viernes, 18 de julio de 2014

Capítulo 9 de Las Crónicas de Érdwill 1






LOS FRÍGIDOS


      Yarina, como de costumbre, salió con su trineo tirado por perros de las nieves.
Caían unos diminutos copos de nieve, que tardaban una eternidad en alcanzar el suelo. En el Bosque de Frígid y sus alrededores, cada día, desde que los frígidos recordaban, había sucedido así.
Los perros eran bellísimos. Tenían un aire entre husky siberiano y lobo de las nieves.
La mayoría eran totalmente blancos, pero había algunos con motas grises o de color marfil. Eran muy nobles y extremadamente resistentes.
Los seis perros tiraban del trineo con fuerza, de modo que en poco tiempo Yarina consiguió cruzar el Bosque de Frígid.
El trineo había dejado dos surcos en la nieve que cubría el suelo del bosque. Éstos le servirían para volver, si se daba prisa; pues a la nieve no le daría tiempo a cubrirlos.
Se dirigía hacia la Cordillera de Frígid, al sur del bosque. Allí, se encontraban su padre Corvan y su tío Xhéenak, que habían ido a visitar a Freeza y Eodón; una pareja de dragones blancos que vivían en una gran caverna de hielo, en una de las montañas nevadas de los Picos de Frígid.



Justo cuando Yarina alcanzó la falda de la montaña, pudo ver en el cielo a los dos dragones sobrevolando las montañas. Su padre y su tío montaban en ellos.
La muchacha agitó su mano para saludarlos. Enseguida la vieron, pero antes de volver a tierra, dieron un par de vueltas más por la zona.
Aunque los perros estaban acostumbrados a ver los dragones, seguían inspirándoles miedo. De modo, que éstos aterrizaron algo alejados del trineo de la muchacha.
No obstante, Yarina enseguida llegó al lugar donde lo habían hecho.
-Hola papá. Hola tito.
-Hola -contestaron su padre y Xhéenak, mientras bajaban de las sillas que los dragones llevaban puestas. (Freeza y Eodón emitieron un leve gruñido).
-Perdonad, ¿cómo estáis? –preguntó la chica, dirigiéndose a la pareja de bestias.
-Bien. Siempre nos alegra que vengáis a visitarnos. Tu padre y tu tío lo hacen todos los días, pero tú, desde hace un tiempo, no te acercas mucho por aquí -Le contestó la dragona.
-No seas tan dura con la muchacha, o vendrá menos aún -le comentó Eodón a su compañera.
-Veréis… es que aún estoy un poco enfadada con vosotros, por lo de mis perros.
-Sólo los asustamos un poco. Nunca les haríamos nada. Tenemos muchos animales para comer en Yaiba -le hizo saber Eodón.
Freeza decidió compensarla dejándola en su silla para darle una vuelta. No era la primera vez que la niña subía sobre ella; sin embargo, esta vez disfrutó mucho más porque estuvo volando durante más tiempo que en anteriores ocasiones.
Cuando aterrizaron, la dragona le preguntó:
-Espero que con esto, olvides cualquier rencilla con nosotros.
-Está bien. Pero sólo, si me prometéis que volveré a montar sobre vosotros.
-De acuerdo. Tú ganas -contestó Eodón.
-Bueno, se hace tarde. Será mejor que regresemos al Bosque de Frígid -dijo su tio.
-Vuelve dónde tus perros y espéranos. Enseguida estaremos allí, con nuestros trineos -le dijo su padre.



Una vez que los tres se reunieron, Xhéenak propuso una carrera de trineos hasta la aldea.
-¿Preparados? -preguntó.
-Sí -respondieron padre e hija.
-Bien. ¡Adelante!
Los tres trineos tirados por los perros, al deslizarse hacia abajo por la ladera de la montaña, enseguida alcanzaron una gran velocidad. Pronto alcanzaron el bosque. No obstante, tuvieron que esquivar los árboles que se encontraban a su paso.
Por fin, lograron ver la aldea… así que los tres trineos, que iban casi igualados, intentaron coger una mejor posición. Al final, llegaron a la aldea con mucha velocidad, por lo que tuvieron que frenar de golpe.
El primero fue Xhéenak, seguido de Yarina, y por último, de Corvan.



