viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 5 de Dragonstones 1





REUNIÓN EN LONGORIA


  Al mismo tiempo que la Lahmia dejó la fortaleza de Ízmer… cerca de Longoria, nuestro grupo había cruzado el río; y sobre media mañana, llegó a la ciudad.

Lo primero que se encontraron fue el foso que la rodeaba. Detrás, había una enorme muralla de treinta metros de altura por tres de anchura. Ésta en su parte superior, tenía una calzada que estaba vigilada por soldados longorianos; había tanto arqueros como arcabuceros. Además, tenían cañones para utilizarlos en caso de guerra.

En la ciudad había cuatro entradas, una para cada punto cardinal. A ellas, se accedía a través de los distintos puentes que había sobre el foso.

Solían estar siempre abiertas, y al igual que los puentes, siempre estaban disponibles para cruzarlas. Sólo se impedía el paso, en caso de ataque. Mientras, les bastaba con los vigilantes de encima de la muralla y de los guardias que había en cada puerta.
El grupo iba a entrar, por la entrada del norte. Enseguida, los pararon y les preguntaron:
 -¿Quiénes sois, y a qué venís a la ciudad?
 -Somos el grupo que espera el rey. Traemos La Piedra Multicolor -respondió Mialee.
 -Está bien, podéis pasar -respondieron los guardias, que anteriormente habían recibido ordenes de permitirles el paso.



La princesa elfa entendió que la paloma blanca que enviaron con el mensaje, había logrado llegar a Longoria; así, que estaban preparados para su llegada.

Todo el grupo cruzó el puente en sus unicornios.
Los tres chicos, que nunca habían visto Longoria, estaban intrigados.


Tanto la ciudad como la muralla, vistas desde el cielo, tenían forma redonda.
Estaba organizada, de tal forma: en la parte cercana a la muralla, vivía el pueblo, la gente más humilde y pobre de la ciudad… que vivían en casas de piedra con tejados de teja. Las casas del pueblo estaban divididas en cuatro zonas, mediante las calzadas, que venían cada una de una entrada distinta. Todas llegaban hasta el mismo palacio, en el centro de la ciudad.
Estaban: la zona noroeste, la nordeste, la suroeste, y la sureste. Y cada zona era atravesada por dos calles horizontales y tres verticales.
Las primeras salían a las calzadas, y las últimas a otra situada, entre la zona del pueblo y la de la nobleza. Ésta era circular y tenía cuatro grandes cruces. Cada uno estaba situado, dónde la calzada era atravesada por las grandes  que provenían de las entradas.


La zona de la nobleza estaba organizada también en cuatro zonas. Pero, se diferenciaba de la del pueblo, en que… en cada una de las zonas, no había tres calles verticales, sino, una sola.
Tras la zona de la nobleza había una última calzada circular, de igual modo que la anterior. La separaba del gran palacio; situado en el centro de la ciudad.

En la zona donde vivía el pueblo y dónde las casas eran de piedra y con tejados de teja… había: posadas, herrerías, armerías, panaderías, sastrerías, carpinterías etc.
También estaba el gran mercado, dónde venían gentes de todo el continente, a hacer sus compras.

En la zona de la nobleza, las casas estaban hechas de lo mismo, pero eran más altas, y los edificios que eran aún más grandes que las casas, estaban hechos de mármol.
En esta zona estaban: las universidades, las bibliotecas (la principal: La Gran Biblioteca de Longoria), La Gran Universidad de la Hechicería, y un lugar dónde todo el que sabía algún tipo de magia, compraba lo que necesitaba… Además, tenía una de las cuatro zonas, dedicada al ejército. Allí, estaban los establos de los caballos, y se guardaban: las armas, las armaduras; y todo el material bélico.

