quería que se hallara en comunión con la naturaleza, porque esta vez, entrenaría su concentración.

-Verás… quiero que te sientes sobre la hierba, cierres los ojos, y me digas lo que sientes.
Érdwill le hizo, y estuvo un momento así.
Cuando abrió los ojos, Ailyn le preguntó:
-Bien. ¿Qué has sentido?
-Bueno. He oído a varios pájaros cantar. Nada más.
-¿Podrías decirme que clase de pájaros eran, y cuantos?
-No. Lo siento.
-Tengo que decirte que se necesita mucho más tiempo del que tú has utilizado, para concentrarse la primera vez. Cuando consigas hacerlo, podrás responderme a las preguntas que antes te hice. Pero, además, sentirás como el aire acaricia tu pelo o mueve las hojas de los árboles. Sentirás cada gota de sudor que aparece en tu piel o en la de tu oponente. Sentirás la hierba que hay bajo tus pies, como nunca, porque sentirás, incluso, los insectos que se mueven por ella. Y lo más importante, sentirás el ritmo de tu respiración y los latidos de tu corazón, y aprenderás a controlarlos.
Cuando, hayas conseguido esto, deberás mantener esa concentración mientras yo te distraigo, incluso, mientras te intento golpear o te ataco. Al final, llegarás a mantener esta concentración en un combate directo con los ojos abiertos. Pero, para ello, necesitamos mucho entrenamiento.



Ailyn dedicó mucho tiempo a aleccionar a Érdwill sobre la importancia de la concentración, y como prepararse para conseguirla y mantenerla.
Tras dedicarle bastantes intentos, lo dejaron.
Su primera clase de concentración, se basó principalmente en la teoría. Ya, conseguiría logros importantes, en los siguientes días que se dedicaran a ello.



Érdwill tenía aquella tarde libre. La dedicó a visitar cada rincón del pueblo. Quería conocer a cada érdaag y a cada yózak, y saber más sobre la historia de su pueblo. Había perdido muchos años de su vida, lejos de los suyos, y quería recuperar el tiempo perdido.
Al final del día, fue a visitar al anciano archimago Eléniak, para que le hablara de sus padres. Él era el más viejo y sabio de Dawk; así, que debería saber muchas cosas sobre ellos, y sus antepasados.



