viernes, 8 de agosto de 2014

Capítulo 12 de Dragonstones 1





TRAS LA TEMPESTAD





Una vez averiguaron el paradero de la piedra verde, el grupo partió en uno de los barcos de los altos elfos, en dirección a Bábylon.



Éste estaba liderado por su general, Vanya; que accedió a llevarlos.



Tras ellos, marchaba un segundo barco que los guerreros del caos pagaron para que los llevase a la isla de Loft y luego, de vuelta a Bábylon, a la suficiente distancia para que el primero no descubriese su presencia.





En la primera nave, Silvan estaba estudiando con el grupo el camino a seguir para llegar hasta Aven, dónde se encontraba la piedra verde.

 -¡Escuchadme todos! Conozco mejor que nadie el continente de Bábylon. Largo tiempo, llevo recorriéndolo desde que soy general del ejército longoriano. Sé los peligros que hay. Pero no disponemos de tiempo suficiente; pues Ízmer está preparando varios de sus ejércitos para atacar Longoria. Además, tenemos que hacernos con la piedra, antes que las fuerzas del mal lo hagan. Por eso, debemos seguir el camino más directo hacia Aven. ¿Estáis de acuerdo? -preguntó, tras explicarles la cruel realidad a la que tendrían que enfrentarse.

El grupo no parecía muy decidido.

Aunque resignado, fue Gúnnar el primero que contestó:

 -He vivido ya muchos años, y si con mi vida se consigue la piedra, nada acobardará a este enano nórdico.

 -Gracias. ¿Alguien más se decide?

 -Yo estoy dispuesto a ir -contestó Eléndil-. Pero si quieres que los demás te acompañemos, tendrás que decirnos la ruta a seguir, y a que peligros nos exponemos -expuso, con la sabiduría que le caracterizaba.

 -Está bien, he sido un necio. Debí explicaros antes a qué os enfrentaréis -dijo avergonzado.

 -No te preocupes, de todas formas, ya prometimos todos ante el rey de Longoria, Mónckhar, que iríamos a cualquier sitio donde se hallasen las Dragonstones. Es sólo que hasta ahora, no nos habíamos dado cuenta de a qué nos enfrentábamos -dijo Kevin, que se sentía responsable de La Piedra Multicolor.

 -Es verdad, todos estamos en esto. ¡Verdad chicos! -exclamó Tristan, consiguiendo que los demás también lo apoyasen.

 -Bien, pues si todos estáis de acuerdo, os explicaré la ruta a seguir…



…Primero, tendremos que llegar a Bábylon. Una vez en el continente, lo primero que nos encontraremos en nuestra ruta serán, los pantanos de la peste. Están llenos de cieno y fango, y de ellos se desprende un hedor nauseabundo, difícil de soportar. Debéis saber, que bajo ellos se encuentra el reino subterráneo de los skavens; una serie de túneles y madrigueras, donde estas criaturas habitan.

 -¿Qué son? -preguntó Éric.

 -Verás chico, son una raza de hombres-bestias, una especie de ratas gigantes, que andan erguidos sobre dos piernas. Pero peor aún son las rata-ogro, el doble de grandes que éstos,  y con una cabeza mezcla de rata y ogro; y a diferencia de ellos que están cubiertos de pelo, ellas no tienen uno solo en todo el cuerpo.

 -Creo que me hago a la idea -murmuró.

 -Si conseguimos salir con vida de los pantanos de la peste, pararemos a reponer fuerzas en Mirania, un reino humano al sur de Longoria, para después dar rodeo a las montañas donde se encuentra Vampiria. Intentaremos evitar esas tierras. Aunque será difícil, porque esos vampiros sedientos de sangre, tienen toda la zona vigilada.

Tras esto, cruzaremos el río cristalino en busca del Paso de Hielo, situado en la gran cordillera central que separa el oeste y el este de Bábylon. Una vez crucemos este paso, estaremos rodeados al norte y al sur por las tierras de los dragones, pero nuestra dirección será al este. Tendremos que cruzar el bosque de draconia, para llegar hasta Aven, el pueblo de los hombres-ave, situado entre este bosque y la gran cordillera del este. 



