viernes, 11 de julio de 2014

Capítulo 8 de Dragonstones 1




BÚRDS


Era cerca de mediodía, cuando el grupo llegó a la ciudad de Búrds. Ésta se dedicaba al comercio, sobretodo con los navegantes, y a la pesca.

Entraron en ella. Los dos ángeles, para no llamar la atención, escondieron sus alas entre sus capas. Sin embargo, no pasaron del todo inadvertidos. El grupo era muy diverso, y las gentes del pueblo los observaban preguntándose que intenciones traían.
Buscaban un barco que les llevara a la isla de Loft, donde vivían los altos elfos; los más  altivos y orgullosos de su raza, y reacios a relacionarse con los demás.
En el trayecto desde Half hasta Búrds, los chicos habían estado pensando en las consecuencias de un viaje cómo aquél. Ninguno de ellos había viajado antes en barco. Seguramente, se marearían, y más aún, en este mundo, dónde los movimientos provocados por las olas, se notaban mucho más.
Además de los mareos, estaban los peligros que seguramente habría. Se preguntaban, que clase de criaturas había en los mares de un mundo como éste; y no quedaban muy satisfechos con las conclusiones a las que llegaban. Isilion trató de calmarlos, pero no sirvió de nada, pues Justin intentaba justo lo contrario.
El joven ladrón les contaba historias de algunos de los viajes en alta mar, que él había hecho. Procuraba siempre, exagerar la situación, para hacerse el valiente y cachondearse del miedo de los chicos.

Decidieron ir primero, a una posada donde llenar el estómago, y dónde seguramente, encontrarían información sobre algun barco que se hallara en el puerto, en estos días.
Tras buscar por sus cercanías, entraron en la primera que encontraron.

Nada más dentro, Justin no pudo evitar fijarse en la hija del posadero; una joven y bella muchacha que servía la comida y la bebida a las mesas.
El ladrón siempre había sido un salido. Le gustaban todas las chicas de buen ver; y siempre que deseaba a una desconocida, intentaba llevársela a la cama.

Como el grupo era grande, tuvieron que juntar dos mesas para que todos pudieran sentarse a comer. Pidieron su comida, pero a Tristan, el alto y fuerte bárbaro, tuvieron que traerle ración doble de todo, pues comía por dos, y nunca parecía lleno.

El grandullón, como Gúnnar, venía de la zona de Nordia. Tenía una larga melena lisa, de color castaño, algo descuidada, y unos bonitos ojos claros.
Su cuerpo imponía, medía un metro con noventa y estaba en toda su plenitud, pues tenía veintisiete años y una forma envidiable; ya que su cuerpo era pura musculatura, aunque muy bien distribuida. Tenía la piel curtida por los soles y el aire, debido a que casi siempre llevaba los brazos, las piernas, y el pecho al descubierto. Su ropa era toda de cuero marrón claro, excepto lo que cubría las botas, y la capa que eran de piel de algún animal.
Ésta le venía muy bien en Barbaria, porque había mucha nieve. Allí, solía llevar más, pero en zonas menos frías como en la que se encontraba, le bastaba con lo de ahora.
Sus armas eran un enorme espadón y un escudo.