-Hola, muchacho. Me alegra mucho tu visita.
-Hola. Discúlpeme por haber venido sin avisarle.
-Dime, ¿cuál es el motivo de tu visita?
-Verás… no conocí a mis verdaderos padres, debido a que sólo era un bebé cuando ellos murieron. He venido, porque quería que fuera usted quien me hablara de ellos.
-¿Qué quieres saber, muchacho?
-Bueno, mi abuelo me ha hablado un poco. Sé que pertenecían a distintas razas. Mi padre era un érdaag, y mi madre una yózak. Sé, también, que él era el general del ejército érdaag, y mi madre una gran maga hija suya; y que ambos murieron defendiendo Dawk de un ataque de las fuerzas del mal. Del mismo modo, he sabido que fue mi tía Miramna, la hermana de mi padre, quién me puso a salvo, entregándome al tío Thom; pero, para ello, corrió un gran riesgo, y al final, murió.
-Todo lo que has dicho es cierto. Pero, hay mucho más -dijo Eléniak, acercándose a Érdwill y dándole unas palmadas en el hombro. Seguidamente, comenzó a andar pensativo, y acariciándose su encrespada barba grisácea-. Verás… Érdwill. Primero, te hablaré de la historia de nuestro pueblo, y de tus padres; y después, de los asesinos de ellos y de muchos de los nuestros, y sus motivos.
Muchacho, te preguntarás porque eres el único mestizo nacido de la unión entre erdaags y yozaks. La gente como tú, los mestizos, son llamados “Guezlaads”. Suele haber mestizos de muy diversa índole, casi tanto, como razas existen. Todos sois muy especiales. Pero tú, en concreto, lo eres más. Puedes encontrarte guezlaads en cualquier parte de Rhamnia, pero la mayoría, viven al sur de nuestro continente, en Guezl.
La razón por la que eres único, viene de mucho tiempo atrás-. A continuación, el anciano archimago comenzó a relatarle una antigua historia, que Érdwill escuchó con mucha atención:
-Érdwill, no siempre, los erdaags y los yozaks vivieron juntos en Dawk. “Hubo una época, en la que nosotros, vivíamos en Yaiba, el continente de los elfos, muy al sur, cerca de Annk. En cambio, ellos siempre vivieron aquí.
Por aquél entonces, como ahora, también hubo un tirano que sometió el mundo de Rhamnia, bajo su poder. Sólo dos razas lograron plantarle cara, durante un tiempo, hasta que nuestra raza tuvo que huir de nuestro pueblo, para salvar la vida. Los erdaags decidieron acogernos en su pueblo, para que la unión entre ambas razas nos hiciera más fuertes. Pero, a condición, hicimos un pacto… La dos prometimos no mezclar nuestra sangre, para no perder nuestras verdaderas raíces. Pero, este pacto lo rompieron, hace unos años, tus padres. Lo normal, hubiera sido que los desterraran, tras tu nacimiento, y que tú hubieras sido sacrificado. Pero, los oráculos, principalmente el de Guezl, hace muchos años pronunciaron una profecía, que decía que el único descendiente entre un érdaag y una yózak derrotaría al nuevo Señor Oscuro. Fue, por eso, y sólo por eso, por lo que no fuiste sacrificado; aunque tus padres no se librarían de ser desterrados.
Poco después de tú nacer, Éomerd  envió parte de sus ejércitos contra Dawk. Por eso, tus padres no fueron desterrados en ese momento. Se necesitaba su ayuda. Y, a pesar de todo, ellos la ofrecieron, sin reparos.
Pero, ambos murieron en la batalla, al igual, que tu tía Miramna, que murió tratando de ponerte a salvo a ti”.
-Estoy algo confundido. No me agrada la idea de saber que mi propio pueblo me habría sacrificado, de no ser por la profecía. Pero, comprendo que desterrarais a mis padres… Sabes, sabio archimago… Si no hubiera existido esa profecía, creo que hubiera sido más justo, que hubiese sido desterrado, junto a mis padres. 
-Estoy de acuerdo, muchacho. De todos modos, siempre, en la vida se han cometido errores; y son de ellos, de los que aprendemos.
-Gracias, por tu comprensión, venerable archimago. Me dirás, ahora… ¿quiénes fueron los asesinos de mis padres y mi tía?
-Claro, muchacho… Nuestro pueblo fue atacado por dos ejércitos. El primero, venía por el aire, a lomos de los dragones negros, los eeries, los jinetes negros, lucharon contra nosotros, los yozaks. El segundo ejército venía por tierra, eran los damneds, y cabalgaban sobre los fire-eyes, sus temibles caballos, incansables, con ojos de fuego.
Tu madre, Lana, murió al salvar a tu abuelo Euferión del líder de los eeries, Jónnar, quién la mató. Tu padre, en cambio, murió luchando contra el líder de los damneds, Cónnor.
Érdwill, al oír esto, frunció el ceño y apretó los puños.
-A éste último, sí lo conozco. Fue quién irrumpió en la granja del tío Thom, y después, me llevó como esclavo a las canteras. Cuatro años más tarde, lo volví a ver, cuando, nos llevaron a la isla de Tracksia, una de las tres escuelas de gladiadores que existen. Todas pertenecen a ese tirano Éomerd. Según tengo entendido, son una tapadera para crear un ejército de gladiadores. Desde entonces, no lo he vuelto a ver. Pero, juro que si alguna vez, vuelvo a encontrármelo, se lo haré pagar.
-Érdwil, debes controlar tu ira. Sólo, lleva al fracaso. Debes encauzar tu lucha contra las fuerzas del mal; sólo, con el motivo de liberar el mundo de Rhamnia, del Señor Oscuro.
-Espero, poder hacerlo, para librarnos de ese tirano.
-Cuando hayas terminado tu preparación, lo estarás. No te preocupes.
-Gracias, por todo. Recordaré todo lo que me ha contado; y tendré muy en cuenta, su consejo. Debo retirarme a descansar.
-De acuerdo. Debes estar descansado y con la mente despejada. Tu preparación es ahora lo más importante.