Tras la zona del pueblo y de la nobleza, en el centro de la ciudad, estaba el palacio… que era enorme y se elevaba hacia el cielo; con innumerables torres altísimas. Éstas eran de mármol y cuarzo blanco y rosa. Tenían gran cantidad de ventanas, pero en cambio, no tenían esquinas… y acababan en cúpulas.
En él vivían: los reyes, el príncipe, sus consejeros, sus sirvientes…
…Y en él estaba: la sala del trono, la sala de fiestas, las habitaciones reales y muchas otras, y una biblioteca, dónde había todo tipo de libros que hablaban de cada una de las razas que habitaban Shakával.
También, había una catedral y una sala de reuniones, dónde el consejo debatía los temas que importaban a la ciudad de Longoria.




      Al entrar en la ciudad, el grupo tuvo que dejar los unicornios y marchar a pie. Los animales se quedaron a merced de los guardias, que los pusieron a buen recaudo. 
El grupo pudo comprobar que a Longoria venían gentes de todo el continente; por lo que había varias razas humanoides.




La gente los observaba y se murmuraban entre ellos al oído… algo normal, porque el grupo estaba formado por: dos elfos y tres chicos humanos, vestidos de forma un tanto extraña. Además, a algunos les había llegado el rumor de la aparición de La Piedra Multicolor, al mismo tiempo, que los niños de otro mundo.


      Paseando por la ciudad, llegaron a un mercadillo, donde había: buhoneros, comerciantes, videntes, ladrones, mercaderes…
En cuanto a criaturas humanoides… había humanos de todo tipo: árabes, nórdicos, orientales, mundanos, y nómadas de la estepa… Había enanos, tanto nórdicos como zenorianos; elfos silvanos y marinos; faunos… y algunas de las razas menores de Shakával, como: kenders, halflings y hobbits.

Entre el barullo del mercado, un muchacho adolescente, algo delgado, y con una estatura de un metro con setenta y siete centímetros, siguió a los chicos.
Llevaba el pelo alborotado y de color castaño.

Por su ropa, se intuía, que no tenía mucho para vivir.

Pasó junto ellos, sin que estos se percatasen. Justo en ese momento, el chico rajó la mochila de Kevin y se llevó algunas cosas, que introdujo en su saquillo. Luego, siguió caminando como si nada hubiera ocurrido. Al instante, Kevin notó que le habían robado. Cuando comprobó qué se habían llevado, supo que le faltaba una navaja… ¡y La Piedra Multicolor!
Los elfos se dieron cuenta enseguida, que el ladrón era el muchacho que acababa de pasar junto a ellos, por su aspecto, y por propia intuición.
Era un ladrón cortabolsas, al que siguieron, pero teniendo cuidado de que este no lo supiera.

El ladrón, que se llamaba Justin, entró en una posada. En ella había humanos que provenían de diversos sitios, y había: enanos, faunos, y algunos kenders.

Justin se paró frente a un tahúr, que había en una mesa en la que se aglutinaba mucha gente. Éste utilizaba tres cubiletes de madera y una semilla; y la gente apostaba donde se ocultaba ésta.
Pasó con sigilo… y también se llevó el saquillo donde el tahúr guardaba el dinero, que hasta ahora había conseguido. Cuando éste se percató, mandó a sus dos matones, tras él.
Justin salió corriendo por el mercadillo, perseguido por éstos, y los elfos y los chicos también.
Dejaron caer todo a su paso, pero antes de armar un gran revuelo,  se metió por una calle para que no acudiera la guardia.
Sus perseguidores consiguieron llegar hasta él, y cuando estaban a punto de darle una paliza, Isilion lanzó de una sola vez tres flechas, que se clavaron muy cerca de los ellos, logrando detenerlos. Consiguió que éstos dejasen en paz al ladrón, a cambio de entregarles el dinero que el muchacho le había robado al tahúr.


