Mostrando entradas con la etiqueta piratas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta piratas. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2016

Haydar. Capítulo 5. El Leviatán.



Hola.

No sé si recordaréis la historia de Haydar, escrita junto a Carmen De Loma. El capítulo cinco está escrito de nuevo por mi.


*Aclarar que aunque algunos personajes y datos son reales, la historia en su totalidad es fictisia.


Para acceder al resto de capítulos haz click aquí.





El Leviatán



Dejaron el Furia de los Mares atracado en un puerto recóndito de Kufa, a buen seguro, a cargo de un hombre de confianza. A continuación fueron a ver al más afamado mercader de la ciudad.
 –Hola. Por aquí se comenta que tienes los mejores camellos y dromedarios del lugar. ¿Es eso cierto? ‒preguntó Haydar.
 –Venga conmigo y se los enseñaré.
De camino el hombre le preguntó:
 –¿Cuáles prefiere?
 ‒Los dromedarios. Para mí son mucho más cómodos.
 –Bueno. Todo es cuestión de gustos. Hemos llegado. Aquí los tienes.
Tras verlos le compró  la mayoría de ellos y se pusieron camino a Damasco.

***

Walesa, Mirza y Yazdi tras dejar la Fulana de Alá en el puerto, también acuden al mismo mercader.
 ‒Hola. Veo que ya te compraron casi todos los dromedarios así que yo te pagaré por los camellos –le dijo Mirza, cuando fue a verlo donde los tenía.
 ‒Parece que hoy es mi día de suerte. He ganado más que un mes entero.
Tras pagarle Mirza se llevó los camellos e iniciaron su viaje.
Después de encontrar varias pistas de ellos en cada una de sus paradas, pronto ven el grupo de dromedarios de Haydar. Y aunque no los distinguen, están seguros que son ellos.
 ‒Aún están muy lejos para distinguirlos pero ya podemos ver al grupo –le dijo Yazdi tras mirar con su catalejo.
 ‒Seguiremos así; siguiéndolos a una distancia prudencial –dijo Mirza.

***

 ‒Haydar compruébalo tú mismo. Tras nosotros marcha otro grupo pero, están tan lejos que es imposible averiguar quiénes son –le indicó Nasser.
 –Ya veo. Estar preparados para cualquier cosa. Hasta que no sepamos quienes nos siguen, debemos estar alerta.

El viaje fue tranquilo hasta que a medio camino fueron sorprendidos por unas criaturas que algunos creían extinguidas durante la prehistoria, un grupo de aves del terror, unas aves carnívoras que no podían volar, que medían unos dos metros y medio, y que tenían dos poderosas y alargadas patas similares a las avestruces, aunque mucho más grandes, un gran pico curvado y un penacho en la cabeza.
 ‒Quedaos quietos. Al menor movimiento atacarán –les advirtió el mago Yasim. Las aves se encontraban a unos cien metros delante de ellos, hurgando en las madrigueras de algún tipo de mamífero roedor que había en la tierra. Pero al verlos, levantaron la cabeza expectantes. Para ellas el menú había mejorado considerablemente. Estaban esperando a ver que hacían ellos, y actuar en consecuencia. ‒Quedaos aquí. Dejad que yo lo resuelva. Intentaré detenerlas –para incitarlas a que lo atacaran, poco a poco se fue acercando  hacia ellas. Éstas que eran tres, lo miraban nerviosas. Una de ellas, probablemente la líder, comenzó a emitir leves gorgojitos, hasta que de pronto elevó la cabeza hacia el cielo, y emitió un temible graznido. Era su grito de guerra, el que indicaba a las demás que era el momento de atacar. Las tres comenzaron a correr dando enormes y rápidas zancadas hacia el mago, que las esperaba preparado. Éste comenzó a formar dos grandes bolas de fuego en sus manos y las lanzó.  La primera de ellas acertó en una de aquellas aves que se prendió de pronto y comenzó graznar y a correr como poseída sin ninguna dirección establecida. La segunda no dio en el blanco, la líder, y ésta tras alcanzarlo en su carrera sólo tuvo tiempo para embestirlo y derribarlo. Pronto se preparó para rematarlo pero entonces, los piratas de Haydar en un intento de salvar la vida del mago se pusieron a dar gritos y hacer aspavientos para llamar la atención de las dos aves que quedaban. La tercera pareció que les hizo caso, y se lanzó tras ellos, y tras de ella, la siguió su líder. Entonces los piratas intentaron atacarla  con sus cimitarras pero no lograban acercarse lo suficiente como para alcanzarla. Pero ella sí hizo lo propio con uno de ellos, un pirata de los menos importantes, de un picotazo le arrancó el brazo entero. El herido, despavorido, corrió por su vida mientras gritaba de dolor, y sangraba como nunca. Suerte que Albur, el certero pelirrojo se encontraba cerca, y comenzó a lanzarle sus cuchillos a la bestia. Todos dieron en la diana. El ave del terror cayó desplomada sobre la tierra momentos después, aplastando y acabando con la vida del pirata que había herido.
Yasim al ver que las aves atacaban a la tripulación, aunque dolorido y aturdido por el fuerte golpe, intentó levantarse para acudir en su ayuda. Cuando lo hizo, vio a Haydar utilizando su cuerda mágica a modo de cuerda de rodeo, y que consiguió lanzarla e insertarla en el cuello del ave del terror líder. Luego sujetó la cuerda con fuerza, y antes de caer a tierra y verse arrastrado por el ave, dio un tremendo salto y con una acrobacia logró alcanzar la parte trasera del ave y agarrase con fuerza. Debido a la altura del animal, no logró lo que pretendía, subir a lomos del ave, para cortarle el gaznate. Y ahora se encontraba en peligro, pues ésta podía dejarlo caer o intentar quitárselo de encima a picotazos. Desde lejos, Yasim observaba pero, no podía lanzar su bola de fuego o acabaría con Haydar también. Alrededor de la acción se encontraban Nasser, Alí, y Jaffar, el jefe de la guardia real del califa… Albur se encontraba demasiado lejos para ayudarlo, y aún no había conseguido recuperar sus cuchillos del ave que mató.
Harto del incordio de Haydar el ave decidió intentar quitárselo de encima a picotazos, pero el pirata que al mismo tiempo se sujetaba al ave  y a la cuerda, decidió soltar al animal y agarrarse fuertemente a ella. La sacudida fue brutal, el ave no consiguió alcanzarlo pero el voló por los aires sujeto a la cuerda, que a su vez casi estrangulaba el cuello  del ave. Pero en ese momento, algo sucedió… Jaffar sacó de pronto unas boleadoras y las lazó a las patas del animal, donde se enredaron y lo dejaron caer. Haydar aprovechó entonces para matarlo como pensó en un principio.
 ‒¡Malditos pájaros del terror! ¡Hemos perdido a un hombre y menudo dolor de espalda me ha dejado a mí! –expresó.
 ‒Míralo de otra manera. Por lo menos tendremos comida para una buena temporada –dijo Jaffar, al que poco le importaba la muerte del pirata. A los demás no pareció compensarle la pérdida.
Tras enterrar a su compañero, descuartizaron a las aves y las trocearon. Guardaron la mayoría de la comida y otra poca la asaron y se la comieron.
Ya por la tarde, continuaron hacia Damasco, en busca del puerto marítimo de Sidón.