Todos resignados, se miraron los unos a los otros, y Gúnnar en medio del silencio, dijo:

 -¡Ya! Un camino de rosas con espinas. Tal y como imaginaba.





Mientras el grupo comentaba lo que Silvan les había dicho, Vanya había visto como algo o alguien, nadaba junto al barco, y dijo a los muchachos:

 -¡Venid aquí, Éric, Susan, Kevin, veréis algo que seguro no habéis visto aún!



Los chicos, seguidos del grupo, se acercaron al borde del barco.



 -¿Veis lo que está nadando junto al barco? Son nereidas, y siempre que salimos a la mar, nos escoltan durante la primera parte del recorrido.

 -¿Recuerdas lo que las náyades nos dijeron sobre las ninfas en el río cristalino? -preguntó Éric, entusiasmado.

 -Sí. Las náyades dijeron que las nereidas eran ninfas también, pero de los mares.

 -Exacto chico, estas en lo cierto -apuntó Vanya.

Las nereidas que nadaban junto al barco, de vez en cuando saltaban fuera del agua, igual que si fuesen delfines o peces voladores.

Poco después, la que encabezaba el grupo, se detuvo y sacó la mayor parte de su cuerpo fuera del agua. Los que aún nunca habían visto una, exclamaron en voz baja un expresivo suspiro.



Tenían la mitad del cuerpo de cintura para debajo, de pez; y la de cintura para arriba, humana. Su tono de piel tenía un leve matiz verdoso, muy similar a los reflejos verdosos de su cabello plateado.



Eran hermosísimas, de una belleza única.



La nereida, que tenía los pechos cubiertos con dos conchas marinas, se dirigió a Vanya:

 -¿Sabéis que os están siguiendo?

 -Tenía un mal  presentimiento, pero no sabia nada. ¿Desde cuando lo hacen? -preguntó, sobresaltado.

 -Un barco os sigue, desde que salisteis de la isla.

 -Que alguien me de un catalejo -sugirió el general de los altos elfos, mientras miraba desde la popa del barco.

Enseguida, otro de los elfos que había en el barco, le entregó un catalejo.

 -¡Vaya! pues es verdad. Nos persiguen muy de lejos, y no alcanzo a visualizar el barco, pero lo que es seguro, es que alguien nos sigue -comentó, tras echar un vistazo a través del catalejo.

 -En cualquier caso, estaremos preparados por si deciden hacer algo.

 -¿Es verdad que puedes cambiar tu apariencia marina a una apariencia humana cuando lo desees? -preguntó Susan intrigada, a la nereida.

 -Sí, es verdad. No siempre estamos en el agua. Cuando pisamos tierra, podemos transformarnos si lo deseamos. Nuestra mitad de pez se convierte en dos piernas como las tuyas.

 -¡Es maravilloso!

 -Bueno, os tenemos que dejar. No solemos nadar en mar adentro, porque suele ser peligroso. Y por lo que parece, va a ver tormenta. Adiós -se despidió la nereida.

 -Adiós -dijeron todos.





Y las nereidas se volvieron nadando a aguas cercanas a la playa de la isla de Loft.





La nereida no se equivocó, como predijo, cuando comenzó a anochecer, unos nubarrones ocultaron las estrellas y las dos lunas: la blanca y la gris.

Pronto comenzaron los truenos, y, un fuerte aire que levantaba unas olas enormes. Al instante, empezó a llover con mucha intensidad.





Los truenos no cesaban, y con ellos, vinieron los relámpagos.

Susan estaba asustada, como nunca antes lo estuvo. Vanya tuvo que decirles:

 -Refugiaos dentro. Dejadnos a nosotros cuidar del barco, tenemos experiencia y pasaremos de ésta.

Silvan aunque prefería ayudar, sabía que era inútil, por eso, dijo a todos que hiciesen caso al elfo.

Durante varias horas, las olas golpearon el barco, y algunas de ellas estuvieron a punto de hacerlo naufragar, pero al final, al llegar la madrugada, la tormenta cesó…



…y una siniestra calma se apoderó de ellos. 