Cuando los matones se marcharon, Justin todavía sin aliento por la carrera y el susto, se acercó a los elfos.
 -Gracias, me habéis salvado de una buena paliza, o incluso de la muerte… a pesar de que os robé. Tomad, os devuelvo lo que os quité, y espero que algún día me perdonéis -dijo, verdaderamente arrepentido, y es que… a pesar de su condición, no era mala persona.
 -Te perdonamos porque… por lo que parece, no sabías el valor que tiene lo que nos robaste. Ahora, desaparece antes que nos arrepintamos y te entreguemos a la guardia -le insistió Isilion, en tono serio.
 -Esperad, no tengo a nadie en la vida, y me viene bien algo de compañía. Me gustaría, si queréis, unirme a vosotros y devolveros el favor.
Los elfos le contaron porqué se encontraban allí. Pero Justin se unió a ellos, sin pensárselo lo más mínimo.
Después de tranquilizarse y hablar, siguieron por la calzada que entraron, en dirección a palacio.

Cuando llegaron, les dijeron que esperaran a que se informara de su llegada.
Poco después, les llevaron a la sala de reuniones, dónde llevaban unas horas, charlando y esperando su llegada… pues el tema que debatían los implicaba sobre todo a ellos.
Enseguida, fueron presentados. En la sala, además del Rey Mónckhar y su hijo Ántrax, estaban: el general del ejército longoriano Silvan; en representación de los enanos, acudió un enano nórdico, Gúnnar Ódegaard; de la zona de Barbaria, cerca de Nordia, acudió el bárbaro, Tristan; igualmente, estaban representados los magos, con el mejor mago humano, y líder de los túnicas blancas, Eléndil… al que acompañaba, su aprendiz, Lana; pero, lo que más sorprendió a los tres chicos, fueron otros. Ellos habrían jurado que eran un hombre y una mujer, de no ser por algo que los diferenciaban de los humanos… ¡tenían alas!
Venían de la isla de Cesglan, la isla de los… ¡ángeles! Ella se llamaba Ilene, y él, Láslandriel.
 -Por favor, chico, muéstranos La Piedra Multicolor. Quiero que todos comprueben, que es verdad que esa piedra mágica se encuentra aquí en Shakával -le pidió el Rey Mónckhar, a Kevin.
Éste la sacó de la mochila y se la entregó. El rey la observó, y no la encontró nada especial. No tenía porqué, se mostraba transparente en su estado normal.
El Rey Mónckhar dijo entonces:
 -No parece ser una piedra especial, y menos aún, que contenga tanto poder. Pero como dice la profecía, es transparente, y con ella aparecen tres niños humanos, del mundo al que pertenecen los primeros humanos de Shakával… de los cuales, descendemos.
Yo creo que es la verdadera Piedra Multicolor, y os pido que vosotros también lo creáis.
Dicho esto,  invitó a Kevin, Éric, Susan, Mialee y Justin… a que tomaran asiento.
A continuación, preguntó a Mialee:
 -¿Quién es ese muchacho, de aspecto desaliñado, que os acompaña y está presenciando esta reunión?
Ésta contestó:
 -Es Justin, lo hemos conocido aquí, en tu propia ciudad, cuando acudíamos a esta reunión.
Nos robó la piedra, y lo seguimos. Más tarde, se metió en otro lío y fue perseguido por unos matones. Nosotros le salvamos la vida, y nos devolvió la piedra. Después, quiso acompañarnos. Entonces, lo pusimos al corriente de la situación. Pero siguió insistiendo… Dijo que nos acompañaría siempre, donde quisiera que fuésemos… y aquí está, con nosotros.
Entonces, el Rey Mónckhar dijo:
 -Si ésta es su decisión, así será. A continuación, se dirigió a todos, y muy juiciosamente les dijo:
 -Las fuerzas del mal se están preparando para la guerra. Ellos también sabrán que La Piedra Multicolor está en Shakával. Así que intentarán robarla y conseguir las demás piedras, para tener a sus órdenes a los dragones.
Os pido que protejáis a estos chicos que vienen del mismo mundo que vinieron nuestros antecesores, los primeros humanos. Aquellos que reunieron las piedras y se quedaron en Shakával; y de los cuáles descendemos todas las razas humanas de este mundo. Os pido también, que protejáis La Piedra Multicolor.
Debéis marchar a la isla de Loft, la isla de los altos elfos. Allí, es el único lugar en todo Shakával dónde muestra el paradero de la primera de las Dragonstones, la piedra verde, la de menor poder. Una vez la encontréis, al ponerla en contacto con La Piedra Multicolor, ésta última mostrará el paradero de la siguiente Dragonstone, y así, sucesivamente.