Mientras comían, pudieron observar que en un rincón de la posada había un grupo que estaba hablando de un barco, que parecía ser donde trabajaban.
Silvan decidió acercarse y preguntarle sobre el tema, pero éstos no quisieron contarle nada, sin algo a cambio.
El general les ofreció algo de dinero, pero ellos descubrieron que iba acompañado de un mago, y prefirieron no aceptarlo.
 -Sólo os daremos información… si el anciano mago nos muestra algunos trucos de magia, para entretenernos -apuntó el líder del grupo.
 -Esperad un momento, veré lo que puedo hacer –les dijo.
De modo que volvió a la mesa de sus compañeros, e intentó convencerlo.
 -Eléndil, necesito que muestres algunos trucos a aquél grupo para conseguir la información sobre el barco que necesitamos.
 -¡¿Estás preparada para mostrarles algo del ilusionismo que has aprendido?! -le preguntó éste a su discípula.
La joven, entusiasmada, le respondió:
 -¡Claro, estoy deseando hacerlo! No tengo muchas ocasiones para mostrar lo que he aprendido.
Entonces, ambos se acercaron hasta la mesa del rincón. El viejo mago, a continuación, les dijo:
 -¡Muchachos! si queréis diversión, os la ofreceremos.
Seguidamente, hizo que las jarras de cerveza que éstos estaban bebiendo, se elevaran en el aire. Éstas comenzaron a danzar en círculo, justo encima de la mesa. Los marineros a los que ofrecía el espectáculo, y la demás gente de la posada “El rincón del navegante” se quedaron ensimismados observando.  No obstante, la actuación sólo había principiado.
Eléndil hizo que la cerveza que había en las jarras, se convirtiera en oro en polvo.
Para que los marineros lo apreciaran, con el movimiento de uno de sus dedos, hizo que una de las que danzaban en el aire, vertiera su contenido sobre el cabello de uno de ellos.
La gente se quedó perpleja; y el marinero exclamó:
 -¡Mirad chicos, es oro!
Otro se levantó para coger una, pero el mago, al verlo, al instante, convirtió el oro en fuego. El hombre al cogerla gritó, y ésta se le cayó. Entonces, intervino Lana… antes  que llegara a tocar el suelo, convirtió el fuego  en cerveza congelada. Y ahora, el oro en polvo que cayó sobre uno de ellos, era escarcha de cerveza.
Inmediatamente, convirtió las tres jarras que quedaban en el aire, en gaviotas. Como éstas volaban en círculo, hizo que una se posase en la calva de uno de los tres hombres que aún no les había ocurrido nada. El pájaro empezó a picotearle la cabeza, y uno de los otros dos, le dijo, en tono burlón:
 -¡Parece que le gusta tu calva, debe saber a pescado podrido! ¡Jaaaaaaa!
Y el marinero, le respondió:
 -¡Cállate! ¡Esta maldita gaviota no va a volver a molestarme más!
A continuación, quiso atraparla, para retorcerle el gaznate, pero ésta se elevó, y se cagó sobre su cabeza. Entonces, toda la gente de la posada, excepto Eléndil, Lana, Silvan y el propio marinero, rompieron en carcajadas. Éstas llegaron a oírse incluso desde fuera de la posada.
La muchacha pensó que era hora de terminar el espectáculo. Así, que convirtió de nuevo las tres gaviotas en jarras de cerveza líquida, y las posó sobre la mesa. La bebida en forma de escarcha se transformó también; así que tenía el pelo, la ropa y las manos llenas de ella.
La jarra de cerveza helada que cayó al suelo, también cambio de estado, por lo que se llenó parte de él.

Eléndil entonces preguntó a los marineros:
 -¿Merece este espectáculo vuestra información?
Uno de los dos a los que no les había pasado nada, contestó:
 -¡Ya lo creo!  ¿Verdad Alan?

El chico al que había mencionado era al que Eléndil había vaciado la jarra de oro en polvo, sobre su pelo pelirrojo, después, Lana lo transformó  en escarcha, y por último, convirtió nuevamente ésta en cerveza líquida.
El joven era un marinero torpe, un poco desastre, y del que los demás  acostumbraban a reírse porque tenía un punto de tonto muy gracioso. Pero también  un gran corazón.
Estaba harto de la vida que llevaba, sobretodo porque en realidad nunca le había gustado. Pero no tenía a nadie en la vida, y no sabía hacer otra cosa, ya que se crió prácticamente en el puerto. Allí, fue donde su madre lo tuvo, y donde murió en el parto.
Su padre había sido asesinado poco antes, por un ajuste de cuentas. La causa era que no había devuelto una gran cantidad de dinero, que anteriormente le habían prestado.
Una capitana de barco lo encontró  en el puerto y lo crió. Así, que siempre había vivido en uno, algo de lo que estaba ya cansado; quería vivir aventuras, conocer sitios… pero de forma diferente a como siempre lo había hecho.