Érdwill dejó al anciano archimago Eléniak, para ir a descansar. En su pensamiento, ahora, sólo estaba esforzarse al máximo en su preparación, para algún día poder ayudar al mundo de Rhamnia a liberarse del Señor Oscuro.




Al día siguiente, a Érdwill le tocó entrenar el tiro con arco. Él nunca, antes, había utilizado uno; así, que agradeció la nueva experiencia.
-Érdwill, lo primero que tienes que hacer, hoy, es conocer tu nueva arma y aprender a tensarla bien. Una vez, te hayas familiarizado con ella… deberás aprender cosas importantes a la hora de utilizarlo. La principal es la precisión, pero también lo son: la rapidez con la que colocas tus flechas en el arco, conseguir acertar a grandes distancias, la concentración, y, una buena vista en la oscuridad.
Seguidamente, Ailyn le entregó a Érdwill todo lo que necesitaba.
-Toma este arco y este carcaj de flechas. Deberás tensarlo; pero, ten en cuenta que si lo haces demasiado, quizás no tengas la fuerza necesaria para lanzar las flechas, y, si lo haces poco, no conseguirás alcanzar una gran distancia con él. Si tienes bastante fuerza, siempre, es mejor que esté lo más tensado posible.



Érdwill tomó prestado el arco de Ailyn y puso una flecha sobre él. En seguida, comprobó, que debido a su fuerza, le vendría bien tensar su arco más que el de Ailyn.
Cuando, lo dejó como él quería; Ailyn y él se fueron a una zona descubierta, donde había varias dianas. Se situaron a una cierta distancia de ellas, y estuvieron practicando bastante rato.
A medida que afinaba su puntería, se alejaba, cada vez más, de las dianas.
Ella le aconsejó que tuviera en cuenta la dirección y fuerza del viento, a la hora de lanzar sus flechas, desde lejos. Con todo, cuando vaciaron de saetas sus aljabas, Ailyn decidió que ya habían practicado bastante con las dianas.
De modo, que una vez hubieron recogido todas las flechas de las dianas, ella se lo llevó al Gran Bosque de Yélmax, a cazar ciervos.



-La razón por la que hemos venido a cazar, es porque hasta ahora hemos utilizado un blanco estático. Ahora, el blanco estará en movimiento, así, que necesitarás mucha concentración, para que no escape.
En su primer intento, Érdwill lanzó su flecha mucho después de aparecer su presa; pero, aprendió a ser paciente y silencioso.
Tras varios intentos, consiguió alcanzar a un ciervo.
-Ahora, que has dado en el blanco, haremos esto más interesante -Ailyn sacó una venda que tenía guardada, y le tapó los ojos-. Tendrás que estar muy atento y concentrado, y, aguzar mucho el oído para poder alcanzar un ciervo en movimiento, sin poder verlo.
Érdwill necesitó bastantes intentos para conseguir la concentración necesaria para cazar un ciervo a ciegas; pero, al final, lo consiguió.
Ailyn lo felicitó, porque eran muy pocos los que conseguían hacerlo en el primer día que lo intentaban. Luego, tras acabar el entrenamiento, ambos regresaron a Dawk.




Érdwill, después, fue a comer a casa de su abuelo Euferión. Él y el tío Thom habían sido invitados por su abuelo.
Los tres pasaron un buen rato hablando de la infancia del muchacho. Su tío hacía algunos comentarios, y él se alegraba de recordarlos.
Eran otros tiempos, en los que él no sabía nada sobre su verdadera identidad; y, en los que no tenía que preocuparse de nada serio. Sólo de ayudarlo en la granja.
Luego, Érdwill estuvo comentándoles el entrenamiento que estaba recibiendo de Ailyn. Decía que era muy estricto; pero, se alegraba de lo completo que era, y de los progresos que estaba haciendo. Y así, estuvieron riendo y conversando hasta muy tarde.