***

Horas después, cuando ya anochecía, el grupo de Mirza llegó hasta al lugar donde Haydar había tenido el suceso con las aves del terror.
 ‒Mi señora, debió sucederles algo aquí. Mirad… –Yazdi le mostró la tumba de un pirata que había descubierto.
 ‒Ya veo. Inspeccionar la zona a ver que más descubrís.
Los hombres de Mirza vieron los restos de huesos y plumas, y de la fogata. Así que pudieron intuir en parte lo que había sucedido. Como ya era muy tarde, decidieron parar allí mismo a cenar y descansar.

Algo más tarde, cuando todos excepto Yazdi que hacía guardia, estaban dormidos, se vieron sorprendidos por el ataque de unos bandidos.
 –¡Despertad! ¡Nos atacan! ‒gritó al ver a sus enemigos y descubrir a dos o tres compañeros suyos degollados. Enseguida todos los demás despertaron y echaron mano a sus cimitarras, y comenzaron a luchar con los bandidos.
Walesa, que al igual que los demás había despertado con los gritos de Yazdi, llevaba un rato intentando deshacerse de las cuerdas de muñecas y tobillos que la mantenían prisionera. Tras varios intentos fallidos logró alcanzar la cimitarra de uno de los bandidos que había caído muerto a sus pies. La sujetó por el lado que no cortaba entre la suela de sus dos zapatos y poco a poco consiguió rasgar la cuerda de sus tobillos. Luego, la aprisionó entre sus muslos para mantenerla firme con el filo cortante hacia arriba y continuó con las cuerdas de sus muñecas. Una vez libre, se llevó la cimitarra e intentó aprovechar la confusión para escapar en uno de los camellos hacia el grupo de Haydar para unirse a ellos…
…Casi lo consigue de no ser por Yazdi, que tras descubrirla en su huida, la siguió en otro de los camellos.
 –No dejaré que escapes. Eres un trofeo muy preciado para mi señora. La mejor baza que tiene para chantajear a Haydar. ¡Arre! ¡Arre! ‒gritó a su camello, al tiempo que lo azuzaba con los pies.
 –Oh, no. Ese maldito Yazdi me ha descubierto ‒se dijo Walesa–. ¡Arre! ¡Arre!
El pirata no tardó en alcanzarla y lanzarse de un salto hacia ella y tirarla al suelo. Ella logro levantarse antes e intentó defenderse con la cimitarra que había cogido.
 ‒¿Seguro que sabes usarla? Suéltala, no te vayas a cortar preciosa. No quiero que te lastimes. Sería una lástima que Haydar recibiese su regalito con rasguños.
 –No te acerques ‒le advirtió Walesa, al ver que estaba desarmado.
 –Tranquila. No sufriré ningún daño. Y ninguno de los dos queremos que tú tampoco ‒se fue acercando poco a poco, y cuando estaba a su altura Walesa en un torpe intento, dada su inexperiencia, lo atacó con la cimitarra. Yazdi sacó de pronto un puñal escondido de cada una de sus botas, y paró el golpe y luego le arrebató la cimitarra. –Ahora vas a regresar conmigo sin oposición alguna. ¿De acuerdo? ‒Walesa no contestaba– ¿De acuerdo?
 ‒De acuerdo –contestó al fin. Y los dos regresaron lentamente con los camellos.

Cuando regresaron se encontraron con que la tripulación de Mirza que era mucho más numerosa y mejor guerrera que los bandidos que atacaron por sorpresa, acabaron con sus contrarios que yacían todos muertos, pero entre ellos también habían algunos compañeros sin vida ‒pudo ver Yazdi. Luego le contó a Mirza el intento de huida de Walesa. La capitana le dijo que ya hablaría con ella más adelante. Ahora era momento de enterrar a sus hombres y dedicarles unas palabras. Y así lo hicieron, antes de marcharse.

***

Durante su paso por Damasco tanto Haydar como Mirza decidieron vender sus dromedarios y camellos, ya que en Sidón seguramente no lo conseguirían por ser una ciudad portuaria. Así que tuvieron que hacer el resto del camino hasta el mar a pie.

En Sidón les esperaba el Furia de los Mares II y los tres barcos con los hombres del califa Harún.
Ya en el barco, antes de partir, el pupilo de Yasim, el espía infiltrado se apareció ante él y le informó sobre los barcos de Idrís. Luego, el mago fue a contárselo al capitán.
 –Haydar, tengo que hablar contigo.
 ‒Dime Yasim.
 –Mi pupilo me ha informado que los barcos de Idrís se dirigen a la isla de Creta. Dice que allí los esperará el brujo.
 ‒Gracias por la información. Estaremos preparados cuando tengamos que enfrentarnos a ellos. De momento, como le dije a Nasser nos dirigimos a la isla de Thera, pero antes de llegar haremos una parada en la calavera ardiente.

Poco después, El Furia de los Mares II y los tres barcos del califa partieron de Sidón…
… Y algo más tarde, poco después de llegar, Mirza con La Fulana de Alá II,  siguió al barco de Haydar desde la distancia.

***

  ‒¡Aaahhh! –gritó Sadiq mientras Gunaid le curaba la herida de la cabeza. Se encontraba encarcelado, y con argollas en pies y manos que lo sujetaban a la pared.
 –Quédate quieto, o no podré vendártela.
 ‒¿Qué fue del ogro? ¿Murió?
 –Jajaja. Que iluso. ¿Eso creíste? No, aún vive. El Guardián es un hueso duro de roer. Ni siquiera tiene heridas. Bien. Esto ya está. ¡Guardias, abrir la puerta!
 Los dos hombres que vigilaban el calabozo abrieron, entraron, y cerraron de nuevo. A continuación dejaron libre a Sadiq de las argollas y volvieron a salir y cerrar el calabozo.


***

El pirata que había logrado escapar del Guardián, por fin llegó al barco.
 ‒¡Es el Rubio! ¡Ha vuelto! –gritó uno de los piratas, nada más verlo.
 –¡Escuchadme todos! ‒les dijo una vez a bordo–. La isla estaba custodiada por un ogro gigantesco. Luchamos con él, pero algunos de los que salimos murieron. Cuando escapé tan solo yo y el capitán seguíamos con vida. No sé lo que le habrá sucedido. Así que esperaremos hasta mañana a ver si vuelve, sino zarparemos. Mientras el capitán no esté yo me haré cargo. ¡Entendido! ‒para la tripulación la noticia fue un duro golpe. Pero, hasta que no viesen el cuerpo de su capitán sin vida, no lo darían por perdido. No se tomaron a mal el mandato del Rubio pues era el segundo al mando, y ya lo habían visto en esa situación más de una vez, y lo hacía muy bien, aunque no tanto como su capitán, al que adoraban y tenían mucho cariño.

***

 –En cuanto amanezca partiremos en el Roc hacia Creta. Allí esperaremos a Idrís –dijo Zainab.
 ‒¡Idrís! ¡Idrís! –repitió el loro.
 ‒¡Calla Sultán! –el ave pareció hacerle caso.
 ‒Sigo sin fiarme de ese tal Idrís –declaró Gunaid.
‒No nos queda más remedio que seguirle el juego.