Un muchacho acompañado de un tigre blanco gigante, los vio llegar y se acercó.
-Hermanita… Otra vez segunda, como de costumbre.
-No te ensañes con ella, Ziélveld. Ya sabemos que a ti, se te dan mejor las carreras de trineo. Sin embargo, tu hermana posee unas cualidades innatas para la magia, que más de uno en la aldea querría para sí. Con todo, deberá esperar a la fiesta de mañana, para ver si el anciano archimago la elige como su aprendiz.
-Tienes razón papá. Espero que este año, la elija a ella. Yo, por mi parte, pienso ganar la carrera de trineos.
-Eso… si yo te dejo -le dijo Xhéenak, dándole una palmada en el hombro.
-Tío… siento decirte, que este año ganará Yúnak o yo.
-La nueva generación viene pisando fuerte -le comentó Xhéenak a su hermano Corvan, con una sonrisa de complicidad.

El tigre de Ziélveld se llamaba Thor. Medía metro y medio de altura por tres de largura, y poseía dos grandes colmillos en la mandíbula superior, como el tigre dientes de sable de la prehistoria. No existían muchos tigres blancos gigantes; pero los pocos que había eran utilizados por los frígidos como montura y para el combate.
Ahora, sólo acompañaba a su jinete, de modo que no necesitaba llevar la silla puesta.

Ziélveld tenía diecisiete años; cinco más que su hermana, pero se parecía mucho a ella. Algo normal, porque los frígidos se parecían bastante entre ellos. No eran humanos, sin embargo, físicamente sólo se diferenciaban de éstos en su pelo. Nacían con el cabello, las cejas y las pestañas totalmente blancas, y así seguían durante toda la vida. Tenían el pelo liso, y la mayoría se lo dejaban largo.
Aunque eran pocos los que lo mantenían corto, aún era menos habitual ver alguno con el pelo algo ondeado. Carecían de bello en casi todo su cuerpo, excepto en la cara, donde al sexo masculino le aparecía barba blanca a la edad de dieciocho años. Luego, como los humanos, se la afeitaban si lo deseaban.
A diferencia de los humanos, que podían ser también de raza negra, los frígidos eran todos de raza blanca; y todos ellos tenían los ojos de color azul marino.
En cuanto a su altura, cuando llegaban a la edad adulta, solían medir entre un metro con setenta y un metro con ochenta.
Vestían siempre de color blanco, y cubrían sus ropas con las pieles de los animales que cazaban en el bosque o en las montañas, para protegerse del frío. A pesar de ello, eran grandes amantes de la naturaleza, y entre sus poderes mágicos destacaba uno principalmente. Si lo deseaban, podían congelar cualquier cosa que tocaran con sus manos.
Eran muy sabios, y además de dominar la magia, eran excelentes guerreros. Eran los líderes de La Resistencia; compuesta también por los gigantes, los rágs y las námides.
Actualmente, los frígidos no se encontraban en guerra. No obstante, los rágs habían iniciado una revuelta con los damneds; así que si los rágs les pedían ayuda, no podían negársela.




El frígido y sus dos hijos se despidieron de Xhéenak y regresaron hacia su casa, donde les esperaba Yasmila, esposa de Corvan y madre de Yarina y Ziélveld. Como cualquier frígido, vivían en una casa hecha de madera con un enorme tejado que caía a dos lados, y, que llegaba hasta el suelo. La entrada estaba situada en uno de los lados de la casa donde no caía el tejado.