A la mañana siguiente, Érdwill se notaba algo adormecido. Como el día anterior, se encontraba en el Gran Bosque de Yélmax; pero, esta vez, además de Ailyn, lo acompañaban Yakarsis y una joven yózak, llamada Imela.
Su maestra le había hecho algún comentario sobre el entrenamiento que hoy haría. Por, lo que parecía, tenía algo que ver con montar, y, por alguna razón, sería un día muy importante para él.
-Érdwill, según sé, creo que apenas sabes montar, ¿verdad? -le preguntó Ailyn.
-Bueno, monté algo con el tío Thom, cuando era un niño. Después, sólo lo he vuelto a hacer cuando vine aquí, con mi abuelo y mi tío. Aunque, nunca he cabalgado; siempre, he montado al trote.
-Ya veo. Tenemos mucho trabajo que hacer. Deberás aprender a cabalgar; y, con la ayuda de mi hermano Yakarsis, aprenderás a luchar con espada y utilizar el arco, al mismo tiempo que montas.
-Y… ¿cuál es la labor de Imela? -Érdwill y los dos hermanos dirigieron sus miradas hacia la yózak.
-Es difícil de explicar. Sabes que los erdaags montamos caballos, y que los yozaks montan unicornios… Ya, que desciendes también de ellos, creo que podrás montar uno. ¿No es así, Imela?
La joven yózak fijó sus hermosos ojos lilas en los de Érdwill; y le dijo:
-Te contaré algo… Los unicornios que hay en este bosque, provienen, como nosotros, del continente de Yaiba. Aquí, no hay muchos, pero, sí más que cuando nuestra raza los trajo consigo, en barcos.
Como sabes, son mágicos. Todo aquél con capacidad para aprender magia, debería poder montarlos; pero, son tan especiales, que desde tiempos inmemoriales, únicamente se han dejado montar por nosotros, los yózaks… Quizás, porque siempre hemos vivido junto a ellos. Hoy, iremos a verlos. Pero, tu no lo elegirás a él… será él quien te elija a ti. Con el tiempo, comprenderás que la relación entre un unicornio y su jinete, es algo especial; algo mutuo.
Érdwill quedó algo desconcertado con las palabras de Imela…
-Perdona. Lo que voy a preguntarte te parecerá algo descarado por mi parte, pero… ¿por qué has venido tú, y no, alguien con más experiencia?
-Érdwill, seré yo quién te responda -intervino Ailyn- Imela, hasta ahora, ha mostrado una sensibilidad especial con los unicornios. Ellos siempre han tenido una confianza ciega en ella.
-Lo siento, Imela. Sólo pensé que alguien con más experiencia…
-No importa -lo cortó la muchacha-. No es culpa tuya.




Los cuatro se internaron en lo profundo del Gran Bosque de Yélmax. Imela encabezaba el grupo.
Una vez que cruzaron el río Ewoud, se detuvieron en una zona donde este río se unía al río Yélmax. Allí, se escondieron tras unos matorrales, y esperaron, sin hacer ruido, a que apareciera alguno de aquellos animales. Sus monturas; los caballos de Ailyn y Yakarsis, y el unicornio de Imela, se fueron a beber al río Ewoud. Pronto, acudieron dos más a beber junto a ellos.
-Acércate, muy despacio, hacia los unicornios… manteniendo siempre un contacto visual con ellos -le indicó Imela, en voz baja.
Érdwill se fue acercando, despacio. Los dos unicornios lo vieron, y siguieron bebiendo, como si nada, aunque, eran conscientes que se acercaba a ellos. Érdwill, por un momento, pensó que se iban a dejar tocar; pero, cuando se acercó demasiado, ambos se alejaron al trote.
-No importa. Sólo hay que esperar -le susurró Imela, tratando de tranquilizarlo.
No tardó mucho, cuando apareció un nuevo unicornio. Éste, sin embargo, no fue a beber al río, junto a las monturas del grupo; se quedó parado, mirando justo en la dirección en la que se encontraban todos.