A la mañana siguiente, el aprendiz del brujo fue a buscar a Sadiq. El pirata había pasado una mala noche. No había dormido nada pensando en cuál sería su destino y el de su tripulación.
A empujones, los guardias que acompañaban a Gunaid, lo llevaron a la playa. Allí los esperaba Zainab subido ya al Roc. Sadiq se llevó una tremenda impresión, era inmenso. Sin embargo, no tuvo más remedio que subir al él junto a Gunaid. Seguidamente, la enorme ave levantó el vuelo e inició su viaje.

***

Cuando los piratas del Esperanza vieron al Roc surcar los aires, no supieron que pensar hasta que Sadiq al pasar sobre ellos dejó caer una prenda suya sobre el barco, que recogió el Rubio.
 –¡Es de nuestro capitán! ¡Sigue vivo! ¡Viaja en el Roc! ¡Piratas levad anclas, hay que seguir a esa ave!

***

 ‒Parece que tus piratas nos siguen. Ilusos… no saben que el Roc es mucho más rápido que vuestro barco. Pronto los dejará atrás –dijo el brujo.
 ‒¿A dónde nos dirigimos? –preguntó Sadiq.
 ‒En principio a la isla de Creta en busca de aliados pero, nuestro verdadero destino es la isla de Thera.
Al pirata se le hizo un nudo en la garganta al conocer el lugar donde se escondía el cetro. Esa isla estaba maldita.
El Roc avanzaba bastante en muy poco tiempo, y Sadiq, vencido por el cansancio y el sueño, terminó por dormirse agarrado al ave.


***

El Esperanza los siguió  mientras pudo pero, pronto lo perdieron de vista. Por suerte para ellos conocían bastante bien aquellos mares y, en aquella dirección solo había un destino, la isla de Creta.


***

 –Espero que ese brujo esté donde acordamos cuando lleguemos. Si falta a su palabra sabrá quién es Idrís ben Abd-Allah ben al-Hassan.
 ‒No creo que lo haga si le tiene algún aprecio a su vida –sonrió maliciosamente Jaffar. Rasid, el mayordomo, sabía muy bien que aquellos dos no exageraban. Había visto en más de una ocasión lo crueles y sanguinarios que podían llegar a ser.

Horas más tarde los tres barcos de Idrís llenos de sus tropas ‒los awraba (bereberes)– llegaban a la isla de Creta. Entre ellos se encontraba infiltrado y camuflado el aprendiz de mago de Yasim.
Como acordaron el brujo los esperaba en el sitio hablado.
 ‒Bienvenidos. Espero que el viaje haya sido lo más plácido posible, y no hayan surgido contratiempos ‒los recibió Zainab.
 –Para nada. Al contrario. Estaba deseando llegar. Me moría del aburrimiento –le contestó Idrís.
 ‒Pues nosotros estamos preparados y nuestro Roc también. Así que cuando deseéis podemos partir.
 –No tengas tanta prisa. Mis hombres saldrán a por varios cargamentos de provisiones, cuando las embarquen partiremos. Si estás de acuerdo, claro está ‒el brujo mascó entre dientes y rumió unas palabras que nunca salieron de su boca pero, al final contestó:
 –Estoy de acuerdo. No hay ningún problema.


***

Tras un largo viaje EL Furia de los Mares II por fin llegó a la isla pirata donde se encontraba la taberna “La Calavera Ardiente”. Ya en ella…
 ‒¡Haydar! ¡Qué grata sorpresa para mí cada vez que decides venir a pasar un rato por aquí! ¡No todos los días el mejor pirata jamás conocido se digna a acompañarnos! –dijo el tabernero.
 ‒No seas exagerado. No es para tanto.
 ‒Hija, sírveles todo lo que deseen. Mientras estén aquí, como siempre invita la casa… a él,  a todos los que lo acompañen, y por qué no… a todos los presentes.
 –Gracias. Si es así me tendré que ir pronto o te arruinaré. ¡Jajaja!
 ‒¡Jajaja! –rió también Nasser. Alí, Albur, y los demás piratas comenzaron a beber y divertirse. Turán y el mago Yasim que no eran muy bebedores prefirieron comer algo.

Tras desconectarse un par de horas retornaron su viaje.
 ‒¡Haydar han visto un barco! –le comentó Alí.
El capitán cogió su catalejo y miró…
 ‒¡Vaaaya, pero si es La Fulana de Alá II! Parece que Mirza nos sigue. Si es así, debe saber que buscamos El Cetro de la Luz Sagrada.
 –¿Qué hacemos Haydar? ‒le preguntó Nasser.
–Dejadla que nos siga. La isla de Thera seguro que guarda muchas sorpresas. Quizás necesitemos su ayuda.
 ‒¿De verdad esperas que lo haga?
 –No. Pero si no lo hace, la isla será quien los detenga. Si la cosa se pone difícil, puede que lo mejor sea que nos ayudemos unos a otros. Ya dictará la isla quien es el que merece conseguir el cetro.
 ‒Parece que Walesa no es la única que te tiene engatusado. Aún guardas buenos recuerdos de esa tigresa –comentó Alí.
 ‒Es difícil olvidar a una tigresa así –Nasser y su compañero lo miraron y después se miraron entre ellos.
 ‒¡Jajaja! –rieron ambos‒. Seguro que sí, Haydar –dijo al final, Alí.