Todos estuvieron de acuerdo con los que les pidió el rey de Longoria; por lo que, seguidamente, se retiraron…
… Luego, por la noche, tuvieron una cena de despedida, tras la cuál, se fueron a dormir.


Ya, por la mañana, vistieron a Kevin, Éric, Susan y Justin, con ropas del ejército longoriano.
A cada uno de ellos, le dieron una espada. Pero aparte, a ella le dieron un arco; a Justin, un cuerno; y a Kevin y Éric, un escudo.
Mialee también cambió sus ropas por las de combatir, propias de su raza y su nobleza.

Poco después, todos estaban en las puertas de palacio… Kevin, Éric, Susan, Isilion y Mialee, en sus unicornios; Silvan, Tristan, Eléndil, Lana y Justin, en caballos. El del bárbaro era más robusto… muy adecuado para él, porque podía soportar su peso; ya que era alto y musculoso.
Gúnnar, el enano, llevaba un pony. Porque el joven unicornio además de ser demasiado pequeño para él, nunca aceptaría a un enano como jinete.
Ilene y Láslandriel no montaban, utilizaban sus alas para volar.



Los reyes y el príncipe se despidieron de ellos y les desearon suerte, al igual que las gentes que había en la ciudad, que se habían aglutinado a ambos lados de la calzada, que llevaba a la salida oeste de la ciudad.
Una vez cruzaron las puertas, pusieron dirección a la ciudad portuaria del reino de Burds. Dónde cogerían un barco para navegar hasta la isla de Loft.




      Por otro lado, los elfos oscuros proseguían su viaje en los barcos negros. Llevaban ya cerca de la mitad del viaje hasta la ciudad de Doeria. En estos momentos, cruzaban las costas de Élengar.



En cambio, los caballeros del caos no lograron llegar hasta Longoria antes que marchase el grupo, como era su intención. Sólo habían conseguido llegar hasta las verdes praderas de los caballos salvajes, situadas entre el bosque iluminado y la aldea de Pars.

Cruzaron a tal velocidad, que asombraron a las manadas de caballos salvajes que pastaban en aquellos prados.

martes, 17 de junio de 2014

Relato: La constelación de Aurora.







Autor: Desiree Vergaz.

Está escrito por una apasionada de la C.ficción y el universo. Disfrutadlo.

Si queréis leerlo pinchad aquí:

https://dl.dropboxusercontent.com/u/22610911/La%20constelaci%C3%B3n%20de%20aurora.pdf


Si quieres saber más sobre ella, visitad su blog.



viernes, 13 de junio de 2014

Capítulo 4 de Dragonstones 1





ÍZMER


   La Lahmia había llegado junto a Érgorht, un Nigromante No-Muerto, a la fortaleza de Ízmer. Se encontraban ya, dentro de la torre oscura.

Su señor la había mandado llamar, y ella había venido a su encuentro.

Llevaba unas botas negras de cuero, sujetas a las piernas por unas tiras cruzadas que le llegaban hasta las rodillas. Sin embargo, éstas las tenía cubiertas con ropa roja ceñida. Encima, llevaba un vestido de color rojo por fuera y verde por dentro. Éste tenía una abertura que le llegaba cerca de la cintura. Además, tenía una capa gris que le cubría la espalda, los brazos, y la cabeza. Sobre ella tenía una corona de bronce que llevaba un trozo de tela roja, que le cubría la frente.
Ella tenía aspecto pálido, colmillos y dientes afilados, y una mirada reptiliana, de color verde. Su aspecto físico se debía, a que las lahmias pertenecían a la familia de los vampiros.
Además de tener las facultades de éstos, iba armada con su espada, “El Servidor desobediente de Kord”, y con un puñal que utilizaba cuando sus oponentes la creían desarmada e indefensa.