-Ahora, es el momento, Érdwill -le indico Imela.
El muchacho salió del matorral y se colocó frente al unicornio. Éste lo miró, durante un instante, y él hizo lo mismo. Notó que el animal cojeaba de una de sus patas delanteras. Decidió probar suerte, acercándose despacio. De pronto, escuchó algo que le sorprendió… Sintió en su mente, su voz. Pero… ¿sería eso posible?
-Sé, a qué has venido -oyó.
Casi no lo creía. Pero, era cierto. Aquél animal le había transmitido telepáticamente su pensamiento.
-Oídme -dijo Érdwill, en voz baja-, el unicornio me ha hablado, a través de su mente.
-La unicornio, querrás decir -le aclaró Ailyn.
-¿Comprendes, ahora, porque te dije que la relación entre un unicornio y su jinete es especial? Y, esto es sólo el principio. Bueno, no desaproveches esta oportunidad. Creo que te ha elegido a ti. Contéstale -se apresuró a decirle Imela.
-He notado que estás herida -le transmitió.
-Sí. He pasado cerca de una zarza, y me he clavado una espina.
-¿Puedo acercarme a echarte un vistazo? -le preguntó, algo inseguro.
-Sí. Pero, ten cuidado. Me duele mucho.
Érdwill se acercó hasta la unicornio. Cuando tocó su piel, al instante, comprobó que algo en su interior, que hasta ahora había estado latente, se despertó de improviso. Era una energía diferente a cualquier otra. Era magia.
No perdió tiempo, y, con sumo cuidado, le sacó una gran espina, que el animal tenía clavada en el tobillo.
-Gracias muchacho. No sabes lo aliviada que me has dejado.
-No podía dejarte así. Además, ha sido una suerte. Precisamente, estaba buscando un unicornio.
-Si el destino ha querido que me hiriera para que nos encontráramos… me alegro de que haya sucedido así.
-Gracias. Por cierto, me llamo Érdwill… ¿y tú?
-Los unicornios no tenemos nombres, entre nosotros. Pero, nuestros jinetes, los yózaks, siempre nos dan uno para saber cómo llamarnos.
-¿Sabes que no soy un yózak?
-Sí. Pero, no importa. Gracias a mi magia, percibo que por tus venas corre su sangre. Aunque, también corre sangre érdaag. Debes de ser lo que vosotros, los bípedos, llamáis guézlaad.
-¿Qué nombre te gustaría?
-No debo elegirlo yo, sino tú. Siempre ha sido así.
-Ya sé cómo te llamaré… Única.
Ya, que soy el único guézlaad con sangre érdaag y yózak. Es lógico que te llame así… puesto, que me has elegido, y serás la única unicornio que tendrá como jinete a alguien tan raro como yo.
-Como desees, rarito -acabó bromeando, el animal.
-Oye. No te pases.
Única lo acompañó, junto a sus compañeros, los caballos, y el unicornio de Imela.
-Bien. Como veo que ya os conocéis. Pasarás al entrenamiento con Yakarsis -Insistió Ailyn, que se alegraba mucho por Érdwill, pues, la relación entre un jinete y su unicornio siempre era muy íntima.
Con la ayuda de Única, Yakarsis e Imela, Érdwill aprendió enseguida a cabalgar. A continuación, Yakarsis lo instruyó en la lucha con la espada y la utilización del arco, mientras montaba.
Tras el entrenamiento, todos volvieron a Dawk.

Érdwill estaba muy contento. En aquél día había aprendido un poco sobre los yozaks y los unicornios… había aprendido a luchar, al mismo tiempo, que montaba… y, sobretodo, había encontrado una nueva compañera, Única, su unicornio.
Desde ahora en adelante, pensaba dedicarle todo el tiempo libre del que dispusiera.