Avanzaron y cuando aún les quedaba bastante para llegar a la isla de Thera, frente al Furia de los Mares II las aguas hervían y resplandecían en la superficie, y entre ellas había varios remolinos.
 ‒¡Haydar gira el timón de inmediato! –el capitán le hizo caso a su hombre.
 ‒¡¿Qué ocurre Alí?!
 ‒Ven y compruébalo con tus propios ojos.
 –Está bien. Albur coge el timón ‒Haydar, Nasser, Turán y Yasim fueron donde Alí.
 –¿Qué crees que puede ser?
 ‒No creo que sea ningún volcán submarino.
 ‒¿Y entonces? –preguntó Turán.
 ‒Algo mucho peor –habló entonces el mago‒. No quiero asustaros hasta que lo vea con mis propios ojos pero, creo que se trata de un Leviatán, el monstruo más terrorífico que pueda habitar estas aguas. Los libros hablan de una serpiente gigantesca, incluso más grande que un barco, con cabeza de dragón. Por su hocico expulsa humo negro, pues su aliento quema como el fuego que arroja por su boca cubierta de inquietantes y afilados colmillos. Y ahí no termina todo, por sus rojos y ardientes ojos se dice que desprende rayos luminosos. A su paso el agua toma el mismo aspecto que ésta. Así que debe estar cerca.
 ‒Un Leviatán. Que los dioses nos protejan. Había oído hablar de ellos en las leyendas pero, nunca creí que me encontraría con uno –expresó Nasser.
 ‒Y, ¿qué podemos hacer contra él? –preguntó Haydar.
 ‒Poco. Su piel es impenetrable, no hay arpón, lanza, flecha o espada que pueda atravesar sus escamas duras como escudos. Lo mejor es evitarlo –le contestó Yasim.
 ‒Pero, ¿y si no podemos escapar de él? ‒preguntó Turán.
 –Reza para que lo consigamos, jefe de la guardia real, o no volverás a ver al califa ‒le respondió Nasser.
 –Parece que hemos podido evitar la zona de remolinos y aguas hirviendo ‒observó el mago.
De pronto una enorme sacudida casi vuelca el barco de lado y todos cayeron al suelo, algunos incluso se golpearon e hirieron, el agua saltó dentro del barco y lo mojó todo.
 –¡Maldita sea! ¡Albur agarra ese timón con fuerza y no sueltes! ¡De ello dependen nuestras vidas! ¡Los demás que hacéis tirados por el suelo! ¡Eso es lo que sois! ¡Por todos los dioses, somos piratas! ¡El orgullo de todos ellos! ¡Vamos a dejar que ese monstruo arroje al mar nuestro barco! ¡Al Furia de los Mares II aún le quedan muchas más aventuras por vivir! ¡Hagamos de ésta una más que podamos contar! ¡Vamos, todos alerta y en sus puestos! ¡Nasser encárgate de que algunos miren si ha logrado abrir algún socavón! ‒Haydar ejerció como el líder que se esperaba de él.
 –Vamos vosotros venid conmigo tenemos que asegurarnos que no hay ningún agujero por el que entre agua.
Justo cuando Nasser y los piratas que eligió desaparecieron por el barco, hizo aparición el monstruo. El Leviatán se levantó impresionante y desafiante sobre las aguas.
 ‒¡Qué Alá nos proteja, es incluso más  grande de lo que esperaba! –Yasim, los ojos desencajados, por un momento pareció paralizado, luego volvió en sí ‒Tengo que hacer algo.
 –Yo también. Voy a mi camarote. Enseguida regreso ‒dijo Haydar.
Momentos después, ya en él, abrió un arcón y de dentro sacó algo –Sabía que te guardaba aquí. Espero que seas útil, y me sirvas para esta ocasión –dijo para sí. Era una túnica con capucha mágica. Era impermeable, ignífuga y aislante del frio y el calor. No perdió tiempo alguno en ponérsela e irse en busca de otra cosa, su alfombra mágica. La cuál cogió enrollada y se la llevó bajo el brazo.
Cuando volvió se encontró a Yasim intentando detener con su magia, cada uno de los fogonazos del Leviatán.
 –¡Haydar has regresado! ¿Tienes algo en mente? Si es así espero que sirva de algo.
 ‒Así es. Veremos si da resultado –el capitán desenrolló la alfombra mágica que al instante  levitó sobre la superficie del barco y se subió en ella y salió volando hacia el monstruo.
 ‒¡Haydar ten cuidado! –le advirtió el mago.
 ‒¡Descuida, lo tendré!
El valiente pirata sobrevoló alrededor del monstruo y éste intentó quemarlo arrojándole fuego. Haydar lo esquivó con una rápida maniobra de su alfombra voladora, luego intencionadamente se dirigió hacia su boca y el Leviatán se lo tragó.
 –¡Oooooh! ‒exclamaron muchos de los piratas de su tripulación.
 –Tranquilos. Creo que forma parte de su plan ‒dijo el mago.
Ya dentro del monstruo Haydar volaba con su alfombra y la túnica puesta el esófago del monstruo. Debía encontrar lo que buscaba antes que el Leviatán exhalará un nuevo chorro de fuego. Para su suerte, cuando comía no solía hacerlo hasta que su estómago hubiese descompuesto el alimento.
A pesar de la túnica y su capucha, tenía el rostro semidescubierto y el calor además del hedor eran agobiantes, y casi mareaban. Pero por fin dio con lo que buscaba. Algo más adelante, la membrana del esófago parecía palpitar y latir, justo detrás debía encontrarse el corazón de la bestia, éste se hallaba justo antes de los pulmones que también estaban alrededor del esófago. Sin perder un instante más Haydar sacó sus dos cimitarras y las clavó con toda su fuerza en el corazón… y un tremendo alarido sonó durante un segundo. Su acto provocó un tremendo estruendo seguido de algo semejante a un terremoto. Haydar se marchó de vuelta a la boca, no sin antes cerciorarse de que el corazón que emanaba sangre  a borbotones estaba herido de muerte.
Fuera todo sucedió muy rápido. Momentos después que el Leviatán se tragase a Haydar el monstruo emitió un alarido y justo después cayó desplomado sin vida sobre el agua. A continuación, el capitán salía con su alfombra voladora por la boca abierta del monstruo que flotaba en el agua.
 –¡Haydar vive! ¡Él lo ha matado! ¡Viva nuestro capitán! ¡No hay nada que pueda acabar con él! ‒gritaba Alí desde el barco.
 –¡Viva! ¡Viva! ‒gritaban sus piratas, recibiéndolo.
Cuando aterrizó sobre la cubierta, le faltaba el oxígeno.
 –Vaya. Increíble, pirata. Tu fama es bien merecida ‒le reconoció Turán.
 Nasser que regresaba de inspeccionar todo el interior del barco, dijo:
 ‒Vaya parece que me he perdido una buena aventura. Espero que me la cuentes esta noche cuando te recuperes.
 –Eso está hecho. ¿El barco ha sufrido algún daño?
 ‒No. Ninguno. Lo hemos revisado de cabo a  rabo y no hay nada dañado.
 –Parece que has hecho un buen trabajo Yasim.
 ‒Gracias, pero el tuyo sí que ha sido bueno. Y esa alfombra y esa túnica que te estás quitando son maravillosas.
 –Son dos objetos mágicos que les tengo mucho cariño. Son muy valiosos. Nasser, no perdamos más tiempo. Rumbo a la isla de Thera.

Los tres barcos del califa que secundaban al Furia de los Mares II que no habían sufrido peligro alguno ya que marchaban algo rezagados, habían sido testigos de la aventura, y se sorprendieron mucho al pasar cerca del monstruo muerto.


***

Mucho más lejos en La Fulana de Alá Mirza gracias a su catalejo sabía que algo había ocurrido, pero no el qué. Así que también se llevó una tremenda sorpresa al pasar junto al cadáver del monstruo sobre el cual ya sobrevolaban algunos pájaros carroñeros.

***

Durante la noche, Haydar ya recuperado le contó entre copas a Nasser todo lo sucedido.

Cuando amaneció, el vigía que había subido en la cola  gritó:

 ‒¡Tierra, ya se ve la isla de Thera!


Continuará...

miércoles, 9 de marzo de 2016

Haydar. Capítulo 4. El Guardián.




Hola.

No sé si recordaréis la historia de Haydar, escrita junto a Carmen De Loma. El capítulo cuatro está escrito de nuevo por ella. Como el suyo anterior, el dos, es muy ameno. Podéis leer el capítulo en su blog Mil y un Relatos pinchando aquí.


*Aclarar que aunque algunos personajes y datos son reales, la historia en su totalidad es fictisia.