Érgorht iba vestido como cualquier nigromante, pero tenía una capucha en la cabeza, parecida a la que utilizaban algunos monjes. Su túnica era de color negro y llevaba un cayado mágico llamado Bastón de Cronk y un cráneo.

Su cuerpo era parecido al de un zombi o un necrófago; porque estaba siempre en descomposición. Poseía poderes mentales y sabía nigromancia. Esto, le servía para hipnotizar a sus víctimas, con sus ojos de color rojo.

Venían de la torre oscura de la Lahmia… ahora, se encontraban en la torre oscura de Ízmer; porque… éste les tenía que hablar de un tema muy delicado, que afectaba a todo Shakával.

Ízmer pertenecía a los elfos oscuros. Estos elfos servían a las fuerzas del mal, y vivían en la isla de HIM; una isla helada, que se encontraba al noroeste del continente de Babylon. La región más próxima del continente, era Barbaria.

Ízmer, (el mejor mago de los elfos oscuros, puede que incluso de todo Shakával; líder de los túnicas negras y por lo tanto de las fuerzas del mal), no vivía en esa isla, sino en su fortaleza; que estaba situada al nordeste de Bábylon, cerca de los volcanes de Draconia, y justo al lado de las montañas heladas, junto al bosque de Ignion.

La Lahmia y Érgorht entraron en la sala del trono. Allí, les esperaba él.

Vestía una túnica negra, con capa del mismo color. Llevaba una corona en la cabeza, y “El Anillo de las Sombras” en su dedo corazón. Además, de su cinturón colgaban saquillos y otras cosas que suelen llevar los magos. Junto al trono tenía su cayado, el Bastón de Nicromech.
Tenía el cabello liso, y totalmente blanco; y sus ojos eran de un azul cielo, algo claro.
 -Acercaos -les instó-, os traigo aquí para informaros de algo que ha ocurrido en Shakával. A través de mi “Esfera de la visión verdadera”, he visto como La Piedra Multicolor ha vuelto a nuestro mundo. Vino con dos chicos y una chica humana. Ahora, intentan llegar hasta Longoria. Allí, les indicarán que hacer con la piedra. Así que… nosotros tenemos que encontrar a esos chicos. Cuando sepan el paradero de la primera de las piedras, intentaremos robarles La Piedra Multicolor. Debemos adelantarnos a ellos, y encontrarla primero.
La tarea será ardua, porque en Longoria encontraran mucha ayuda. Por eso, lo que haré será… decirle a mi aprendiz, que envíe un mensaje a través de los cuervos, a mi pueblo; que está en la isla de HIM.

Les pediré que envíen un ejército de elfos oscuros, en los barcos negros.
Vendrán rodeando la costa del norte de Bábylon. Cuando lleguen a Doeria, seguirán por el río, hasta cerca de aquí. Luego, continuarán a caballo. Una vez lleguen, les daré la orden de atacar.

 -A ti, te encomiendo una misión… tendrás que reunir un segundo ejército que ayudará a los elfos oscuros, cuando ataquen Longoria.
 -Estad seguro de que así lo haré, mi señor. Lo reuniré, y cuando digáis, lo mandaremos atacar Longoria. Si no deseáis ninguna cosa más, partiremos ahora mismo para comenzar la misión.
 -No tengo nada más que deciros. Podéis partir.


La Lahmia y su fiel servidor Érgorht, salieron de la torre oscura situada, en lo más alto del siniestro castillo de la fortaleza de Ízmer. Éste tenía muchas otras torres, pero ridículas en comparación con ésta. Estaba rodeado por una gran y alta muralla, que lo protegía; custodiada por los guerreros del caos.

