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miércoles, 9 de marzo de 2016

Haydar. Capítulo 4. El Guardián.




Hola.

No sé si recordaréis la historia de Haydar, escrita junto a Carmen De Loma. El capítulo cuatro está escrito de nuevo por ella. Como el suyo anterior, el dos, es muy ameno. Podéis leer el capítulo en su blog Mil y un Relatos pinchando aquí.


*Aclarar que aunque algunos personajes y datos son reales, la historia en su totalidad es fictisia.


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domingo, 13 de diciembre de 2015

Haydar. Capítulo 3. Alianzas



Volvemos con un nuevo capítulo de Haydar, la historia escrita a dos manos con Carmen De Loma. En esta ocasión el capítulo está escrito por mi.


*Aclarar que aunque algunos de los personajes y datos son reales, la historia en su totalidad es ficticia.

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Yazdi





   Zainab y Gunaid se encontraban en la playa de su isla.  
Éste alzó sus brazos abiertos y comenzó a recitar unas frases casi para sí. Su ayudante lo escuchaba murmurar palabras ininteligibles como en muchas otras ocasiones. Pero esta vez sabía para qué… En el cielo, proveniente de las partes más altas de aquella montaña de roca blanca apareció uno de los muchos bichos raros que el brujo había traído para su isla -muchas de ellas mediante la brujería-, un roc,  una descomunal y furiosa ave rapaz tan grande que con sus garras podía incluso agarrar un elefante. Gunaid cada vez que la veía surcar los cielos de aquella isla se preguntaba cómo podía existir un pájaro tan enorme que a su paso parecía como si una gran nube cubriese el sol y no dejase pasar su luz. 
Al aterrizar sobre la arena el batir de sus alas levantaban casi una ventisca. Gunaid, aunque ya había viajado en ella junto a su amo le tenía cierto respeto. Sabía que los rocs eran aves que estaban constantemente furiosas, de no ser porque el brujo la controlaba se sentiría aterrorizado. Pero ya casi estaba acostumbrado a aquella sensación.  Por el contrario, Zainab no le tenía miedo alguno, el roc era uno de los monstruos que tenía de los que se sentía más orgulloso, pero no el que más, había uno, incluso más grande que andaba sobre la tierra al que llamaba “El Guardián” que era el que custodiaba la isla incluso en su ausencia.  
Cuando el roc terminó de aterrizar, el brujo se acercó hasta él, volvió a murmurar algo entre dientes y el ave agachó su cabeza. Zainab pasó su mano por su plumaje y lo acarició admirando su belleza.  
 ‒Bueno. No perdamos más tiempo, vayamos a ver a Idrís.

 Volvió a murmurar unas frases y él y Gunaid se elevaron en el aire hasta alcanzar la parte alta del ave. Una vez allí se acomodaron en él para el viaje.

Desde uno de los árboles el loro que se retiró nada más verlo aparecer, esperó hasta que volviesen.

Ya en el aire, viajando sobre el roc, Zainab le dijo a Gunaid…
 Cuando consiga la alianza de Idrís, haré que Haydar y el califa se arrepientan de haberme conocido.
  Estoy seguro de ello comentó su ayudante.  


   Bastante tiempo después, los Awraba, la tribu bereber que acogió a Idrís en la ciudad de Volúbilis, Marroc (Marruecos), se vieron sorprendidos cuando vieron surcar los cielos semejante ave. Desde las almenas de la muralla exterior de la ciudad, los guardias aterrorizados dieron la voz de alarma.
 ‒¡Alá nos maldice! ¡Ha enviado una bestia contra nosotros!
 ‒¡Qué dices insensato! ‒el jefe de la guardia intentaba mantener la calma‒ ¡Qué no cunda el pánico! ¡Todos a los arcos! ‒una primera ráfaga de flechas fueron lanzadas contra el roc. El brujo comenzó a entonar uno de sus hechizos y éstas se detuvieron en el aire y cayeron al suelo.
Una segunda descarga fue enviada de nuevo pero el ave ya estaba batiendo sus enormes alas para aterrizar y el fuerte viento que provocó hizo que éstas no lo alcanzasen.
Zainab y Gunaid bajaron y el brujo comenzó a hablar.
 ‒¡Vengo a ver a Idrís! ¡Dejadme pasar! ¡Ya habéis visto a mi roc, y lo que puedo hacer! ¡Si no me abrís las puertas enviaré todas las flechas que hay tiradas en el suelo contra vosotros, o aún peor, a ella! ¡Esta ave es muy furiosa, ahora está en calma porque está bajo mi control, pero eso puede cambiar en un segundo, si yo lo deseo!
Un instante después, las puertas se abrieron…


   Antes que Idrís recibiese al brujo fue informado de todo.
 ‒Toma asiento Zainab. Te recuerdo vagamente. Creo que nos vimos en alguna ocasión cuando trabajabas para Harum.
‒Yo también te recuerdo, aunque mejor que tú a mí. Supusiste un fuerte dolor de cabeza para el califa por aquel entonces, por eso es que he venido a verte. Desde que me expulsó también se convirtió en mi enemigo. Podríamos unir intereses y luchar contra él.
 ‒Hablemos de ello después. Ahora veamos el espectáculo. Ese que ves sobre la arena es Jaffar el mejor guerrero bereber que existe. Ahora, parte de mis combatientes ‒desde el palco a la sombra, podían ver un luchador que se disponía a enfrentarse a cinco mientras el resto del ejército los rodeaban observándolos.
 ‒Seguro que los vence sin problemas ‒comentó el brujo.
 ‒Muy listo. Pero será interesante verlo. ¿No crees?
 ‒Si a ti te lo parece… ‒pensó Zainab para sí. No parecía mostrar el menor interés.
 ‒Tráele algo de beber a los invitados ‒le dijo a un hombre situado a su derecha.
 Poco después éste les sirvió las bebidas.
 ‒Te presento a Rasid. Además de mi criado es un fiel amigo. Me acompañó en mi huida de Harum hasta aquí. Desde entonces no nos hemos separado.
 ‒Hola señores ‒los saludó el aludido.
 ‒Hola ‒respondió Gunaid. Zainab en cambio lo miró de arriba abajo y pensó:
 ‒Parece que Idrís te tiene mucho aprecio. Interesante dato que quizás me sirva en el futuro. Lo recordaré…
Mientras hablaban, abajo en la arena el combate se había iniciado. Jaffar ya se había deshecho de dos de sus contrincantes.
 ‒Bueno… sigamos con el asunto que te ha traído aquí. ¿Cuál es tu idea?
 ‒Verás. Existe un cetro mágico muy poderoso  capaz incluso de vencer a todo un ejército, codiciado por muchos; si me ayudas a conseguirlo, yo te ayudaré después a derrotar a Harum y sus tropas, y que consigas su reino y el califato.
 ‒Te escucho. Cuéntame más sobre él, y como conseguirlo...

En la arena Jaffar acababa de deshacerse de otros dos guerreros más. Ya solo le quedaba uno. 
El brujo estuvo contándole el plan y sus posibles adversarios. Cuando terminó Idrís habló: 
 ‒Antes de responderte te resumiré lo que he conseguido aquí desde mi llegada, así te harás una idea de lo que supondría tener un aliado tan valioso como yo ‒evitó decirle lo que también supondría tenerle como enemigo en caso que le traicionase‒. Cuando llegué fui acogido por la tribu bereber de los Awraba. No tardé en hacerme reconocer como emir, manifestando mis pretensiones al califato como descendiente directo de Mahoma. Desde Volúbilis me lancé a la conquista de los territorios aledaños logrando la unificación de la mayor parte de las tribus bereberes y convirtiéndolas al Islam. Ahora yo soy su líder, tanto militar como religioso. Me veneran… Puedes hacerte una idea de lo que eso supone. ¡MAGNIFICO! ‒dijo de repente al ver el modo en que Jaffar se había deshecho del último, el mejor guerrero de sus cinco contrincantes. Se levantó y estalló en aplausos. 
Sin dirigir apenas la mirada a la arena Zainab respondió:  ‒Me la hago ‒dijo‒. ¡Maldito vanidoso, no sabes a quien intentas amenazar!‒pensó luego para sí. 
 ‒Bien. Pues entonces, trato hecho. Nos vemos dentro de cinco días en el lugar acordado. Allí estaré con tres de mis barcos y parte de mis tropas. 
 ‒Trato hecho ‒dijo estrechándole la mano a modo de despedida‒. Allí te estaremos esperando.  
Cuando el brujo y su acompañante se marcharon, Rasid, su criado, le preguntó: 
 ‒¿Confiáis en ellos, señor?  
 ‒Claro que no, amigo. Piensa utilizarme como yo lo haré con él. Cuando consiga lo que quiero, le arrebataré el cetro y acabaré con él.  
Ya fuera de la ciudad, Zainab entonó el hechizo con el que siempre llamaba a su roc y éste 
acudió enseguida. En unos instantes estaban volando lejos de aquellos bereberes.