Al día siguiente, Ailyn no se lo llevó a ningún lugar especial. Ese día ambos se quedaron en Dawk. A Érdwill le tocaba clase teórica.
Él se preguntó que más debería saber. Ya tenía mucha experiencia en la lucha. Pero, también pensó, que durante los días que llevaba de entrenamiento, había aprendido que aún le faltaba mucho por aprender. De modo, que esperó a que Ailyn comenzara la clase.
Ésta le habló primero de los puntos vitales. Érdwill sabía un poco del tema porque lo aprendió en la isla de Tracksia, una de las tres escuelas de gladiadores. Pero, Ailyn profundizó mucho más; porque le habló de los puntos vitales de la mayoría de las razas de Rhamnia.
Luego, le dijo que debía conocer los puntos débiles y los puntos fuertes, de la técnica de lucha de sus oponentes, y los suyos propios, para saber tanto las limitaciones de sus oponentes como las suyas propias; y, poder aprovechar los puntos fuertes del contrario, en beneficio propio.
Así, que le dijo cuáles eran tanto sus puntos débiles como sus puntos fuertes, y, como debía entrenarlos, para diezmarlos o mejorarlos, según fueran. A continuación, le explicó los puntos fuertes y los débiles, como antes, de la mayoría de las razas.
También, le contó cosas sobre algunos animales, criaturas, monstruos y seres, por si alguna vez tenía que enfrentarse a alguno.
Por último, le habló de la estrategia en la batalla, donde varios ejércitos tenían que enfrentarse. Y, acabó la clase dándole un consejo.
-No olvides Érdwill, que tanto en la lucha individual como en la batalla, lo más importante es conocerte a ti mismo y a tu adversario, mantener una buena concentración; y la ayuda de tus compañeros.


Al acabar el día, Érdwill también terminaba su primera semana de entrenamiento junto a Ailyn. Cada día de entrenamiento había sido distinto; había entrenado sus reflejos, su agilidad, aumentado su fuerza, había entrenado su concentración, el tiro con arco, la lucha mientras montaba, y hasta, había recibido una clase teórica. Éste era el entrenamiento érdaag, que recién había iniciado, y, que seguiría entrenando hasta perfeccionarse en cada una de sus facetas. Pero, tenía mucho tiempo, por delante, para hacerlo.

7 comentarios:

  1. Conforme Érdwill siga entrenándose así se convertirá en guerrero más poderoso que Goku. XD

    Me parecía que Ailyn y Yakarsis eran hermanos, pero fue gracioso ver a Érdwill quedar como un estúpido. Je, je, je.

    Esto promete y mucho. Saludos.

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    1. Jajaja También eres de los que hemos visto Goku, bueno así lo llamábamos todos aunque la serie en realidad tenía otro nombre. Sí, Erdwill se está preparando muy bien pero contra el todopoderoso Eomerd puede que sea insuficiente.
      Jajaja Sí, la verdad es que resulta divertido ver lo ridículo que queda nuestro héroe en esa situación.
      Gracias. Me alegro que te guste. Saludos.

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  2. ¡Hola de nuevo!
    Sé que no leo tan a menudo cómo me gustaría, pero poco a poco ¡llegaré hasta el último capítulo que has colgado! (He conseguido lidiar con mi curiosidad jejeje )
    Un buen capítulo. Veo que Erdwill se ha entrenado de lo lindo...
    Me ha hecho gracia que fuera la chica la que le enseñaría ^^ Y saber cómo conoció a Única.
    ¡Un saludo! y pronto espero volver ;)

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    1. Hola. Como dice los maestros, despacito y buena letra. Seguro que sí. Me alegro que pudieses combatir la tentación. No fumo, pero esto es como el que tiene mono de fumar y no lo puede probar, o el que tiene colecterol y no puede comer lo que más le gusta.
      Gracias.
      Sí, Erdwill se está entrenando de lo lindo, aunque aún no ha acabado.
      Se llevó un sorpresa cuando descubrió que era Ailyn. Jeje.
      No había caído que conociste a Única de forma diferente. Ves, eso pasa por haber leído contranatura.
      Saludos. Espero que la historia te siga gustando como ahora, o aún más.

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    2. Es verdad... quién me manda empezar por el final... jejeje
      Me voy al 9!!

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  3. La historia engancha jejeje. Como dice Carmen de Loma, voy leyendo despacio pero con intención de llegar al final.
    Saludos Jose. Grande Erdwill.

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    1. Hola Miguel.
      Gracias. Verás que cuanto más avances, la historia te enganchará más.
      Saludos. Sí, grande Érdwill. He de decir que Valesia también. Te devuelvo el cumplido. Jeje.

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