Una vez se marcharon la Lahmia y Érgorht, Ízmer fue al laboratorio, en busca de su aprendiz… un sobrino suyo, llamado Ellorion; que comenzaba ahora a iniciarse en la magia. Pero que mostraba muchas aptitudes, y progresaba a pasos agigantados.

Vestía igual que su tío, aunque sin corona. A excepción, de su capa, que estaba provista de una capucha.
Ellorion era un elfo muy joven, todavía. Lucía un cabello negro y liso, que acostumbraba a llevar suelto; y poseía también, unos increíbles ojos verdes.
Solía llevar encima de su hombro un cuervo, que no se separaba de él. Y, consigo, toda clase de cosas: mejunjes preparados por él mismo, en las manos… su cayado, el Bastón mágico de HIM, y en una cartera de cuero… un libro de magia que iba siempre con él.

 -Ízmer llegó al laboratorio…

 -Hola sobrino, ¿cómo vas con tu aprendizaje?
 -Bien, estoy repasando unos conjuros de la tercera lección -respondió.
 -Tengo algo que encomendarte. Haz llamar a los cuervos, y manda con ellos el siguiente mensaje, a la isla de HIM:


“Soy Ízmer. Necesito que vengáis. Envía a Darkice con su ejército. Vamos a atacar Longoria”.



Ellorion, desde la ventana, con un silbido llamó a los cuervos. Cuando vinieron, le ató a uno el mensaje en la pata; y con otro silbido (que estos entendieron), marcharon hacia la isla de HIM.

El joven elfo oscuro tenía la facultad de comunicarse con los cuervos.


Después, Ízmer fue a utilizar su esfera de la visión verdadera. A través de ella, se comunicó con un hechicero del caos que, también tenía otra.

 -Quiero que envíes a tu Señor de la Guerra, junto con seis caballeros del caos, en busca de los chicos que tienen en su poder La Piedra Multicolor. Cuando los encuentren, deben seguirlos; pero no deben atacarlos hasta que éstos sepan el paradero de la primera de las ocho Dragonstones. Entonces, y sólo entonces, podrán atacarlos y robársela.
 -Mi señor, sus ordenes serán ejecutadas de inmediato. ¿Desea algo más? -preguntó el hechicero del caos.
 -Sólo, que tengan mucho cuidado de ser descubiertos antes que sepan el paradero de la primera de las Dragonstones. Nada más. Puedes retirarte -dijo Ízmer, mientras la esfera se tornaba oscura.


El hechicero del caos enseguida se lo comunicó al Señor de la Guerra. Éste preparó a sus seis mejores caballeros, y salieron de su fortaleza, en las tierras del caos.

Los guerreros del caos, eran servidores del dios del mal, Rashnen; por consiguiente, seguían a Ízmer

En un pasado, fueron humanos de gran tamaño, después fueron mutados, y se convirtieron.


Pueden tener mutaciones por todo su cuerpo. Algunas de ellas, son: cara cadavérica, podrida o de bestia, la cara al revés, cuernos en la cabeza, tener la cabeza en el pecho, tener tres ojos, tener patas de bestia… y tener color de piel antinatural.

Los guerreros del caos se cubren con armaduras muy elaboradas y casi impenetrables. Algunas, incluso poseen propiedades mágicas.
Éstas suelen ser oscuras, cargadas de dibujos extraños y malvados, y con yelmos, que suelen tener cuernos.
Van armados: con grandes hachas, martillos o mazos, espadas, armas de asta, y lanzas.
El Señor de la Guerra, en concreto, lleva: la “Espada Portadora de la Muerte”, el “Escudo de Caos”, un “Martillo de Sumisión”, y un “Taladro del Tormento”.