    

***  


Un mago espía infiltrado por Harum en Volúbilis a través de un hechizo, se puso en contacto con su maestro Yasim el nuevo mago real del califa, en Bagdad. La imagen de su pupilo se presentó borrosa ante él. 
 ‒Suerte que me avisaste a través de la magia que te ibas a poner en contacto conmigo, sino podrías haberte presentado ante mí en cualquier parte de la ciudad. Ahora estoy en mi habitación de palacio. Dime.
  ‒¡Ni te imaginas quien ha venido a visitar a Idrís! ‒dijo un tanto nervioso.
  ‒No me tengas intrigado. Dímelo, y ya.
 ‒Zainab, tu antecesor… Ese brujo que el califa expulsó. Vino acompañado de su discípulo y ayudante Gunaid. 
 ‒¿Y sabes qué maquina ese malhechor? 
 ‒Supe que Rasid, el criado y amigo de Idrís estuvo presente en la conversación. Así que solo tuve que utilizar mi magia para tirarle de la lengua y sonsacarle el contenido. Escucha, según me contó…   
   Harum se encontraba jugando con sus hijos de dos años Amin y Mamun en la sala de juegos de éstos. Con ellos también se encontraban su madre Al Jhaizuram y El Barmací su tutor y figura paterna, cuando su mago Yasim irrumpió en la sala.  
  ‒Califa, han llegado noticias desde Volúbilis. 
 ‒Sabes que puedes contarme cualquier cosa ante mi madre y mi tutor. Dime…
 ‒Verás señor, según me ha informado mi pupilo… ‒Yasim le contó todo lo que sabía.
 ‒Malas noticias… ‒murmuró el califa. 
 ‒Bueno, no todo son inconvenientes. Mis allegados me informaron que Abderraman I príncipe de los omeyas de Damasco ha muerto en Córdoba. Se dice que entre sus hijos, Hisham ha sido el elegido para sucederle ‒apuntó su tutor.
 ‒Veremos que tal es su sucesor. Pero, ahora lo que me preocupan son las noticias sobre la alianza entre Idrís y Zainab. Tutor, me gustaría que vayan a buscar a Turán. Si ellos se han aliado, aprovechando que Haydar está en la ciudad, ¿por qué no hacerlo yo?  

Momentos después, el jefe de la guardia real se presentaba.
 ‒¿Califa, en qué puedo servirle?
 ‒Ahora podrás remendar tu error anterior, cuando Haydar se te escapó. Quiero que averigües donde está su barco y me lo traigas por las buenas. 
 ‒Y, ¿cómo lo convenzo? 
 ‒Dile que vas en son de paz. Que no pretendo capturarlo, ni nada parecido. Sino una posible alianza contra sus enemigos.
 ‒¿Una alianza? No pretendo poner en duda lo que dice, pero sabe que no se puede confiar en un pirata, y mucho menos en él. 
 ‒Tráemelo Turán. No te preocupes por lo demás. 
  
   Una hora después, el jefe de la guardia real se encontraba en la puerta de la casa de Walesa en busca de la información que necesitaba.   
 ‒Hola. Qué desea –salió a recibirle la muchacha.  
 ‒Sabes muy bien quien soy. Y yo también quién eres tú. Así que no te andes con rodeos. Quiero saber dónde para el barco de Haydar. Seguro que su mujercita lo sabe.  
 ‒Si lo sé, no te lo diré nunca. 
 ‒Ah no ‒dijo agarrándola, atrayéndola hacia sí y mirándola con deseo‒. ¿Qué es lo que ves en ese pirata para que lo defiendas tanto? Dime donde está o tu familia se verá perjudicada. 
 ‒¡No te atrevas a tocar a los míos! ¡Su barco estaba en el puerto del río, pero seguro que ya 
se marchó! ‒dijo, mientras forcejeaba para librarse de él. Como no pudo, le escupió a la cara.
 ‒Jajaja ‒rió tras limpiarse‒. Esperas que te crea. Estoy seguro que aún no se ha marchado. Si no, me lo hubieses dicho a la primera. 
 ‒Qué tonta he sido‒pensó dentro de la casa cuando se hubo marchado‒tenía intención de ir a verlo más tarde y regalarle un buen pan de cinco kilos recién salido del horno como despedida, pero tendré que darme prisa e ir a avisarlo antes que llegue Turán.  
 ‒Walesa me pareció oír la voz del jefe de la guardia real. Ese Haydar no dejará de traernos problemas. No quiero que lo vuelvas a ver más. Estás castigada. No se te ocurra salir de casa ‒le advirtió su madre casi rogándoselo con la mirada, a sabiendas que era un imposible.

   


***


En una remota isla pirata del mar Egeo, fuera de la taberna “La Calavera Ardiente” donde Mirza y Sadiq aún se encontraban, Yazdi el principal hombre de confianza de la tripulación de Mirza se debatía en un combate contra tres piratas que se había iniciado en el interior de la taberna. 
 ‒¡Maldito tramposo! ¡Seguro que guardabas alguna carta escondida! ‒exclamó uno de los piratas, mientras se lanzaba contra él con su alfanje. Yazdi con un movimiento elegante de su enorme cimitarra –única, ya que medía lo mismo que dos de ellas de largura y lo que tres de grosor- lo esquivó con un giro que terminó con su arma en la espalda de éste, acabando con su vida.  
 ‒¡Maldita sabandija marroquí! ¡Yo me encargaré de que no vuelvas a robar más dinero! ¡Mi partida era invencible, no pudiste ganarme sin hacer trampas! ‒éste en lugar de un alfanje disponía de una enorme boleadora acabada en una gran bola de hierro con púas. El fuerte pirata la levantó y la hizo girar sobre su cabeza para lanzar la larga cadena sobre Yazdi. Éste rápidamente se agachó, y en esa posición volvió a girar y le cortó la pierna al pirata. 
 ‒¡AAAHHH! ‒gritó éste al instante mientras se desangraba. En unos segundos perdió la consciencia, seguramente para morir después por la pérdida de sangre.  
 ‒Te lo ganaste por racista ‒dijo Yazdi. 
 ‒¡No sé si te venceré pero puedes estar seguro que lo intentaré! ‒gritó el que quedaba, éste armado con dos alfanjes. Lanzó un ataque y otro sobre el pirata marroquí, pero éste con movimientos ágiles y ejecutados al milímetro lo esquivaba como si nada. Parecía un bailarín recreando una danza elegante y sutil digna de ser admirada.  Cuando por fin lo tenía a sus pies sobre el suelo y apuntándolo con su enorme cimitarra, Mirza y Sadiq salían de la taberna. 
 ‒Olvídate de él. Tengo prisa. Tenemos trabajo que hacer ‒le ordenó su capitana. 
 ‒Hola Yazdi. Veo que estás en tu salsa. Esos piratas no sabían con quien se la jugaban, de lo contrario ni siquiera se hubiesen echado unas partidas contigo ‒comentó el amante de su jefa al cruzar por su lado. 
 ‒Hola Sadiq. Tú… has tenido suerte ‒dijo dirigiéndose ahora a su oponente, agarrándolo por la pechera de su camisa‒. Mi capitana tiene prisa, ¿la oíste? Le debes tu vida ‒dijo al tiempo que lo soltaba y seguía a Mirza. 