Para acceder al resto de capítulos haz click aquí.





domingo, 27 de diciembre de 2015

Libro: Haydar









4º Estoy escribiéndolo actualmente junto con Carmen De Loma.

Fantasía histórica young-adult para lectores de 16 años en adelante.. Aventuras. Piratas.


Se comenzó a escribir el 30 de Junio del 2015 y hasta el momento solo hemos escrito seis capítulos.

Surgió como una idea de colaboración entre blogs, entre éste y Mil y un Relatos, el de Carmen De Loma. Se trata de un libro único que no se publicará. Solo podréis encontrar los capítulos en nuestros blogs o en mi cuenta de Wattpad. Es una historia conjunta, escrita a dos manos del género de ficción-histórica. Para que os hagáis una idea es del estilo de "Las Mil y una Noches", más en concreto de Simbad, y esta ambientada en el año 788 dC en la época dorada de la dinastía Abbasí. Durante el califato de Harum-al-Rashid.


El libro tendrá 10 capítulos y puede que un epílogo.


SINOPSIS

Haydar es un pirata que vive por y para vivir aventuras. Amigo de sus amigos y con una atracción innata hacia las mujeres, vive un amor a dos bandas entre Walesa -por quien siente amor sincero-, que es una joven humilde que vive en Bagdad; y Mirza, una pirata de armas tomar que desborda sexualidad y que le tiene engatusado.

Y en medio de todo esto, vivirá la que será su mayor aventura, en la que se tendrá que jugar la vida en más de una ocasión y en la que deberá escoger su camino a seguir.




Los relatos se escribirán de la siguiente forma:

7º-Yo.
8º-Carmen.
9º-Yo.
10º-Carmen.
Epílogo-Yo (si lo hay).




domingo, 13 de diciembre de 2015

Haydar. Capítulo 3. Alianzas



Volvemos con un nuevo capítulo de Haydar, la historia escrita a dos manos con Carmen De Loma. En esta ocasión el capítulo está escrito por mi.


*Aclarar que aunque algunos de los personajes y datos son reales, la historia en su totalidad es ficticia.

Para acceder al resto de capítulos haz click aquí.





Yazdi





   Zainab y Gunaid se encontraban en la playa de su isla.  
Éste alzó sus brazos abiertos y comenzó a recitar unas frases casi para sí. Su ayudante lo escuchaba murmurar palabras ininteligibles como en muchas otras ocasiones. Pero esta vez sabía para qué… En el cielo, proveniente de las partes más altas de aquella montaña de roca blanca apareció uno de los muchos bichos raros que el brujo había traído para su isla -muchas de ellas mediante la brujería-, un roc,  una descomunal y furiosa ave rapaz tan grande que con sus garras podía incluso agarrar un elefante. Gunaid cada vez que la veía surcar los cielos de aquella isla se preguntaba cómo podía existir un pájaro tan enorme que a su paso parecía como si una gran nube cubriese el sol y no dejase pasar su luz. 
Al aterrizar sobre la arena el batir de sus alas levantaban casi una ventisca. Gunaid, aunque ya había viajado en ella junto a su amo le tenía cierto respeto. Sabía que los rocs eran aves que estaban constantemente furiosas, de no ser porque el brujo la controlaba se sentiría aterrorizado. Pero ya casi estaba acostumbrado a aquella sensación.  Por el contrario, Zainab no le tenía miedo alguno, el roc era uno de los monstruos que tenía de los que se sentía más orgulloso, pero no el que más, había uno, incluso más grande que andaba sobre la tierra al que llamaba “El Guardián” que era el que custodiaba la isla incluso en su ausencia.  
Cuando el roc terminó de aterrizar, el brujo se acercó hasta él, volvió a murmurar algo entre dientes y el ave agachó su cabeza. Zainab pasó su mano por su plumaje y lo acarició admirando su belleza.  
 ‒Bueno. No perdamos más tiempo, vayamos a ver a Idrís.

 Volvió a murmurar unas frases y él y Gunaid se elevaron en el aire hasta alcanzar la parte alta del ave. Una vez allí se acomodaron en él para el viaje.

Desde uno de los árboles el loro que se retiró nada más verlo aparecer, esperó hasta que volviesen.

Ya en el aire, viajando sobre el roc, Zainab le dijo a Gunaid…
 ‒Cuando consiga la alianza de Idrís, haré que Haydar y el califa se arrepientan de haberme conocido.
  ‒Estoy seguro de ello ‒comentó su ayudante.  


   Bastante tiempo después, los Awraba, la tribu bereber que acogió a Idrís en la ciudad de Volúbilis, Marroc (Marruecos), se vieron sorprendidos cuando vieron surcar los cielos semejante ave. Desde las almenas de la muralla exterior de la ciudad, los guardias aterrorizados dieron la voz de alarma.
 ‒¡Alá nos maldice! ¡Ha enviado una bestia contra nosotros!
 ‒¡Qué dices insensato! ‒el jefe de la guardia intentaba mantener la calma‒ ¡Qué no cunda el pánico! ¡Todos a los arcos! ‒una primera ráfaga de flechas fueron lanzadas contra el roc. El brujo comenzó a entonar uno de sus hechizos y éstas se detuvieron en el aire y cayeron al suelo.
Una segunda descarga fue enviada de nuevo pero el ave ya estaba batiendo sus enormes alas para aterrizar y el fuerte viento que provocó hizo que éstas no lo alcanzasen.
Zainab y Gunaid bajaron y el brujo comenzó a hablar.
 ‒¡Vengo a ver a Idrís! ¡Dejadme pasar! ¡Ya habéis visto a mi roc, y lo que puedo hacer! ¡Si no me abrís las puertas enviaré todas las flechas que hay tiradas en el suelo contra vosotros, o aún peor, a ella! ¡Esta ave es muy furiosa, ahora está en calma porque está bajo mi control, pero eso puede cambiar en un segundo, si yo lo deseo!
Un instante después, las puertas se abrieron…


   Antes que Idrís recibiese al brujo fue informado de todo.
 ‒Toma asiento Zainab. Te recuerdo vagamente. Creo que nos vimos en alguna ocasión cuando trabajabas para Harum.
‒Yo también te recuerdo, aunque mejor que tú a mí. Supusiste un fuerte dolor de cabeza para el califa por aquel entonces, por eso es que he venido a verte. Desde que me expulsó también se convirtió en mi enemigo. Podríamos unir intereses y luchar contra él.
 ‒Hablemos de ello después. Ahora veamos el espectáculo. Ese que ves sobre la arena es Jaffar el mejor guerrero bereber que existe. Ahora, parte de mis combatientes ‒desde el palco a la sombra, podían ver un luchador que se disponía a enfrentarse a cinco mientras el resto del ejército los rodeaban observándolos.
 ‒Seguro que los vence sin problemas ‒comentó el brujo.
 ‒Muy listo. Pero será interesante verlo. ¿No crees?
 ‒Si a ti te lo parece… ‒pensó Zainab para sí. No parecía mostrar el menor interés.
 ‒Tráele algo de beber a los invitados ‒le dijo a un hombre situado a su derecha.
 Poco después éste les sirvió las bebidas.
 ‒Te presento a Rasid. Además de mi criado es un fiel amigo. Me acompañó en mi huida de Harum hasta aquí. Desde entonces no nos hemos separado.
 ‒Hola señores ‒los saludó el aludido.
 ‒Hola ‒respondió Gunaid. Zainab en cambio lo miró de arriba abajo y pensó:
 ‒Parece que Idrís te tiene mucho aprecio. Interesante dato que quizás me sirva en el futuro. Lo recordaré…
Mientras hablaban, abajo en la arena el combate se había iniciado. Jaffar ya se había deshecho de dos de sus contrincantes.
 ‒Bueno… sigamos con el asunto que te ha traído aquí. ¿Cuál es tu idea?
 ‒Verás. Existe un cetro mágico muy poderoso  capaz incluso de vencer a todo un ejército, codiciado por muchos; si me ayudas a conseguirlo, yo te ayudaré después a derrotar a Harum y sus tropas, y que consigas su reino y el califato.
 ‒Te escucho. Cuéntame más sobre él, y como conseguirlo...