Silvan se disculpó con el posadero, por haberle manchado el suelo de cerveza. Sin embargo, éste le contestó:
 -No pasa nada, el espectáculo que habéis dado, bien lo merece. Este lugar se recordará por este día, y vendrá más gente.

Los marineros después lo llamaron y le contaron que ellos trabajaban en un barco, “El Tritón”; que se encontraban en el puerto recogiendo provisiones y cargando cosas que podrían pagar muy bien los comerciantes de otros puertos.
El general les dijo que necesitaban uno que los llevara a la isla de Loft.
Éstos quedaron en acompañarlo a él y a su grupo, a primera hora del día siguiente, a ver a la capitana del barco; y que ella decidiese.
Luego, se despidieron de todos y salieron de la posada.


Silvan que había vuelto con los demás, les dijo: -Me marcho a la habitación a descansar. Si mañana conseguimos embarcar, nos espera un día ajetreado. Hemos quedado muy temprano, así que no tardéis mucho en subir a dormir.
Una vez que se subió a la habitación, Justin aprovechó para flirtear con la muchacha que trabajaba en la posada. Con su labia, y gracias a lo impresionada que ésta había quedado con sus compañeros, consiguió que le dejase las llaves de la habitación donde dormía. Ella le dijo que la esperase hasta que subiera, una vez acabara de limpiar la posada. Quería que le llenase la cabeza con sus aventuras; a cambio, dejaría que le hiciese pasar una noche de pasión, como le había contado que le hacía pasar a todas las amantes, que dejaba a su paso por los pueblos.



A la mañana siguiente, todos se reunieron de nuevo en la posada. Y Silvan consiguió convencer a la capitana del Tritón, para que los llevase a la isla de Loft.

miércoles, 9 de julio de 2014

Lectura. El Ciclo de La Puerta de la Muerte 4. El Mago de la Serpiente










Título original: Serpent mage (volume 4 the death gate cycle).
Autores: Margaret Weis y Tracy Hickman.
Traductor/a: Hernán Sabaté y Silvia Muñoz.
Editorial: Timun Mas.
Precio: Sobre 12 euros.
Número de páginas: 454.
Número de mapas: 5.
Publicación original: 1992.







Argumento


Haplo, el patryn, cruza una vez más la Puerta de la Muerte para continuar la exploración de los mundos en que los sartán, hace milenios, dividieron el universo original. Enviado para preparar la venida del Señor del Nexo, Haplo viaja en esta ocasión a Chelestra, el mundo del agua. Éste es un lugar donde humanos, elfos y enanos han aprendido a vivir en paz y han colaborado en la construcción de naves que los lleven a lugar seguro cuando el sol se aleje demasiado de la luna-isla donde habitan. Pero la aparición de unas gigantescas serpientes-dragones amenaza no sólo su paz sino su propia supervivencia.


Con este cuarto volúmen se cierra la primera parte de El ciclo de la Puerta de la Muerte, obra pletórica de imaginación absolutamente cautivadora.









Opinión


Como muy bien dice el argumento este cuarto libro cierra la primera parte de la saga. Esta primera parte ha servido para darnos a conocer los cuatro mundos, y la situación en la que se encuentra cada uno, y para conocer también a cada una de las razas, los personajes, y las historias que hay entre ellos.

Este libro, no me parece tan sorprendente como el tercero. Esta a un nivel similar a los dos primeros. 