Al llegar a la playa, les esperaban dos barcas cada una con un pirata, uno de la tripulación de él y otro del de la de ella. Algo mar adentro estaban sus barcos: “La Fulana de Alá” el de Mirza, y el “Esperanza” el de Sadiq. 
 ‒Bueno. Aquí nuestros caminos se separan ‒ dijo, y a continuación lo besó apasionadamente‒. Seguiremos nuestro plan. Ve en busca de ese brujo enemigo de Haydar y síguelo. Él me contó que ese Zainab también  buscaba el cetro. Seguro que ese brujo gracias a su magia oscura dispone de más modos de averiguar su paradero que los demás, yo iré en busca de la muñequita de nuestro pirata; esa a la que llaman la “Bendecida de Alá”… ‒se quedó un momento rumiando el nombre‒. No tenían otro apodo que ponerle. Si ya sabían que a mí me llamaban la fulana, ¿por qué a ella la bendecida? 
 ‒Dicen que su belleza es inigualable. Quizás sea por eso, o quizás, pensaron en lo que siente Haydar por ambas ‒ironizó Sadiq. Tirándole una puyita para hacerle saber que ese pirata no la merecía. 
 ‒No debí darte ese beso ‒dijo mientras retiraba su dedo de los labios del pirata‒. Ya sé cómo me ve él. No tienes que recordármelo. Y también sé que la gente humilde venera a Haydar incluso más que al califa, equiparándolo con Alá. 
 ‒Adiós, Mirza. 
 ‒Sadiq. Una cosa… La vi una vez… a esa tal Walesa… y para nada la apodaría la bendecida. Es una mojigata. Sí, puede que un poco agraciada pero, no sabría lo que hacer con un hombre en su cama. Seguro, que se moriría de miedo. Jajaja ‒río forzadamente mientras subía en su barca. Yazdi ya lo había hecho momentos antes.


***   


“…estuve presente en la muerte de mi señor; y los dioses también. Dijeron que esconderían el cetro en un lugar inaccesible para los humanos, en una de las islas volcánicas del mar Egeo. En un lugar habitado en la antigüedad, ahora sepultado bajo las rocas y la lava…” Haydar terminó leyendo la última de las cartas que le quedaba… en ese momento entró en su camarote Nasser.
 ‒Albur ha regresado.
 ‒Espero que haya resuelto lo que tenía entre manos ‒el capitán se quedó pensando un momento‒. ¡Eso es! ¡Lo tengo, amigo! ¡Ya sé dónde se encuentra ese cetro! ¡Sabía que había islas volcánicas sepultadas por la lava en ese mar pero, no me acordaba de ninguna habitada en la antigüedad! ¡Pero entonces me acordé de la leyenda de Farrael!
 ‒¿Farrael? ¿Qué demonios dices?
 ‒El Templo de Farrael… La leyenda dice que se vio sepultado por la lava hace cientos de años. 
 ‒No sé. Nunca he oído hablar de ella. 
 ‒Yo solo una vez. Casi nadie conoce la historia. Pero se me quedó grabada en la mente. Según cuenta… los habitantes de ese templo eran brujos antiguos que jugaron con los dioses, y fueron castigados de manera horrenda por éstos. ¡Ahora que lo pienso, quizás fueron ellos los que crearon ese cetro! Piensa… qué mejor lugar para esconderlo que su lugar de origen. 
 ‒Me pones los bellos de punta. Si los dioses no quieren que lo encontremos, y solo hay maldiciones a su alrededor… ¿para qué buscarlo? 
 ‒Solo por el mero hecho de encontrarlo y vivir la aventura. Y para evitar que lo encuentren otros como puede ser Zainab, por ejemplo. 
 ‒Si por mí fuera lo dejaría de lado. Pero sabes que te seguiría al fin del mundo… 
 ‒Lo sé, amigo. Lo sé… Que lo preparen todo Nasser. Si Walesa no viene en una hora, partimos en busca de ese cetro ‒en ese momento, Alí entró también el camarote.    
 ‒Haydar, ha llegado Turán, el jefe de la guardia real del califa. Viene solo y dice que en son de paz.  ‒Si se ha acercado solo, debe ser verdad. No creo que se aventurase si no fuese así ‒dijo el capitán.  ‒También puede ser una trampa ‒comentó Nasser. 
 ‒Arriesguémonos, pues.  

 Ya en la cubierta del barco… 

 ‒¿O eres muy tonto o eres un osado? ¿Cómo te atreves a venir a mi casa después de lo sucedido?
 ‒Mi señor el califa Harum me envía para que vengas conmigo. Dice que no pretende capturarte ni nada parecido. Quiere una posible alianza contra enemigos comunes. 
 ‒Suena interesante. Os acompañaré. 
 ‒Haydar, no dejaré que vayas solo. 
 ‒Esta vez sí, Nasser. Confía en mí. 
 ‒Está bien. Pero ten cuidado.  


Mientras Haydar volvía de palacio, su tripulación hizo los preparativos para partir. Sus hombres importantes, en cambio, decidieron matar el tiempo con Albur. 
 ‒¿Qué tenías entre manos, bribonzuelo? ‒le preguntó Alí al pirata de pelo anaranjado. 
 ‒¡Por el rato que se ausentó diría que alguna muchacha! ¡Seguro que quedaste despachado, eh chaval! ¿Es una novieta o algo por el estilo? ‒ preguntó Nasser. 
 ‒Dejadlo ya, porque no me sacareis ni una palabra. 
Los dos piratas que ya lo conocían bien, sabían que por mucho que insistiesen no conseguirían nada. De modo, que decidieron divertirse de otro modo.  
 ‒Está bien. No insistiremos más, pero con la condición que nos diviertas con tus juegos de cuchillos ‒le dijo Alí. 
 ‒¿Qué tal si comienzo con el de las manos? 
 ‒Buena idea ‒comentó Nasser. Albur se vendó los ojos y puso su mano izquierda con los dedos abiertos sobre un tonel y cogió uno de sus cuchillos y a una velocidad sorprendente lo clavó entre los huecos alternando indeferentemente entre ellos. No falló ni una sola vez. A continuación, cambiaron de juego. Se quitó la venda, y Alí se ofreció de diana. Se puso contra la pared de madera del camarote con las piernas abiertas y los brazos en cruz. Albur se colocó a una cierta distancia y haciendo malabares con sus cuchillos, esta vez utilizó los  tres que tenía, fue lanzándolos uno por uno; los dos primeros dieron bajo las axilas y el tercero bajo su miembro viril. 
 ‒Uff. Menos mal que te conocemos y nunca fallas ‒expresó Alí. 
 ‒Por no mencionar que es el único pirata que nunca bebe ‒rió Nasser. 
 ‒Jajaja ‒río también su compañero tras retirarse del lugar donde estaban clavados los cuchillos. Albur aprovechó para recogerlos y guardarlos.



   Walesa en cuanto el pan salió del horno se había escapado de casa emulando a su querido por la ventana. Era muchísimo más torpe que 
él, así que tuvo que ir muy despacio y con mucho cuidado, y a pesar de ello, casi sufre algún percance. Cruzó la ciudad todo lo deprisa que pudo pero cuando llegó al barco de Haydar, era tarde…  ‒¡Walesa! ‒exclamó Nasser al verla. 
 ‒Turán llegó a mi casa. No pude evitar contarle donde os encontrabais. Salí todo lo rápido que pude para advertiros. Pero creo que no fue suficiente… 
 ‒Tranquila. Ya estuvo aquí. Según decía venía en son de paz. El califa quería hacer un trato con Haydar así que se marchó. 
 ‒Entonces, no está aquí… Le traía un regalo de despedida… 
 ‒Puedes esperarlo, si lo deseas.  
 ‒Tengo bastante prisa. Escapé de mi casa, y mi madre seguro que ya se dio cuentas. Estará preocupada. Lo esperaré un poco, pero sino regresa pronto, tendré que irme.  