-Hola mamá -saludó la niña, en cuanto llegó a casa.
-Hola Yarina. Venga, todos a la mesa, que la comida está preparada.
Mientras cenaban, cada uno contaba lo que le había ocurrido aquél día. Pero sobretodo, hablaban de la fiesta anual que se celebraba mañana.

La noche pasó deprisa para los que pudieron dormir. En cambio, para otros que no pudieron pegar ojo, se hizo eterna.

Tomaron un gran desayuno, y en seguida, se fueron a la fiesta. Lo primero que se celebraría era la carrera de trineos en la que participaba Ziélveld.
El muchacho fue a buscar a sus perros… cuando llegó hasta ellos, les dio a todos unos terrones de azúcar y algo de beber. Luego, tras acariciarlos, los sujetó a su trineo y se dirigió hacia el lugar donde daría comienzo la carrera.
Una vez llegó, los nervios comenzaron a apoderarse de él. Había un gran número de trineos participando, y, todos parecían dispuestos a ganar. Pero lo peor era, que Ziélveld los conocía a todos… y, raro era que alguno de ellos no hubiera ganado en anteriores ocasiones.
Entre el público vio a toda su familia.
-Ánimo hijo. Tienes los mejores perros. No te preocupes, lo harás muy bien –el chico agradeció las palabras de su madre, mientras vio como Yunak lo miraba desafiante.




El viejo Roug, que decidió retirarse tras la carrera del año pasado, sería quien daría el comienzo de ésta. Y, así fue. La carrera se inició y los diez trineos salieron lanzados para coger las mejores posiciones.
Enseguida venía la primera curva, donde los trineos no tuvieron más remedio que frenar. Con todo, hubo uno que derrapó, y el frígido que lo dirigía cayó al suelo. Dos trineos que venían detrás, tuvieron que esquivarlo.
No obstante, el frígido que había caído, volvió a subirse a su trineo y se unió nuevamente a la carrera.
La gente que había presenciado la salida, rápidamente se dispersaron, pues la fiesta daba comienzo, y la carrera duraría hasta mediodía.



Había de todo: música, baile, mucha comida y bebida, diversos juegos, y, hasta trucos de magia.
Yarina, tras ver a su padre participar y ganar con un grupo, en el juego de la cuerda, donde dos grupos tenían que tirar cada uno del extremo de una cuerda hasta que uno de los dos grupos cayera derrotado; y ver a su madre participar en el concurso de tartas, donde quedó tercera, se fue a ver los trucos de magia.



Ziélveld marchaba en cuarta posición en la carrera de trineos…
La primera parte de la carrera había discurrido por la parte este del Bosque de Frígid; pero ahora giraría en dirección a los Picos de Frígid.
Xhéenak iba en primera posición, seguido de Yúnak. En tercera posición marchaba Uméter, el principal rival de Xhéenak en años anteriores, en los cuales, entre ambos, se habían repartido los triunfos.
Los perros menos entrenados comenzaban a mostrar síntomas de cansancio… debido a eso, los tres últimos trineos marchaban ya muy descolgados. El resto, el quinto, el sexto, y la séptima, marchaban todos seguidos, persiguiendo a los cuatro primeros.
Pronto, el terreno comenzó a empinarse… Ahora, importaba mucho más la resistencia y la fuerza, que la rapidez. De modo, que las posiciones en carrera seguro que cambiarían, tras recorrer parte de los Picos de Frígid.