El patryn Haplo se encuentra un mundo donde los humanos, elfos y enanos viven en paz. Cada una de las razas vive en una luna-isla del planeta, pero estas se van alejando cada vez más del sol que se encuentra en el centro del mismo, debido a ello y a unas serpientes gigantezcas con grandes poderes que los atacan en sus lunas-islas, tienen que crear unas naves acuáticas que los lleven a un lugar donde viven sartans a salvo en ese mismo planeta. En ese lugar el sartán Alfred despierta y se encuentra que los sartan que allí habitan son los mismos que crearon los cuatro mundos, los que forman el consejo. 
Mientras Haplo ayuda a las razas menores, Alfred comienza a cuestionarse muchas cosas sobre los suyos. Conforme la historia avanza a Haplo le sucede algo similar.

En fin, que avanza la historia entre los sartán y los patryn, y conocemos un poco más sobre el pasado de ambas.




Si tuviera que darle una nota al cuarto libro, le pondría 

Como nota le pongo un 7.

Bueno, ahora a comenzad a leer lo realmente interesante de esta saga, la trilogía final. Porque estos cuatro libros que ya he leído, era solo para llevarnos, y prepararnos, como meros aperitivos se tratasen, al plato fuerte, los tres últimos libros.

viernes, 4 de julio de 2014

Capítulo 7 de Dragonstones 1




LOS HALFLINGS


    Habían pasado unas horas desde que dejaron la gruta. El paso entre las montañas medianas y el bosque de half había sido un sendero tranquilo.
Gúnnar, el enano, estaba cansado de montar en el pony. Esto se debía a que éstos no estaban acostumbrados a ello. Pero eso no era lo que más lo disgustaba; sino el montar un poni.  Para él, eso era un menosprecio hacia su persona.


Gúnnar Ódegaard era un enano nórdico. Provenía de la zona de Nordia, al noroeste de Bábylon.
Como todos los de su raza, era testarudo y orgulloso… y lucía una gran barba pelirroja, con algunas trenzas, al igual que en su pelo; que era del mismo color... medía metro y medio; tenía los ojos marrones, y tenía ciento setenta años. Con que aún era joven.
Sólo utilizaba un hacha para defenderse. No obstante, para él era muy preciada, por ello casi nunca se separaba de ella.

Aún más que cansado, estaba hambriento.
Silvan, le dijo:
 -No te preocupes, en el momento que lleguemos a Half, tus problemas se solucionarán.

Los halflings solían acoger muy bien a sus amigos. Y el general longoriano era uno de los mejores que conocían.
Durante los años que llevaba al frente del ejército, había pasado por el pueblo de los halflings, en más de una ocasión. Por eso, para ellos era un gran amigo.


Sólo vivían pensando en sus cultivos, sus rebaños, y en una buena comida con la que llenar sus estómagos.
Vivían en su mundo, aislados de todo lo demás. Eran pacíficos, pero si atacaban a su pueblo o sus gentes, se defendían como el primero, a pesar de su pequeña estatura, que iba desde el metro, al metro con veinte centímetros.
Eran regordetes y con barriga; y aunque no solían tener vello en la cara, algunos llevaban patillas. En cambio, tenían los pies y las manos velludas y muy grandes. No obstante, solían llevar los pies, casi siempre, al descubierto.
Había otro pueblo de medianos que tenía casi las mismas similitudes que ellos... Estos los hobbits. Éstos vivían cerca de ellos, aunque un poco más al norte. Los otros medianos eran los kenders. Todos ellos solían acudir, unos a las fiestas de los otros.


Avanzaba ya la tarde cuando, lograron ver la aldea de Half. Silvan se adelantó para informar de la llegada del grupo a los halflings.
Poco después, llegaron todos. Y fueron recibidos con mucha alegría.

Gúnnar agradeció poder parar a descansar. Y se alegró porque ahora no era el más pequeño.
Los halflings se llevaron… los caballos, los unicornios y el poni… y los alimentaron bien.
Silvan, le dijo al grupo:
 -Nos quedaremos aquí hasta mañana. Partiremos al amanecer, y pondremos rumbo a la ciudad portuaria de Búrds.
Mientras llega la hora de la cena, si queréis, podemos darles las gracias por su amabilidad, ayudándolos en las labores rutinarias que realizan a diario.