Ya en su camarote, Walesa no pudo evitar curiosear para matar el tiempo. Al poco, entró Nasser y casi la pilla. 
 ‒Te dejo un poco de fruta y zumo. Si necesitas algo más, solo tienes que llamarme. Cuando el pirata salió, se tomó la bebida y cogió una manzana a la que le pegó un buen mordisco, y volvió a curiosear… 


  
***  


  
En el palacio del califa, Haydar debatía con Harum los términos de su alianza.  
 ‒Como ya te he contado nuestro enemigo el brujo Zainab quiere el mismo cetro que tú y se ha aliado con Idrís para conseguirlo. Planean utilizarlo para arrebatarme el califato y quién sabe qué otras cosas. Ambos serán nuestros enemigos, así que te ofrezco una alianza entre nosotros, para evitarlo ‒le explicó Harum. 
 ‒Y, ¿cómo me ayudarías? 
 ‒Al igual que ha hecho Idrís, te ofrezco tres de mis barcos repletos de mis hombres. A mi guerrero Turán, y para equiparar la balanza, también mi mago Yasim te acompañará. 
 ‒Gracias. Acepto. Aunque la ayuda del jefe de tu guardia me es prescindible. 
 ‒Ya sé que existen rencillas entre vosotros pero, de ahora en adelante te servirá como cualquiera de tus hombres. Mis órdenes hacia ti han cambiado. Estoy seguro que no os causará ningún problema. Lo conozco muy bien. Es un servidor fiel. Si algo mueve a este hombre es la lealtad. No hará nada que yo no le diga. 
 ‒Lo que dice el califa es cierto. Puedes confiar en mi, Haydar. Nuestras rencillas pasadas eran fruto del trabajo. Y ahora mi deber es otro.  


   

***   


Cuando el capitán regresó a su barco, Walesa ya se había marchado.  
 ‒Acaba de irse, pero ya no la alcanzarás. Se cansó de esperarte. Tenía prisa. No quería preocupar a su madre… pero, te dejó este regalo de despedida ‒Nasser le mostró un enorme pan calentito. 
 ‒Guárdalo donde no pierda el calor. Esta noche lo probaré con gusto, durante la cena en alta mar. Partimos ahora mismo en busca del cetro. Nuestros nuevos aliados nos seguirán con tres de sus navíos en los que además de sus guerreros estará ese Turán y un mago. 
 ‒¿Así que al final has aceptado su propuesta? 
 ‒No me quedaba otra. Nuestro enemigo Zainab también se ha aliado con Idrís, y dispone de otros tres barcos llenos de bereberes.

    
*** 
   

Al atardecer, La Furia de los Mares partía de Bagdad; tras él marchaban tres embarcaciones del califato. 

Momentos antes, otro barco había llegado a la ciudad, La Fulana de Alá. Sin embargo, en ningún momento se encontraron porque se hallaban en puertos diferentes. Instantes más tarde, Mirza y Yazdi capturaron a Walesa de regreso a su casa y  la llevaron  hasta su barco.  Cuando la encerraron en sus calabozos, ésta pensó que su secuestro debía guardar relación con aquellas extrañas cartas que no entendió  muy bien, y que leyó por encima en el camarote de Haydar.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Haydar. Capítulo 2. El Cetro de la Luz Dorada




Volvemos con un nuevo capítulo de Haydar, la historia escrita a dos manos con Carmen De Loma. En esta ocasión el capítulo está escrito por ella. A mí me gusta mucho, deseo que a vosotros también. (el enlace al capítulo en su blog Mil y un Relatos pinchando aquí).


*Aclarar que aunque algunos de los personajes y datos son reales, la historia en su totalidad es ficticia.

Para acceder al resto de capítulos haz click aquí.







lunes, 13 de julio de 2015

Haydar. Capítulo 1. Haydar.




Hola, os traigo el primer capítulo de esta serie de 10 relatos de histórico-fantástica en colaboración con Carmen De Loma y su blog Mil y un Relatos. Éste está escrito por mi. Por diversos motivos, no se podrá publicar el siguiente relato que escribirá Carmen hasta después del verano. Espero que os guste, y que tengáis paciencia. Todo llegará.



Para leer el capítulo en el blog de Carmen pinchad AQUÍ.




                                                                                Haydar


 En algún recóndito lugar del enorme desierto de Arabia, Haydar y un reducido grupo de los miembros de su tripulación por fin encontraron el lugar que buscaban. Lo supieron por los restos de lo que parecía ser algún monumento muy, pero que muy antiguo. Sólo quedaban trozos de pilares desperdigados por el suelo hecho de unas losetas, ya muy deterioradas, y perdidas en su mayoría… además, de algunos restos de pared, y estatuas.
 -¿Dónde crees que se encuentra lo que buscamos Haydar? –preguntó Nasser, su hombre de mayor confianza.
  -Tranquilo pirata… No lo sé. Pero ya me conoces… ¿Alguna vez me he marchado de una misión, sin obtener lo que buscaba?
 -No.
 -¿Entonces?
 -Llevas razón, no sé ni porqué pregunto.

Uno de los piratas que formaban el grupo que Haydar se había llevado, uno de los no habituales en sus misiones, se había retirado un poco del grupo curioseando por el lugar, tanto que llegó a un gran claro donde  ya no había losetas, sino arena del desierto…
Al sentir sus pisadas sobre la arena, segundos después, ésta comenzó a removerse como si de un géiser o volcán en ebullición se tratase, y tras esto aparecieron uno tras otro, dos escorpiones gigantes de más de tres metros de largo, por uno de alto. El pirata, aterrorizado, se quedó bloqueado, y uno de aquellos monstruos sin dudarlo le clavó el aguijón, lo zarandeó y lo lanzó por los aires, cayendo sobre el otro, que con una de sus pinzas lo agarró por el cuello antes que tocara el suelo, y se lo apretó hasta degollarlo.
 -¡Vamos a que esperáis! Seguro que es por ahí. Protegen la entrada. Tenemos que acabar con ellos.
El grupo de piratas corrió tras él hasta alcanzar a los escorpiones, que los amenazaban desafiantes.
Tras él, se situaron Nasser y Alí, el tercero al mando.
 -¡Os dejo ese para vosotros! ¡Éste es para mí!
Sus hombres que sabían de lo que era capaz, lo dejaron solo y fueron a por el otro.
El enorme escorpión lanzó su aguijón una y otra vez, pero Haydar era rápido y escurridizo como el que más, y esquivaba uno tras otro los ataques. En uno de ellos, tras esquivarlo, de un golpe de cimitarra, la espada árabe, le cortó el aguijón y la bestia lanzó un chirrido estridente de dolor.
En ese momento escuchó como uno de sus hombres también lanzaba un alarido, y miró como el otro escorpión que aunque no tenía veneno ya que lo utilizó con el que se cargó, sí podía utilizar su aguijón como arma, y tenía a uno ensartado, sacudiéndolo de un lado a otro; sus hombres aprovecharon el momento para atacarlo a saco y clavarle uno tras otro sus armas…
El despiste casi le cuesta la vida a Haydar, ya que una de sus pinzas casi le alcanza la cabeza, pero pudo contenerla con su resistente espada, y tras un gran esfuerzo, separarse de él.
 -¡Ahora verás! ¡Tenía pensado que jugásemos durante más rato pero veo que no quieres que sea tu amigo! ¡Tú lo has querido!
Dio una tremenda voltereta en el aire y cayó encima del monstruo. Sentado sobre él, agarró su cimitarra con las dos manos y se la clavó fuertemente donde debía tener el corazón, si es que aquel bicho tenía algo parecido… La bestia tardó unos segundos nada más en caer sin vida sobre la arena. Cuando miró hacia sus compañeros, estaban rematando lo que quedaba del otro. Después, fueron al lugar exacto donde los escorpiones emergieron, para entrar uno a uno en el templo oculto bajo la arena.
 -¡Yo seré el primero! ¡Seguidme!
Haydar se colocó en el punto exacto, y vio como muy despacio la arena lo fue engullendo como si de tierras movedizas se tratasen. Enseguida desapareció, al igual que el agujero, que quedó totalmente cubierto de nuevo.
Al otro lado, cayó junto con bastante arena sobre el suelo del templo escondido.
Fuera, uno tras otro, fueron secundándolo…

…Horas más tarde, todos excepto los dos que murieron en la lucha con los escorpiones gigantes, salían ilesos del templo con la recompensa en sus manos.