Yarina llegó algo tarde al lugar donde se estaban mostrando los trucos de magia. Se molestó consigo misma, por haberse perdido ya los de dos magos respetables.
Allí, se encontraban la mayoría de los mejores magos de la aldea, y también, las jóvenes promesas como ella.
Alguno de ellos, se presentaría más tarde, junto a ella, a la prueba del anciano archimago de túnica plateada. Sólo uno de ellos sería aceptado como aprendiz.
El anciano no siempre elegía al que más dominio tenía sobre la magia; a veces, se decantaba por el que más aptitudes tenía para desarrollarla, y por tanto, mayor proyección a largo plazo.
Ziélveld había logrado avanzar una posición en la carrera gracias a que el terreno y el clima eran mucho más duro en los Picos de Frígid. Allí hacía mucho frío y los perros avanzaban con trabajo por las montañas.
Pero el esfuerzo se hacía mucho más notable en los perros más viejos, como los de Uméter y Xhéenak. Fue por ello, por lo que Ziélveld logró adelantar a Uméter… y Yúnak ya estaba muy cerca de alcanzar a Xhéenak, que aún marchaba primero.



Una vez finalizaron los trucos de magia, Yarina se fue con sus amigas para disfrutar de la música y el baile. Aún faltaba media mañana para que la carrera terminase, así que mientras, aprovecharía para divertirse un rato.



Los trineos habían conseguido atravesar los Picos de Frigid; ahora se adentrarían de nuevo en el bosque, por la parte oeste.
Yúnak había superado a Xhéenak, luego marchaba en primera posición. El resto de trineos seguían en las mismas posiciones. Quedaba muy poco para acabar la carrera, así que las cosas no cambiarían mucho hasta el final.
Yarina y sus padres se reunieron como muchos otros en torno a la llegada de la carrera de trineos. Les habían dicho que los primeros ya se encontraban muy cerca. Y, no se equivocaban.
La muchacha vio aparecer por la última curva antes de la meta al trineo de Yúnak. Instantes después, aparecieron casi al mismo tiempo, Xhéenak y Ziélveld.
Yarina, como el resto de frígidos, gritaban dando ánimos a los tres primeros.
Xhéenak y Ziélveld luchaban por alcanzar a Yúnak, pero era una tarea imposible. Éste ya estaba muy cerca de la llegada.
En el último momento, Ziélveld adelantó a Xhéenak, y, casi logró alcanzar a Yúnak, pero éste pronto alcanzó la línea de llegada. Le siguieron Ziélved y Xhéenak. Y, poco después, llegó Uméter. Más tarde, a intervalos, el resto de trineos.



La familia lo felicitó por su segundo puesto. El año pasado, en su estreno, quedó quinto. Desde entonces, había cuidado y entrenado a sus perros con esmero, y ahora, recogía el fruto de tanto trabajo.
El ganador, Yúnak, era aclamado por todos. Nunca antes, un frígido tan joven había ganado la carrera de trineos. El premio para él era un trineo nuevo mucho mejor que cualquier otro; sólo comparable a los que tenían aquellos que habían ganado una carrera antes… aunque los de éstos, ya no eran nuevos.
Para el segundo, Ziélveld, el premió era un cachorro, hijo de la mejor pareja de perros que había en la aldea, propiedad de Xhéenak.



Tras la carrera, venía la prueba del anciano archimago. Además de Yarina, que estaba muy nerviosa, se presentaron otros dos frígidos.
La prueba consistía en congelar rocas. Vencía quien llegara a congelar totalmente la roca más grande.
Comenzaron con tres  del tamaño de un frígido.
Aunque con dificultad, los tres consiguieron congelarlas. Luego, probaron con rocas aún mayores.
Uno de los chicos, sólo llegó a congelar parte de ella; el otro llegó a congelarla totalmente, pero quedó agotado. Ahora, le llegaba el turno a Yarina.
La chica colocó sus manos sobre la roca y se concentró. Ésta comenzó a congelarse… de repente, a Yarina le vino un leve mareo y la roca no se congeló del todo. Yarina intentó concentrarse cuanto pudo. Cerró los ojos, y puso todo su empeño en seguir congelando la roca.
Alcanzó tal estado de concentración, que no se percató que había separado las manos de la roca. Sin embargo, a medida que ésta iba en aumento, con las manos proyectó su magia hacia la roca, y consiguió que ésta siguiera congelándose.
Todos los que habían observado la prueba se quedaron atónitos. Nadie antes, había logrado tal cosa; ni siquiera, el anciano archimago.
No obstante, Yarina sí lo había logrado antes en alguna ocasión, pero no se acordaba de ello, porque lo hacía inconscientemente; y, porque siempre se había desmayado, tras lograrlo. Esta vez sucedió igual. Yarina se quedó sin energía, y la roca no llegó a congelarse totalmente. La muchacha cayó y perdió el conocimiento durante algunos minutos.
El anciano archimago esperó a que la niña recuperara la conciencia, para dar su veredicto.