El más anciano de los halflings, que era el que tomaba las decisiones en Half, se acercó a ellos y les dijo:
 -Podéis estar en cualquier parte. Ir a ver los cultivos, los rebaños, los verdes prados, y todo lo que queráis.

Los tres chicos: Kevin, Éric y Susan querían ver los rebaños. De modo que uno de los halflings más jóvenes, los llevó a las afueras, dónde los pastores llevaban sus ovejas a los prados.
Isilion y Tristan fueron a ayudar en los cultivos, que estaban cerca del río cristalino, junto al bosque de half.
Allí se recogía el agua, porque… unos ponys movían un mecanismo que hacía que la noria se moviese, ayudada también, por la corriente de ésta.
Tristan se dirigió a los halflings que había cerca de la noria.
 -Soltad los ponis, dadle respiro, necesitan descansar. Yo los sustituiré -dicho y hecho. Tristan se puso a empujar el mecanismo para que funcionara la noria. Tanto los halflings como Isilion se quedaron asombrados por la fuerza del bárbaro.
El elfo, después, fue hasta el final del canal del agua que iba desde la noria hasta los campos de cultivo. Allí, recogía en cubos de madera el agua que caía de éste a un embalse, y lo llevaba a los cultivos, dónde los halflings se encargaban de regar.

Por otra parte, Silvan, Gúnnar y Justin, se dedicaron a arreglar algunos de los tejados de las casas de los halflings, que estaban hechos de paja y varetas. Debían ser cuidados; porque cuando llovía, solía haber goteras. Las casas tenían las paredes de tierra dura, y estaban pintadas con cal.
Las chicas, Lana y Mialee ayudaban a las mujeres halflings a lavar las ropas, tenderlas y recogerlas.
Los ángeles, Láslandriel e Ilene, iban volando hasta el bosque, dónde los leñadores cortaban sólo la leña que necesitaban; (de los árboles más viejos… los enfermos o secos), y la transportaban hasta el pueblo.
Por último, Eléndil se dedicó a conversar con el sabio anciano halfling, para compartir conocimientos, costumbres e historias.


Kevin, Éric y Susan habían ido a los verdes prados a ver los rebaños. Hasta el momento, se estaban divirtiendo mucho con las ovejas.
Éric, el más inquieto de los tres, quería enfurecer al carnero para reírse de él. Le tiraba pequeñas piedras, y luego, atraía su atención. Esto, le pudo costar caro, porque el animal salió corriendo tras él, y estuvo a punto de golpearlo; de no ser por la ayuda de Kevin, que en el último momento lo agarró por el brazo, y lo apartó hacia un lado.
El carnero no tuvo más remedio que empotrarse contra un árbol. Quedó atontado, y aún más furioso; así, que tuvieron que marcharse antes, de que volviera tras ellos.

Cuando se acercaba la noche, todos habían dejado ya sus tareas, y se habían reunido en Half. Una excelente cena les esperaba…
Todos comieron, bebieron y rieron mucho. Luego, se fueron a dormir, y descansaron y reponieron fuerzas para seguir el viaje.
A la mañana siguiente, se despidieron de los halflings y salieron hacia Búrds, dónde buscarían un barco para navegar hacia la isla de Loft.


Por otro lado, los barcos negros habían avanzado hasta las costas cercanas a las tierras demoníacas.


En cambio, los caballeros del caos se informaron gracias a los campesinos, que el grupo había salido ya de Longoria, dirección a Búrds, para coger un barco que les llevara a la isla de Loft. Esto, les hizo cambiar de dirección… siguiendo su camino, pasando justo al norte de las montañas medianas.

Pronto, lograrían dar alcance al grupo de héroes.