Ya de vuelta en "La Furia de los Mares", su barco pirata, viajaban por el mar de Persia rumbo a Bagdad, la ciudad califal.
 -¿Así que vas a ver a Walesa? –le preguntó Nasser, mientras festejaban con cerveza y vino su logro.
 -Ya sabes que no puedo pasar mucho tiempo sin tener a esa mujer entre mis brazos… es como una droga que alimenta mi corazón.
-Y Mirza… ¿esa qué es, entonces?
 -Te he respondido un millar de veces ya, quizás… Esa pirata, es una diablesa, una gata en celo, que alimenta otra parte de mi cuerpo… -dijo sonriendo picaron, mirando a su tripulación.
 -Jajaja –rió Nasser- Y, ¿cuál de esas dos partes de tu cuerpo es más importante para ti amigo?
 -Ya sabes, que aunque Mirza es muy importante para mí, no cambiaría a Walesa por ninguna otra, y podría hacerlo por muchas.
 -Sí, por varias en cada puerto –bromeó entonces Alí-. Ya quisiera que las chicas me dedicaran uno solo de los sueños húmedos que te dedican  a ti.
 -¿Y vosotros a quien preferís? –preguntó Nasser a toda la tripulación.
 -¡Yo a Mirza! ¡Yo a Walesa! -cada uno dejaba claro por quien se decantaba…





****





Corría el año 788 dC. de la época dorada del apogeo abbasí. Harún al Rashid era el califa actual, y Bagdad o Madinah as Salam (ciudad de la paz, en referencia al paraíso) fundada años antes por su abuelo Al Mansur en Mesopotamia en la orilla occidental del río Tigris, considerada la capital del Islam, el lugar donde residía.
Harún era hijo de Al Mahdi, que murió tres años antes,  y Al Jayzuran. Sucedió en el año 786 con veinte años a su hermano mayor y rival Musa al Hadi que murió ese mismo año misteriosamente asesinado (se cree que debido a un complot entre Harún y su madre).

En el Palacio de la puerta de oro situado en el centro de la ciudad, hecho de mármol, con una cúpula verde en su parte central a cuarenta y nueve metros de altura, el califa debatía con sus hombres de confianza. Entre otros, se encontraban, Yahya ibn Khalid Barmak (Yahya el Barmací), funcionario y amigo íntimo de la familia real, que se había convertido en su tutor y figura paterna, y Giafar el Barmecida, su visir o principal ministro.
 -Ha llegado a mis oídos que el príncipe de la dinastía Omeya, y primer emir independiente de Córdoba, fundador de la dinastía Umawi, Abderramán I, se está muriendo. ¿Sabéis algo? -preguntó Harún.
 -Algo hemos oído. Y sí, es cierto -contestó uno de los presentes.
 -Seguro que le sucederá alguno de sus hijos Hisham, Sulayman, o Abd Allah -se pronunció Yahya.
 -Y de Ibrahim...  ¿Qué sabéis? -volvió a hablar el califa.
 -Mis enviados dicen que desde que se asentó en el valle de M´Zab hace un año, gobierna allí con mucho acierto -dijo uno de sus principales contactos en el noreste del desierto del Sáhara.
 -Valla. Parece ser un gran líder.
 -Puede, pero no tiene que preocuparos -lo tranquilizó Yahya.
 -¿Y de Idrís, mi principal enemigo?
 -Desde que lo derrotasteis cerca de la Meca, en la batalla de  Fatk, y prometisteis acabar con él y toda su familia, en su huida a atravesado casi todo el desierto. Dicen que ha sido acogido en Volubilis por la tribu bereber de los Awraba.
 -Maldito... Si es así. No podemos hacer nada. Esta noticia me ha dejado... Declaro terminada la reunión.

Harún tras abandonar la sala fue  a ver a su madre Al Jayzuran.

 -Qué pasa hijo. Te veo intranquilo. Qué ha pasado en la reunión.
 -Parece ser que a todos nuestros enemigos les sonríe la suerte. Bueno, a todos menos a Abderraman que por lo visto se muere. Pero a Idrís... lo protege una tribu bereber. Y no es buena idea enfrentarse a ellos. Se le podrían unir otras tribus, y eso no nos conviene. Madre... ¿no será que al ser biznieto de Alí, el yerno del profeta Mahoma, Alá lo protege?
 -No digas tonterías. Tú también desciendes a través de tu padre de Abbas tío del profeta. Si fuese así, Alá pensaría en ti antes que en él. Por tus venas sí que corre sangre descendiente de Mahoma. Anda, olvídate de todo. Dejemos que ese Idrís viva su vida donde quiera que se encuentre. Eso sí, no le permitiremos nunca volver.
 -Tienes razón, madre. Olvidémonos de todo. Debo relajarme... ¿Dónde se encuentran mis hijos?
 -Amin lo dejé con su madre Zubaida. Mamun no sé, creo que estaba también con la suya... esa persa de la que te encaprichaste.... seguramente, ya estén jugando juntos.
 -¿Por qué no vas a buscarlos y me los traes?
 -Enseguida...

Al poco rato, Harún disfrutaba de la compañía de sus críos.
 -Parece mentira que ya tengáis dos años -dijo.





****




En una de las pequeñas y recónditas islas piratas del mar Egeo, en su única taberna llamada "La Calavera Ardiente" un capitán pirata bebía ron apoyado sobre la barra. Se veía un tipo atlético, moreno de piel y melena castaña, llevaba una barba de tres días, perilla y bigote. Sus ojos azul como el agua cristalina de una playa paradisíaca, se escondían tras una mirada dura y oscura.
 -Veo que te llegó el mensaje que te envié con mi gaviota -dijo una exuberante mujer pirata, de larga melena castaña, que radiaba sexualidad por los cuatro costados.
 -Mirza... -al pirata aunque la estaba esperando, casi se le atraganta la bebida en la garganta, cuando la vio aparecer.
 -¡Otra botella de ron! -le pidió al tabernero-. La vamos a necesitar. ¿Verdad Sadiq? -le dijo mientras lo miraba de arriba a abajo y viceversa, y jugueteaba con su dedo por su cuerpo.
 -Aquí la tienes. Veo que sigues tan estupenda como siempre -le dijo el posadero.
 -La acción me mantiene en forma -le contestó la pirata-. Mejor nos vamos a la mesa de aquel rincón. Tenemos que conversar, y esto está atestado de piratas, que nos venderían al primero que le ofreciesen una bolsa llena de monedas para poder gastar. 


Ya en la mesa...