Una vez estuvo realmente recuperada, se preguntó porque la gente la miraba de aquella manera. El otro chico había conseguido congelar la roca entera, y ella no. Con todo, la atención estaba puesta en ella, y en el archimago.
Éste se colocó frente a los tres jóvenes:
-Los tres habéis demostrado tener unas cualidades muy buenas para la magia. La prueba era para ver quien la dominaba mejor.
Debería proclamar como mi discípulo, durante el próximo año, a aquél que logró congelar la roca más grande. Sin embargo, aunque Yarina no ha demostrado dominar la magia como su compañero, ha conseguido algo que ningún frígido había conseguido antes. Por ello… porque ha demostrado tener unas cualidades innatas para la magia… la tomaré como mi aprendiz durante el próximo año, durante el cual aprenderá a dominar la magia con mayor eficiencia.
Tras decir esto, el anciano archimago bendijo con un beso en la frente a Yarina. Luego, todos la felicitaron, incluidos, sus compañeros en la prueba.

A partir de ahora, la vida cambiaría para ella. Porque aprendería magia de manos de un archimago de túnica plateada, que había estudiado magia en la Torre de Yaiba.

7 comentarios:

  1. hola!!! me ha parecido un cap fantastico, ya espero el proximo!! Animo!!

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    1. Hola. Gracias. Te dije que la historia después del capítulo 7 era mucho más interesante. Ahora a esperar el nuevo capítulo, jaja. Saludos.

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  2. Como siempre, te felicito por el mundo que has creado.

    Me fascina este pueblo de la nieve, los Frígidos, la verdad. La nieve, el frío, las carreras de trineos y sus animales, que son increíbles y que deben ser preciosos... (¡Un tigre de esas dimensiones debe ser fascinante!). Y encima ¡también montan dragones!

    Veremos qué tal se le da el entrenamiento a la joven maga Yarina y si Zielveld consigue criar como dios manda al cachorrito (me encantaría apretujarlo entre mis brazos) y en la siguiente carrera consigue quedar primero.

    Nos leemos en el próximo capítulo ^^
    ¡Un abrazo!

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    1. Hola de nuevo Carmen.
      Gracias. No recuerdo si me has comentado alguna vez si has visto el mapa, o no.
      Comentarios como éste me hacen sentirme orgulloso y feliz de lo que he creado, porque noto que te gusta tanto como a mi. Y tengo que decir que eso es mucho. Con este comentario sobre los Frigidez, su modo de vida y sus animales, me has tocado la fibra sensible, y el corazón era un cúmulo se sensaciones y emociones, casi se me escapan unas lágrimitas... me has llegado hondo, aunque no fuese tu intención.
      Un abrazo.

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    2. Vaya, me alegro de que te haya hecho tanta ilusión mi comentario :) Porque debes sentirte orgulloso, eres todo un escritor ;)

      Me voy al dieeeez!! ^^

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  3. Muy guapos los dragones, y sobre todo el tigre.
    Saludos Jose!

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    1. Hola Miguel.
      Gracias por seguir la historia aunque sea poquito a poco.
      Ambos están muy chulos, sobretodo los tigres gigantes blancos. El escenario donde siempre nieva muy flojito, y la raza de los Frigidos también me gustan mucho. Ah y no me olvido de los perros de los trineos.
      Saludos.

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