En la arena Jaffar acababa de deshacerse de otros dos guerreros más. Ya solo le quedaba uno. 
El brujo estuvo contándole el plan y sus posibles adversarios. Cuando terminó Idrís habló: 
 ‒Antes de responderte te resumiré lo que he conseguido aquí desde mi llegada, así te harás una idea de lo que supondría tener un aliado tan valioso como yo ‒evitó decirle lo que también supondría tenerle como enemigo en caso que le traicionase‒. Cuando llegué fui acogido por la tribu bereber de los Awraba. No tardé en hacerme reconocer como emir, manifestando mis pretensiones al califato como descendiente directo de Mahoma. Desde Volúbilis me lancé a la conquista de los territorios aledaños logrando la unificación de la mayor parte de las tribus bereberes y convirtiéndolas al Islam. Ahora yo soy su líder, tanto militar como religioso. Me veneran… Puedes hacerte una idea de lo que eso supone. ¡MAGNIFICO! ‒dijo de repente al ver el modo en que Jaffar se había deshecho del último, el mejor guerrero de sus cinco contrincantes. Se levantó y estalló en aplausos. 
Sin dirigir apenas la mirada a la arena Zainab respondió:  ‒Me la hago ‒dijo‒. ¡Maldito vanidoso, no sabes a quien intentas amenazar!‒pensó luego para sí. 
 ‒Bien. Pues entonces, trato hecho. Nos vemos dentro de cinco días en el lugar acordado. Allí estaré con tres de mis barcos y parte de mis tropas. 
 ‒Trato hecho ‒dijo estrechándole la mano a modo de despedida‒. Allí te estaremos esperando.  
Cuando el brujo y su acompañante se marcharon, Rasid, su criado, le preguntó: 
 ‒¿Confiáis en ellos, señor?  
 ‒Claro que no, amigo. Piensa utilizarme como yo lo haré con él. Cuando consiga lo que quiero, le arrebataré el cetro y acabaré con él.  
Ya fuera de la ciudad, Zainab entonó el hechizo con el que siempre llamaba a su roc y éste 
acudió enseguida. En unos instantes estaban volando lejos de aquellos bereberes.

    

***  


Un mago espía infiltrado por Harum en Volúbilis a través de un hechizo, se puso en contacto con su maestro Yasim el nuevo mago real del califa, en Bagdad. La imagen de su pupilo se presentó borrosa ante él. 
 ‒Suerte que me avisaste a través de la magia que te ibas a poner en contacto conmigo, sino podrías haberte presentado ante mí en cualquier parte de la ciudad. Ahora estoy en mi habitación de palacio. Dime.
  ‒¡Ni te imaginas quien ha venido a visitar a Idrís! ‒dijo un tanto nervioso.
  ‒No me tengas intrigado. Dímelo, y ya.
 ‒Zainab, tu antecesor… Ese brujo que el califa expulsó. Vino acompañado de su discípulo y ayudante Gunaid. 
 ‒¿Y sabes qué maquina ese malhechor? 
 ‒Supe que Rasid, el criado y amigo de Idrís estuvo presente en la conversación. Así que solo tuve que utilizar mi magia para tirarle de la lengua y sonsacarle el contenido. Escucha, según me contó…   
   Harum se encontraba jugando con sus hijos de dos años Amin y Mamun en la sala de juegos de éstos. Con ellos también se encontraban su madre Al Jhaizuram y El Barmací su tutor y figura paterna, cuando su mago Yasim irrumpió en la sala.  
  ‒Califa, han llegado noticias desde Volúbilis. 
 ‒Sabes que puedes contarme cualquier cosa ante mi madre y mi tutor. Dime…
 ‒Verás señor, según me ha informado mi pupilo… ‒Yasim le contó todo lo que sabía.
 ‒Malas noticias… ‒murmuró el califa. 
 ‒Bueno, no todo son inconvenientes. Mis allegados me informaron que Abderraman I príncipe de los omeyas de Damasco ha muerto en Córdoba. Se dice que entre sus hijos, Hisham ha sido el elegido para sucederle ‒apuntó su tutor.
 ‒Veremos que tal es su sucesor. Pero, ahora lo que me preocupan son las noticias sobre la alianza entre Idrís y Zainab. Tutor, me gustaría que vayan a buscar a Turán. Si ellos se han aliado, aprovechando que Haydar está en la ciudad, ¿por qué no hacerlo yo?  

Momentos después, el jefe de la guardia real se presentaba.
 ‒¿Califa, en qué puedo servirle?
 ‒Ahora podrás remendar tu error anterior, cuando Haydar se te escapó. Quiero que averigües donde está su barco y me lo traigas por las buenas. 
 ‒Y, ¿cómo lo convenzo? 
 ‒Dile que vas en son de paz. Que no pretendo capturarlo, ni nada parecido. Sino una posible alianza contra sus enemigos.
 ‒¿Una alianza? No pretendo poner en duda lo que dice, pero sabe que no se puede confiar en un pirata, y mucho menos en él. 
 ‒Tráemelo Turán. No te preocupes por lo demás. 
  
   Una hora después, el jefe de la guardia real se encontraba en la puerta de la casa de Walesa en busca de la información que necesitaba.   
 ‒Hola. Qué desea –salió a recibirle la muchacha.  
 ‒Sabes muy bien quien soy. Y yo también quién eres tú. Así que no te andes con rodeos. Quiero saber dónde para el barco de Haydar. Seguro que su mujercita lo sabe.  
 ‒Si lo sé, no te lo diré nunca. 
 ‒Ah no ‒dijo agarrándola, atrayéndola hacia sí y mirándola con deseo‒. ¿Qué es lo que ves en ese pirata para que lo defiendas tanto? Dime donde está o tu familia se verá perjudicada. 
 ‒¡No te atrevas a tocar a los míos! ¡Su barco estaba en el puerto del río, pero seguro que ya 
se marchó! ‒dijo, mientras forcejeaba para librarse de él. Como no pudo, le escupió a la cara.
 ‒Jajaja ‒rió tras limpiarse‒. Esperas que te crea. Estoy seguro que aún no se ha marchado. Si no, me lo hubieses dicho a la primera. 
 ‒Qué tonta he sido‒pensó dentro de la casa cuando se hubo marchado‒tenía intención de ir a verlo más tarde y regalarle un buen pan de cinco kilos recién salido del horno como despedida, pero tendré que darme prisa e ir a avisarlo antes que llegue Turán.  
 ‒Walesa me pareció oír la voz del jefe de la guardia real. Ese Haydar no dejará de traernos problemas. No quiero que lo vuelvas a ver más. Estás castigada. No se te ocurra salir de casa ‒le advirtió su madre casi rogándoselo con la mirada, a sabiendas que era un imposible.