-Hablaré bajito, porque aquí hasta las paredes tienen oídos.
-Dime. Para que me has convocado.
-Sabes... la última vez que estuve con Haydar...
 -¡Para eso me traes aquí! ¡Para hablar de ese presuntuoso! ¡Veo que aún bebes los vientos por él! -dijo levantando la voz al tiempo que dejaba la silla y se ponía de pie dispuesto a marcharse, claramente malhumorado.
 -SSSSSSSHHHHHH. Baja la voz. Tranquilo. Siéntate. Sabes muy bien, que solo está interesado en esa tal Walesa. No sé qué ha visto en ella... Quería decir que logré emborracharlo -se guardó para sí que después se acostó con él-, y en su embriaguez, me contó sus planes. Me dijo cuál iba a ser su próxima aventura. Según me contó esta vez el premio merece la pena de verdad...
 -Y, ¿cómo es que compartes este secreto conmigo? -Sadiq la conocía muy bien y aunque se moría por sus huesos, no se fiaba de ella.
 -Verás si trabajamos juntos, tú con tu tripulación y yo con la mía, para que Haydar no sospeche,  podemos formar un buen equipo, y arrebatarle ese premio.
 -De acuerdo -dijo él, en su mente tenía pensado traicionarla en el último momento, cuando obtuviese la recompensa.
 -Bien. Discutamos los detalles arriba, nos espera un lecho mullido -le dijo mientras con una mano tiraba de él y con la otra agarraba la botella para llevársela. Ella también tenía pensado lo mismo, traicionarlo. Le gustaba aprovecharse de los hombres, acostarse con ellos, y cuando no los necesitaba, los desechaba. Solo respetaba a su tripulación, y un poco a Sadiq, porque era su amigo, era bueno en la cama, y sentía lástima por él, porque sabía que le atraía, y aunque eso era mutuo, ella podía pasar de él cuando quisiese, y él, no; y a Haydar, por el que aunque sí sentía algo, también solía utilizar.
 -Veo que lo tenías todo pensado -le dijo él, mientras subían las escaleras.





****




Haydar y su tripulación llegaron a su destino...

Tras dejar su barco amarrado en el puerto de las aguas del río Tigris, el capitán por fin se encontraba en Bagdad, una ciudad con sus arrabales, o barrios fuera de ésta, construida como una alcazaba, dentro de un muro exterior de un espesor de cincuenta metros con la forma de un círculo de dos kilómetros de diámetro, algo que se conocía como la Ronda de ciudad, con torres coronadas por almenas redondeadas, el cual estaba protegido por un foso lleno de agua y un terraplén hecho de ladrillos y cal... y otro anillo de piedra interior de cuarenta y cuatro metros de espesor en su base, y doce en su parte superior, con una altura de treinta metros incluyendo las almenas, construido posteriormente. 
Alrededor de toda la medina se situaban las viviendas, y los comercios; y en el centro... la mezquita, el cuartel de la guardia, mansiones y residencias de los funcionarios,  y la plaza donde estaba situado el palacio. Sus avenidas eran radiales, y estaba llena de parques, jardines, villas, y bellos paseos. En el este de la ciudad vivía la comunidad cristiana formada por la guarnición bizantina que capturó Harún en el 780 dC. en el castillo fronterizo de Samalu.
Al Califa no le gustaba la ciudad, la llamaba "la sauna", debido a su calor sofocante y a las polvaredas procedentes del desierto. Sin embargo, además de la capital del islam, estaba convirtiéndose en uno de los principales centros político, económico, militar, cultural y artístico del mundo.

Cubierto por una gran capucha que apenas dejaba ver parte del rostro, Haydar entró por una de las cuatro puertas de la muralla, situadas a poco más de dos kilómetros una de la otra, conocidas por el mismo nombre de los lugares a los que conducían los caminos que salían de ellas, como Kufa, Basora, Jurasan y Siria, esta última cerca del cuartel de la guardia.
Dobles y hechas de hierro eran tan pesadas que necesitaban de varios hombres para abrirlas y cerrarlas.

Poco después de llegar ya estaba ligando con una bella muchacha con la que había tenido algún que otro encuentro en otra ocasión. A su paso, levantaba envidia sana entre los hombres, y pasiones entre las lugareñas, que prácticamente se le lanzaban al cuello.



Walesa siempre había vivido en Bagdad. Allí había nacido y allí hacía su vida. Aunque pertenecía a la clase baja, entre el populacho no existía nadie que no la conociese. Era la chica de Haydar, eso había circulado desde hacía bastante tiempo por toda la medina. Pero su fama venía de mucho antes, desde que tuvo apenas quince años se la conocía como "la bendecida de Alá", por ser la chica más bella de la capital del Islam, y seguramente, de todos sus territorios. Hecho que rápidamente llegó a los oídos del aclamado pirata, que no tardó en ir a conocerla. Además, desde muy niña siempre fue muy familiar, responsable, madura, y trabajadora, ayudando a sus padres en todo lo que podía. Así que a una edad muy temprana ya era conocida por media ciudad. Sus más allegados decían que tenía un gran corazón y un fuerte carácter.

Después de visitar la mezquita y dirigir unas oraciones en la quibla, el muro orientado a la Meca, Walesa soltó el Corán en la mihra, una pequeña estancia situada en ésta dedicada a este menester, y salió del templo para dirigirse al zoco, para comprar en el mercado algunos encargos que le hizo su madre para la comida.


Ya en él, pronto se hizo con los pedidos, la mayoría especias... cuando se disponía a marcharse, oyó una voz que llevaba bastante tiempo sin escuchar:
 -¿Puedo ayudarte con la tinaja?
 Walesa se quedó dos segundos sin poder mover un músculo, aquella persona se encontraba detrás de ella, y el corazón amenazaba con salírsele por la boca con cada latido.
 -¿Haydar? -pronunció sin atreverse a darse la vuelta.
 -Sí. Soy yo. He vuelto a Bagdad para verte.
 -Pero... tenías prohibido pisar la medina -dijo esta vez, tras girarse y mirarlo directamente a los ojos, le temblaba todo el cuerpo.
 -Lo sé, pero no podía irme a otra aventura, sin verte antes. No lo aguantaría -dijo a la vez que se  le acercó y le acarició un mechón azabache que se le había soltado.
 -No estoy tan segura de ello. He oído rumores... -dijo retirándose y mostrándose menos cariñosa.
 -¿Y qué dicen las malas lenguas de mí?
 -Ya sabía que eras un mujeriego... pero la gente habla de algo más serio... de una tal Mirza... una pirata como tú.
 -Ah, es eso.
 En ese momento, dos flechas casi estuvieron a punto de alcanzarlo... una rompió la tinaja, vertiendo su contenido, y la otra rasgó la tela del puesto que había justo a su lado.
 -¡Es Haydar! ¡Qué no escape! -gritó Turán, el jefe de la guardia real, a los que lo acompañaban.
El pirata agarró contra su pecho a Walesa y le plantó un apasionado beso en la boca.
 -Espérame esta noche con la ventana abierta. Te lo explicaré todo. Ahora tengo que irme -en unos segundos, se encontraba a varios metros de allí...
 -¡Ten cuidado! -le gritó ella momentos antes que la guardia pasara a su lado.

El capitán se metió en una tintorería y subió las escaleras a la azotea donde había varias personas metiendo y sacando telas dentro de los tintes... la guardia entró también y cuando llegaron arriba estaba saltando de un edificio a otro. Cuando éstos alcanzaron el borde y vieron la distancia que había, se frenaron en seco.
 -¡Malditos cobardes! -dijo Turán cuando llegó hasta ellos-. No te dejaré escapar -rumió entre dientes. Con que volvió rápidamente hacia atrás y tomó toda la carrerilla que pudo, y saltó... casi no lo cuenta. Quedó colgado solo sujeto por la punta de los dedos al techo. Cuando consiguió subir, el pirata solo se veía en la lejanía, unos tres tejados más adelante. No se dio por vencido, y siguió la persecución.