Llevan caballos negros, con los ojos rojos. A algunos, les tiñen la crin y la cola de rojo, para la guerra; con tintes hechos con rocas del lugar donde viven. Lo hacen para simbolizar la sangre derramada de sus víctimas.
Estos caballos, también van protegidos con armaduras, y suelen llevar cráneos de animales o humanos, en sus cabezas; o incluso cuernos, sobre una especie de yelmo, que les ponen.
El caballo del Señor de la Guerra lleva la crin, la cola y el pelo, de encima de los cascos, teñido de rojo. Además, lleva un yelmo con un cuerno.



Por otro lado, días después de su partida, los cuervos que envió Ellorion a la isla de los elfos oscuros, llegan a su destino; muy debilitados por el largo y frío viaje.

La isla de HIM es una isla llena de nieve. Tiene un gran bosque cubierto de ella y, en el interior se encuentra el castillo de hielo de los elfos oscuros.
Para llegar a la isla en barco, hay que cruzar un mar cubierto en gran parte, por finas capas de hielo.


Después de llegarles el mensaje, los elfos oscuros prepararon su ejército y se hicieron a la mar… en sus impresionantes barcos negros.
Pusieron rumbo a la ciudad de Doeria, una ciudad pesquera situada al nordeste de la fortaleza de Ízmer; y separada de ésta, por el río de lava… llamado así, porque uno de sus brazos tiene lava, proveniente de los volcanes de draconia.

Días más tarde, los barcos negros pasan por las costas de Nordia. Allí, en la aldea de Víking, los vikingos los ven.
Llenos de furia por cruzar sus costas sin permiso, y por ser, igualmente, los únicos rivales en el mar que le ofrecen resistencia… deciden detenerlos.


Los vikingos, como todos los nórdicos, suelen ser pelirrojos, aunque también, hay algunos rubios y castaños.
Visten como los corsarios o piratas (ladrones y saqueadores de barcos y ciudades costeras…)
Sus barcos son parecidos a los de los elfos negros, pero sólo tienen una vela, de color, situada verticalmente al barco. Los barcos negros tienen varias, de color negro, situadas horizontalmente al barco.
Además, se diferencian en el diseño de la carcasa del barco, y en el tamaño; ya que, los barcos de los vikingos son mucho más pequeños y rápidos.



Los elfos oscuros vieron que los vikingos se acercaban para impedirles el paso, así que prepararon sus cañones… famosos, por ser los que más alejaban en toda la mar.
Cuando tuvieron los barcos enemigos lo suficientemente cerca, lanzaron sus cañones. La mayoría alcanzaron sus objetivos, haciendo enormes destrozos, hundiendo barcos, y matando a muchos.
Aún así, no consiguieron que cesaran en su empeño, porque… fueron en busca de los barcos negros, para abordarlos, y luchar cuerpo a cuerpo, con los elfos oscuros. Pensaban, que quizás así, tendrían alguna posibilidad.

Los vikingos situaron sus barcos al lado de los negros, y se lanzaron al abordaje.

En la lucha, recurrían sobretodo a la espada; aunque también utilizaban pequeñas hachas, e incluso, las manos y las piernas.

La lucha se fue decantando poco a poco a favor de los elfos oscuros, debido a que eran mayoría; gracias en parte, al destrozo que habían hecho sus cañones en los barcos enemigos.


Los elfos oscuros sabían de antemano, que tenían que pasar por las costas vikingas y que se enfrentarían a ellos.
Puesto que sabían lo peligrosos que eran, enviaron un gran número de corsarios entre su ejército.


Tras derramar mucha sangre, tanto en muertos como en heridos, la batalla terminó.
Los elfos oscuros vencieron. Y luego, saquearon los barcos vikingos y siguieron su rumbo.


En tierra firme, los guerreros del caos… en este caso, el Señor de la Guerra y sus seis caballeros, rodearon el bosque de los hombres bestia.

Después, siguieron cruzando ríos y praderas dirección sur, a la gran ciudad del continente; la principal ciudad de los hombres, Longoria. Allí, según les informaron, debían de estar los chicos.