   


***


En una remota isla pirata del mar Egeo, fuera de la taberna “La Calavera Ardiente” donde Mirza y Sadiq aún se encontraban, Yazdi el principal hombre de confianza de la tripulación de Mirza se debatía en un combate contra tres piratas que se había iniciado en el interior de la taberna. 
 ‒¡Maldito tramposo! ¡Seguro que guardabas alguna carta escondida! ‒exclamó uno de los piratas, mientras se lanzaba contra él con su alfanje. Yazdi con un movimiento elegante de su enorme cimitarra –única, ya que medía lo mismo que dos de ellas de largura y lo que tres de grosor- lo esquivó con un giro que terminó con su arma en la espalda de éste, acabando con su vida.  
 ‒¡Maldita sabandija marroquí! ¡Yo me encargaré de que no vuelvas a robar más dinero! ¡Mi partida era invencible, no pudiste ganarme sin hacer trampas! ‒éste en lugar de un alfanje disponía de una enorme boleadora acabada en una gran bola de hierro con púas. El fuerte pirata la levantó y la hizo girar sobre su cabeza para lanzar la larga cadena sobre Yazdi. Éste rápidamente se agachó, y en esa posición volvió a girar y le cortó la pierna al pirata. 
 ‒¡AAAHHH! ‒gritó éste al instante mientras se desangraba. En unos segundos perdió la consciencia, seguramente para morir después por la pérdida de sangre.  
 ‒Te lo ganaste por racista ‒dijo Yazdi. 
 ‒¡No sé si te venceré pero puedes estar seguro que lo intentaré! ‒gritó el que quedaba, éste armado con dos alfanjes. Lanzó un ataque y otro sobre el pirata marroquí, pero éste con movimientos ágiles y ejecutados al milímetro lo esquivaba como si nada. Parecía un bailarín recreando una danza elegante y sutil digna de ser admirada.  Cuando por fin lo tenía a sus pies sobre el suelo y apuntándolo con su enorme cimitarra, Mirza y Sadiq salían de la taberna. 
 ‒Olvídate de él. Tengo prisa. Tenemos trabajo que hacer ‒le ordenó su capitana. 
 ‒Hola Yazdi. Veo que estás en tu salsa. Esos piratas no sabían con quien se la jugaban, de lo contrario ni siquiera se hubiesen echado unas partidas contigo ‒comentó el amante de su jefa al cruzar por su lado. 
 ‒Hola Sadiq. Tú… has tenido suerte ‒dijo dirigiéndose ahora a su oponente, agarrándolo por la pechera de su camisa‒. Mi capitana tiene prisa, ¿la oíste? Le debes tu vida ‒dijo al tiempo que lo soltaba y seguía a Mirza. 

Al llegar a la playa, les esperaban dos barcas cada una con un pirata, uno de la tripulación de él y otro del de la de ella. Algo mar adentro estaban sus barcos: “La Fulana de Alá” el de Mirza, y el “Esperanza” el de Sadiq. 
 ‒Bueno. Aquí nuestros caminos se separan ‒ dijo, y a continuación lo besó apasionadamente‒. Seguiremos nuestro plan. Ve en busca de ese brujo enemigo de Haydar y síguelo. Él me contó que ese Zainab también  buscaba el cetro. Seguro que ese brujo gracias a su magia oscura dispone de más modos de averiguar su paradero que los demás, yo iré en busca de la muñequita de nuestro pirata; esa a la que llaman la “Bendecida de Alá”… ‒se quedó un momento rumiando el nombre‒. No tenían otro apodo que ponerle. Si ya sabían que a mí me llamaban la fulana, ¿por qué a ella la bendecida? 
 ‒Dicen que su belleza es inigualable. Quizás sea por eso, o quizás, pensaron en lo que siente Haydar por ambas ‒ironizó Sadiq. Tirándole una puyita para hacerle saber que ese pirata no la merecía. 
 ‒No debí darte ese beso ‒dijo mientras retiraba su dedo de los labios del pirata‒. Ya sé cómo me ve él. No tienes que recordármelo. Y también sé que la gente humilde venera a Haydar incluso más que al califa, equiparándolo con Alá. 
 ‒Adiós, Mirza. 
 ‒Sadiq. Una cosa… La vi una vez… a esa tal Walesa… y para nada la apodaría la bendecida. Es una mojigata. Sí, puede que un poco agraciada pero, no sabría lo que hacer con un hombre en su cama. Seguro, que se moriría de miedo. Jajaja ‒río forzadamente mientras subía en su barca. Yazdi ya lo había hecho momentos antes.


***   


“…estuve presente en la muerte de mi señor; y los dioses también. Dijeron que esconderían el cetro en un lugar inaccesible para los humanos, en una de las islas volcánicas del mar Egeo. En un lugar habitado en la antigüedad, ahora sepultado bajo las rocas y la lava…” Haydar terminó leyendo la última de las cartas que le quedaba… en ese momento entró en su camarote Nasser.
 ‒Albur ha regresado.
 ‒Espero que haya resuelto lo que tenía entre manos ‒el capitán se quedó pensando un momento‒. ¡Eso es! ¡Lo tengo, amigo! ¡Ya sé dónde se encuentra ese cetro! ¡Sabía que había islas volcánicas sepultadas por la lava en ese mar pero, no me acordaba de ninguna habitada en la antigüedad! ¡Pero entonces me acordé de la leyenda de Farrael!
 ‒¿Farrael? ¿Qué demonios dices?
 ‒El Templo de Farrael… La leyenda dice que se vio sepultado por la lava hace cientos de años. 
 ‒No sé. Nunca he oído hablar de ella. 
 ‒Yo solo una vez. Casi nadie conoce la historia. Pero se me quedó grabada en la mente. Según cuenta… los habitantes de ese templo eran brujos antiguos que jugaron con los dioses, y fueron castigados de manera horrenda por éstos. ¡Ahora que lo pienso, quizás fueron ellos los que crearon ese cetro! Piensa… qué mejor lugar para esconderlo que su lugar de origen. 
 ‒Me pones los bellos de punta. Si los dioses no quieren que lo encontremos, y solo hay maldiciones a su alrededor… ¿para qué buscarlo? 
 ‒Solo por el mero hecho de encontrarlo y vivir la aventura. Y para evitar que lo encuentren otros como puede ser Zainab, por ejemplo. 
 ‒Si por mí fuera lo dejaría de lado. Pero sabes que te seguiría al fin del mundo… 
 ‒Lo sé, amigo. Lo sé… Que lo preparen todo Nasser. Si Walesa no viene en una hora, partimos en busca de ese cetro ‒en ese momento, Alí entró también el camarote.    
 ‒Haydar, ha llegado Turán, el jefe de la guardia real del califa. Viene solo y dice que en son de paz.  ‒Si se ha acercado solo, debe ser verdad. No creo que se aventurase si no fuese así ‒dijo el capitán.  ‒También puede ser una trampa ‒comentó Nasser. 
 ‒Arriesguémonos, pues.  