Haydar gozaba de una agilidad y reflejos extraordinarios, ponía un pié aquí, una mano allá, y así saltaba de un sitio a otro, con piruetas, volteretas, esquivando, sorteando obstáculos. Todo hasta que pisó una viga de madera en mal estado, que se partió y lo dejó atrapado en el aire, en el techo. El jefe de la guardia real lo vio y continuó con mucha más esperanza -ya eres mío-. Dijo para sí.
Cuando su perseguidor ya casi lo alcanzaba, consiguió escapar de su trampa, justo para enfrentarse a él.
Su enemigo lo atacó enérgicamente. Pudo comprobar que  sabía utilizar su cimitarra como nadie. Conocía a aquel tipo, sabía de su fama como guerrero, reconocida en todo el reino, pero nunca antes se había enfrentado a él. Así que no esperaba que fuese tan bueno. Durante la liza, el techo sobre el que pisaban crujía con cada uno de sus movimientos, todas las vigas debían estar tan deterioradas como la otra.
Aunque tenían estilos distintos, el de Turán era disciplinado, movimientos estudiados que se basaban en la precisión y la inteligencia; el de Haydar todo lo contrario, improvisación, sorpresa, y movimientos intentando engañar a su oponente, enmascarando el siguiente ataque, e intentando despistarlo, con piruetas y acrobacias, espectaculares... los dos estaban muy igualados; sólo que el pirata tenía una herida en las costillas de cuando quedó atrapado, que estaba comenzando a sangrar.
El jefe de la guardia se percató y lanzó un rápido ataque sobre ese lado, él tuvo que sacar la otra cimitarra para pararlo con ambas. Luego hizo un baile de espadas, para intentar confundir a su contrario, y cuando menos lo esperó pegó un fuerte salto con el que se elevó prácticamente un metro en el aire, y cayó sobre él con sus dos armas... su oponente lo paró como pudo, pero entonces, el fuerte golpe y el peso de ambos hizo que parte del techo sobre sus pies se derrumbase y ambos cayesen varios metros más abajo en una estancia. Haydar que cayó encima, aprovechó que Turán estaba aturdido por el dolor y el polvo y se fugó corriendo por la calle. Cuando el jefe de la guardia real salió fuera de la vivienda vio algo sorprendente, muy a lo lejos, al final de la calle, el pirata estaba subiendo por una cuerda mágica luminosa que se sostenía erguida en el aire, luego, al llegar arriba de un alto muro, la recogió y escapó, desapareciendo de su vista.

Haydar bajó por ella al otro lado del muro, y la guardó de nuevo. Entonces se dio cuenta que su herida era cosa seria, no paraba de sangrar. Debía tener alguna costilla lastimada.

En la puerta de la vivienda donde habían luchado, desde donde había visto aquel prodigio...
 -¡Mierda! ¡No sé cómo lo hace, pero ese condenado pirata siempre se nos escapa! ¡No sé qué habrá hecho para que Alá esté de su lado! -maldijo Turán, encolerizado.





****




En una remota y perdida isla secreta, a ojos del resto del mundo, del mar Egeo, propiedad de un malvado brujo llamado Zainab... que odiaba desde hacía mucho a Haydar debido a que éste se hizo con una mágica alfombra voladora que él había ansiado y buscado mucho tiempo antes, y que odió aún más cuando tras conocer a Walesa al secuestrarla, para intercambiarla por aquello que siempre anheló, se enamoró de ella, y supo tras quedarse sin ambas, que ésta también correspondía en su amor al pirata, al verla abrazada a él, besándolo, tras su rescate... éste estaba, junto a su ayudante, y su mascota un loro parlante estudiando un malévolo plan para acabar de una vez por todas con su enemigo...




Continuará...

martes, 30 de junio de 2015

Colaboración con Mil y un Relatos







Hoy os traigo una maravillosa noticia. Voy a colaborar con Carmen De Loma y su blog Mil y un Relatos en una historia conjunta, escrita a dos manos. Se trata de una serie de diez relatos que se llamará "Haydar", del género de ficción-histórica. Para que os hagáis una idea es del estilo de "Las Mil y una Noches" y estará ambientada en el año 788 dC en la época dorada de la dinastía Abbasí. Durante el califato de Harum-al-Rashid.



SINOPSIS

Haydar es un pirata que vive por y para vivir aventuras. Amigo de sus amigos y con una atracción innata hacia las mujeres, vive un amor a dos bandas entre Walesa -por quien siente amor sincero-, que es una joven humilde que vive en Bagdad; y Mirza, una pirata de armas tomar que desborda sexualidad y que le tiene engatusado.

Y en medio de todo esto, vivirá la que será su mayor aventura, en la que se tendrá que jugar la vida en más de una ocasión y en la que deberá escoger su camino a seguir.




Los relatos se escribirán de la siguiente forma:

1º-Yo.
2º-Carmen.
3º-Yo.
4º-Carmen.
5º-Yo.
6º-Carmen.
7º-Yo.
8º-Carmen.
9º-Yo.
10º-Carmen.



Ambos colgaremos cada uno de los relatos, según estén acabados, sea quien sea el que lo ha escrito, en nuestros blogs, ella en su sección "Colaboración entre blogs", y yo en mi sección "Relatos".

Espero vuestros comentarios, a ver que os parece la idea.

Saludos.





domingo, 28 de diciembre de 2014

Capítulo 30 de Dragonstones 1








LA FELICIDAD HA VUELTO





Muchas cosas pasaron durante el mes siguiente al término de la guerra…



Una vez se ocuparon de los muertos y los heridos, los días sucesivos en Longoria, fueron especiales porque… una parte de los dragones verdes se marchaba de nuevo a su tierra. Aunque, los que habían servido de montura al grupo, no lo harían, por el momento.





Todos se encontraban en las puertas del sur de Longoria aquella mañana. Había pasado una semana desde que terminó la guerra. Y allí, ante todos, se encontraban dos grupos de dragones: el que se marchaba, y el que aún se quedaba.

Ázumack, su líder, les dijo:

-Partid hacia nuestra tierra. Pronto nos volveremos a encontrar. Cómo nos gustaría a nosotros poder marchad también. Pero, aún tenemos que llevar a nuestros jinetes a Silvanya, después que los elfos silvanos regresen a su pueblo.

-Os estaremos esperando. Hasta entonces -expresó uno de los que se marchaban.

-Corta será la espera Ázumack. Pronto podréis partir a vuestra tierra -intentó tranquilizarlo Silvan.



Y dicho esto, uno de los grupos de dragones verdes se elevó del suelo, para volar hacia el este. Mientras, tanto longorianos como elfos se despedían de ellos agitando los brazos.





En la siguiente semana, antes que los altos elfos se marcharan a la isla de Loft; tanto los longorianos, los elfos silvanos, como ellos, se reunieron en un concilio, y acordaron una alianza entre los tres reinos… para ayudarse en tiempos de guerra.

En ella estuvieron presentes: el Rey Mónckhar, ya recuperado, y el príncipe Ántrax, por parte de Longoria; el Rey Almare, por parte de los elfos silvanos, y el general Vanya, por parte de los altos elfos.



Tras esta alianza, fueron estos últimos los siguientes en partir, hacia sus tierras. La despedida no fue muy emotiva. Pues los altivos elfos no eran muy dados a mostrar sus sentimientos. Pero, sí recibieron con mucho cariño los agradecimientos por haber acudido a ayudar a Longoria, por propia iniciativa. Así que los dos mil quinientos que aún quedaban, partieron volando en sus pegasos hacia la isla de Loft.



Su Rey, Eldaron, ya esperaba su vuelta. Ya que había observado todo acontecido hasta el momento, en su espejo mágico élfico. De modo, que hizo los preparativos, para que fuesen recibidos como se merecían.







En la tercera semana, el general de los elfos silvanos, Máblung, por fin se recuperó de sus heridas. De manera, que ya sólo quedaba Isilion malherido.



Una mañana, sucedió algo que alegró enormemente a Mialee...



Su amado, que había recobrado la conciencia una semana después de la guerra; no recobró entonces la vista, e incluso hasta hace dos días había tenido los ojos vendados.



...Aquella mañana, se despertó diciéndole entre lágrimas de alegría:

-¡Puedo verte!



Ella que había estado junto a él desde que lo hirieron y, que sólo se había separado de él breves instantes, en contadas ocasiones, no pudo reprimir su alegría y lo abrazó con todas sus fuerzas, regalándole un beso lleno de amor.



Luego, hizo llamar a su padre…



Cuando el Rey Almare llegó y vio que se le había curado la ceguera, también se alegró.

Entonces, Mialee e Isilion, se sinceraron con él, y le contaron lo que sentían ambos el uno por el otro; y él le pidió casarse con ella.



El Rey Almare se sorprendió un poco… no de lo que le dijeron, ya que había intuido los sentimientos por parte de ella. Sino, del atrevimiento, la entereza, y la sinceridad con la que Isilion le pidió la mano de su hija. La que algún día sería reina de Silvanya.



-Veo, que en verdad, tus palabras son sinceras. Además, tu valía tanto en la búsqueda de la piedra verde como en la guerra, y tu valentía a la hora de pedírmelo, merecen mi respeto.

También, creo que junto a ti, mi hija será muy feliz; pues, he visto cuanto te ama y ha sufrido por ti, durante tu convalecencia. Así que… te concedo la mano de mi hija.

Dentro de unas semanas, cuando volvamos a nuestro pueblo… ¡se celebrará la mejor boda que en Silvanya se haya visto! -terminó exclamando Almare.

-Gracias padre -se expresó la princesa Mialee en idioma élfico, abrazando a su padre.

-Estoy deseando verte vestida de novia. Estarás hermosísima.





Días más tarde… transcurrido un mes desde que terminó la guerra; tanto Isilion como el resto de heridos, se habían restablecido totalmente, y las salas de curación quedaron vacías.



Ahora sí, era momento para alegrías.



El grupo aprovechó para dar vueltas en los dragones verdes y disfrutar de los paisajes que rodeaban la ciudad de Longoria. El día siguiente, sería un día importante y largo, pues se celebraría una fiesta en la que durante la mañana al grupo de héroes se les reconocería los méritos por conseguir la piedra verde, y por vencer a las fuerzas del mal. Luego, en la tarde, se celebraría un gran banquete en honor, también, a la última noche que los elfos silvanos pasarían allí.

Se haría alrededor de palacio; situando las mesas en la calle circular que lo rodeaba. Y, por último, ya entrada la noche, se realizaría un baile, ya dentro, con ropas de gala.





A la mañana siguiente, la calle principal, que iba desde las puertas del sur de Longoria hasta palacio… estaba atestada de gente que querían ver la entrada del grupo de héroes. Asimismo, las murallas estaban llenas de soldados longorianos que vitoreaban a los héroes al entrar por las puertas. Éstos, aunque vestían ropas de guerra… no llevaban ni cotas de mallas, ni armadura. Las ropas actuales eran mucho más vistosas que las anteriores. Se las habían hecho para esta ocasión especial. Del mismo modo, sus monturas: los caballos, los unicornios, y el pony, habían sido lavados, peinados y aceitados. Como a sus jinetes, los vistieron para la ocasión, excepto a los unicornios, que nunca llevaban nada encima, aparte de ellos.



Primero, iban volando, a baja altura, los ángeles, Ilene y Láslandriel; uno a cada lado de la calle, encabezando el grupo junto a Silvan, que montaba su caballo marrón oscuro, y Kevin, que montaba su unicornio color ocre. Tras ellos, iban Susan y Éric, montados en los suyos, el blanco y el negro. Luego, Lana y Eléndil, montados en sus caballos. Seguidos de Mialee e Isilion, montados en sus unicornios: el de ella de color marrón, y el de él color cobrizo con las crines y la cola de color crema. Detrás, marchaban Tristan en su caballo robusto, y Gúnnar en el pony. Y por último, Alan e Éaguer, ambos en caballos (el antiguo Señor de la Guerra de los jinetes del caos montaba el que antes llevaba Justin).



Las gentes los aclamaban… y desde los balcones de las casas junto a la calle, les lanzaban pétalos de todo tipo de flores.



Por fin, llegaron hasta palacio, dónde los esperaban desde arriba de las primeras escaleras: los reyes de Longoria, Mónckhar y Thora, su hijo Ántrax, y el Rey Almare y el general Máblung de Silvanya.



A todos les reconocieron sus méritos, y les hicieron regalos reales. Tras esto, se lanzaron palomas blancas en señal del termino de la guerra, al cielo azul de aquel día despejado, dónde los tres soles: el amarillo, el blanco y el rojo, lucían en lo más alto.

Luego, se inició el banquete dónde todos comieron y bebieron todo lo que quisieron de las mejores exquisiteces, y rieron como no lo hacían desde hacía mucho tiempo.

Cuando oscureció, y las dos lunas, la blanca y la gris, junto a las estrellas inundaron de luz aquella noche, se lanzaron fuegos artificiales de mil colores, y todos se quedaron a verlos, antes de entrar a palacio.

Antes del baile, todos cambiaron sus ropas por otras elegantísimas para la ocasión; y comenzaron una noche, en la que bailaron juntos: los reyes de Longoria, Isilion y Mialee, que también bailó con su padre, Ilene y Láslandriel, Lana y Silvan… y hasta Kevin y Susan, que bailó, también, con su hermano Éric.





La mañana siguiente a la fiesta, todos se levantaron tarde. Y los quinientos soldados del ejército de los elfos silvanos; comandados: por el general Máblung, junto al Rey Almare, a su hija Mialee, e Isilion; se despidieron de los longorianos. La princesa y su padre marcharon en los unicornios, ya que su prometido le dejó el suyo al rey. Los demás fueron a pie hacia el bosque Iluminado, para preparar en Silvanya, la boda élfica.





Unos días después, cuando los preparativos de la boda se habían hecho; partieron en sus caballos: el Rey Mónckhar y la Reina Thora de Longoria, junto a su hijo Ántrax… con una pequeña escolta, y la dama de compañía de la reina, Erwlyn.



Y un día después, que estos… partieron montados en los dragones verdes, a los que ya les habían puesto silla de montar, el grupo de héroes. Entre ellos, volaban los ángeles Ilene y Láslandriel.



Cuando todos llegaron a Silvanya, les quitaron las sillas y se despidieron de los dragones con mucho cariño. Silvan le agradeció la ayuda prestada a su líder Ázumack. De modo, que éstos partieron para reunirse con sus compañeros, en su tierra.





Unas horas después, comenzó la boda silvana. La mayoría vestían las ropas que habían utilizado en el baile de Longoria. Sin embargo, Mialee e Isilion vestían ropas más hermosas, aún.

La princesa elfa estaba radiante, con un vestido hecho por las pequeñas hadas del bosque iluminado. Sus cabellos estaban semirrecogidos, y varias trencillas caían de su cabeza. Una diadema la cubría, y pequeñísimas flores adornaban sus cabellos y su vestido blanco-esmeralda. Una delicada luz emanaba de éste, producto de la magia de las pequeñas hadas.

Isilion no llevaba nada especial en la cabeza… a pesar de ello, Mialee pensó que estaba más guapo que nunca.

Con el intercambio de alianzas, se culminó el enlace; al que asistieron además de los elfos silvanos… los hombres longorianos, los ángeles Ilene y Láslandriel, el bárbaro Tristan, el enano nórdico Gúnnar Ódegaard, las pequeñas hadas, los wíngedelfs (o duendes alados), las dríades, los duendes, y los gnomos. También, asistieron un gran número de animales, y pequeños pájaros cantores.



Tras éste, vino un banquete propio de elfos. Y luego, comenzó la música y el baile. En ésto, eran expertos, pues amaban el arte, y había entre ellos muchos: músicos, trovadores, bailarines, saltimbanquis o bufones.



La boda, y la fiesta de después, fueron un enorme éxito.



Entre ella se encontraban: Susan, Kevin, y Éric, que no pudieron evitar hablar sobre su llegada al mundo de Shakával.



Recordaron con añoranza que pertenecían a otro mundo, La Tierra. Y que allí, habían dejado a sus familias, que no sabían nada de ellos desde aquel día en que La Piedra Multicolor los transportó a este mundo. Hablaron además, de las aventuras y peligros que habían vivido buscando la primera de las Dragonstones; y de cuando lo consiguieron, que tuvieron que acudir con los dragones verdes para salvar a Longoria de una guerra, en la que vencieron.



Ahora estaban en paz; pero en el futuro, tendrían que buscar las Dragonstones que quedaban, para poder volver a su mundo… y para salvar Shakával, de las fuerzas del mal, y de su líder, Ízmer.