 Ya en la cubierta del barco… 

 ‒¿O eres muy tonto o eres un osado? ¿Cómo te atreves a venir a mi casa después de lo sucedido?
 ‒Mi señor el califa Harum me envía para que vengas conmigo. Dice que no pretende capturarte ni nada parecido. Quiere una posible alianza contra enemigos comunes. 
 ‒Suena interesante. Os acompañaré. 
 ‒Haydar, no dejaré que vayas solo. 
 ‒Esta vez sí, Nasser. Confía en mí. 
 ‒Está bien. Pero ten cuidado.  


Mientras Haydar volvía de palacio, su tripulación hizo los preparativos para partir. Sus hombres importantes, en cambio, decidieron matar el tiempo con Albur. 
 ‒¿Qué tenías entre manos, bribonzuelo? ‒le preguntó Alí al pirata de pelo anaranjado. 
 ‒¡Por el rato que se ausentó diría que alguna muchacha! ¡Seguro que quedaste despachado, eh chaval! ¿Es una novieta o algo por el estilo? ‒ preguntó Nasser. 
 ‒Dejadlo ya, porque no me sacareis ni una palabra. 
Los dos piratas que ya lo conocían bien, sabían que por mucho que insistiesen no conseguirían nada. De modo, que decidieron divertirse de otro modo.  
 ‒Está bien. No insistiremos más, pero con la condición que nos diviertas con tus juegos de cuchillos ‒le dijo Alí. 
 ‒¿Qué tal si comienzo con el de las manos? 
 ‒Buena idea ‒comentó Nasser. Albur se vendó los ojos y puso su mano izquierda con los dedos abiertos sobre un tonel y cogió uno de sus cuchillos y a una velocidad sorprendente lo clavó entre los huecos alternando indeferentemente entre ellos. No falló ni una sola vez. A continuación, cambiaron de juego. Se quitó la venda, y Alí se ofreció de diana. Se puso contra la pared de madera del camarote con las piernas abiertas y los brazos en cruz. Albur se colocó a una cierta distancia y haciendo malabares con sus cuchillos, esta vez utilizó los  tres que tenía, fue lanzándolos uno por uno; los dos primeros dieron bajo las axilas y el tercero bajo su miembro viril. 
 ‒Uff. Menos mal que te conocemos y nunca fallas ‒expresó Alí. 
 ‒Por no mencionar que es el único pirata que nunca bebe ‒rió Nasser. 
 ‒Jajaja ‒río también su compañero tras retirarse del lugar donde estaban clavados los cuchillos. Albur aprovechó para recogerlos y guardarlos.



   Walesa en cuanto el pan salió del horno se había escapado de casa emulando a su querido por la ventana. Era muchísimo más torpe que 
él, así que tuvo que ir muy despacio y con mucho cuidado, y a pesar de ello, casi sufre algún percance. Cruzó la ciudad todo lo deprisa que pudo pero cuando llegó al barco de Haydar, era tarde…  ‒¡Walesa! ‒exclamó Nasser al verla. 
 ‒Turán llegó a mi casa. No pude evitar contarle donde os encontrabais. Salí todo lo rápido que pude para advertiros. Pero creo que no fue suficiente… 
 ‒Tranquila. Ya estuvo aquí. Según decía venía en son de paz. El califa quería hacer un trato con Haydar así que se marchó. 
 ‒Entonces, no está aquí… Le traía un regalo de despedida… 
 ‒Puedes esperarlo, si lo deseas.  
 ‒Tengo bastante prisa. Escapé de mi casa, y mi madre seguro que ya se dio cuentas. Estará preocupada. Lo esperaré un poco, pero sino regresa pronto, tendré que irme.  


Ya en su camarote, Walesa no pudo evitar curiosear para matar el tiempo. Al poco, entró Nasser y casi la pilla. 
 ‒Te dejo un poco de fruta y zumo. Si necesitas algo más, solo tienes que llamarme. Cuando el pirata salió, se tomó la bebida y cogió una manzana a la que le pegó un buen mordisco, y volvió a curiosear… 


  
***  


  
En el palacio del califa, Haydar debatía con Harum los términos de su alianza.  
 ‒Como ya te he contado nuestro enemigo el brujo Zainab quiere el mismo cetro que tú y se ha aliado con Idrís para conseguirlo. Planean utilizarlo para arrebatarme el califato y quién sabe qué otras cosas. Ambos serán nuestros enemigos, así que te ofrezco una alianza entre nosotros, para evitarlo ‒le explicó Harum. 
 ‒Y, ¿cómo me ayudarías? 
 ‒Al igual que ha hecho Idrís, te ofrezco tres de mis barcos repletos de mis hombres. A mi guerrero Turán, y para equiparar la balanza, también mi mago Yasim te acompañará. 
 ‒Gracias. Acepto. Aunque la ayuda del jefe de tu guardia me es prescindible. 
 ‒Ya sé que existen rencillas entre vosotros pero, de ahora en adelante te servirá como cualquiera de tus hombres. Mis órdenes hacia ti han cambiado. Estoy seguro que no os causará ningún problema. Lo conozco muy bien. Es un servidor fiel. Si algo mueve a este hombre es la lealtad. No hará nada que yo no le diga. 
 ‒Lo que dice el califa es cierto. Puedes confiar en mi, Haydar. Nuestras rencillas pasadas eran fruto del trabajo. Y ahora mi deber es otro.  


   

***   


Cuando el capitán regresó a su barco, Walesa ya se había marchado.  
 ‒Acaba de irse, pero ya no la alcanzarás. Se cansó de esperarte. Tenía prisa. No quería preocupar a su madre… pero, te dejó este regalo de despedida ‒Nasser le mostró un enorme pan calentito. 
 ‒Guárdalo donde no pierda el calor. Esta noche lo probaré con gusto, durante la cena en alta mar. Partimos ahora mismo en busca del cetro. Nuestros nuevos aliados nos seguirán con tres de sus navíos en los que además de sus guerreros estará ese Turán y un mago. 
 ‒¿Así que al final has aceptado su propuesta? 
 ‒No me quedaba otra. Nuestro enemigo Zainab también se ha aliado con Idrís, y dispone de otros tres barcos llenos de bereberes.

    
*** 
   

Al atardecer, La Furia de los Mares partía de Bagdad; tras él marchaban tres embarcaciones del califato. 

Momentos antes, otro barco había llegado a la ciudad, La Fulana de Alá. Sin embargo, en ningún momento se encontraron porque se hallaban en puertos diferentes. Instantes más tarde, Mirza y Yazdi capturaron a Walesa de regreso a su casa y  la llevaron  hasta su barco.  Cuando la encerraron en sus calabozos, ésta pensó que su secuestro debía guardar relación con aquellas extrañas cartas que no entendió  muy bien, y que leyó por encima en el camarote de Haydar.