Momentos después, una fuerte sacudida hizo que todo el grupo rodase por el suelo del interior del barco. Otra vez, se hizo la calma. Pero un instante después, una sacudida aún más fuerte, hizo que el barco crujiese y volcase hacia un lado.

En ese momento, los elfos que intentaban mantener el orden, vieron surgir un gigantesco tentáculo que agarró a uno de ellos y lo lanzó por los aires, para terminar cayendo al mar.



Todo era un caos. Nadie sabía que hacer. Unos se volvían locos, otros gritaban:

 -¡Maldición, un kraken!



Era un desorden.



La criatura apareció con todos sus tentáculos, y destrozó varias velas.

Vanya entonces, llamó a Silvan y le dijo:

 -Ven aquí y sujeta el timón, yo iré en busca de unos barriles de pólvora, cuando los lance a la boca del monstruo, gira todo el timón en dirección contraria a la bestia ¿entendido…?

 -Entendido -respondió Silvan.



El elfo fue a buscar todos los barriles de pólvora que tenía, los unió con una mecha, y los envolvió todos con una red de pesca.

Luego, prendió la mecha y lanzó todo el conjunto a la boca del kraken. En ese momento, Silvan giró el timón a tope, y se alejaron del monstruo. Enseguida, la bestia explotó en mil pedazos y murió, pero el barco había quedado hecho una pena.





Cuando amaneció, Éric vio tierra al sur, y preguntó:

 -¿Es el continente de Bábylon?

 -No, es la enorme isla de Lásgarot. Sobre lo que preguntas, queda a un día de viaje al este, si conseguimos arreglar el barco -respondió Eléndil, mientras fumaba tabaco en una pipa.

Durante ese día, todos se dedicaron a arreglar las velas y demás destrozos. A la mañana siguiente, llegaron a tierra firme, el viaje había acabado, estaban en Bábylon.



Enseguida, dieron las gracias a Vanya, y se despidieron.



El elfo regresó a Loft con los suyos, en el camino se encontró de lejos, con el barco que los siguió. Miró con el catalejo y vio quienes viajaban en su interior.





Mas tarde, cuando el grupo ya dejó las playas y avanzó sobre tierra firme, el barco de los caballeros del caos llegó a Bábylon.



En poco tiempo, estaban de nuevo siguiéndolos.

viernes, 1 de agosto de 2014

Capítulo 11 de Dragonstones 1




LA TORRE DE LA LAHMIA


    Como Eldaron dijo a nuestro grupo de héroes, se estaba preparando una guerra.

La Lahmia obedeciendo órdenes de Ízmer, había estado reuniendo un ejército, y aunque todavía no estaba completo, cuando lo estuviese, sería lo bastante fuerte para atacar Longoria con esperanzas de vencer.

A la torre negra llegaban un gran número de hombres, todos desertores y en contra de la política longoriana.
El ejército humano que estaba reuniendo y armando, estaba formado por hombres de todas las razas humanas: nórdicos, árabes, orientales, viejos mundanos, nómadas de la estepa, sureños de piel negra, y pieles rojas.



La Torre de la Lahmia estaba situada al sureste de Babylon. Se encontraba lejos de la fortaleza de Ízmer, pues ésta última estaba al nordeste. Se hallaba rodeada de montañas. Al oeste de ella, se encontraba la gran cordillera central, al suroeste, las montañas malditas, y al sur, las montañas de la muerte. El único sitio por dónde se podía acceder a ella, desde el sur, era el Paso de la Muerte, un desfiladero que atravesaba las montañas de la muerte. Al norte, había otro paso por el cual también se podía llegar, atravesando la gran cordillera central. Pero se encontraba mucho más lejos, a medio camino entre ambas torres negras… se llamaba el Paso de Hielo. En algunos tramos, era un desfiladero, pero en otros, pasaba por valles, aunque siempre, cubiertos de nieve o hielo.



Al mando del ejército humano, la Lahmia había puesto a un viejo mundano, de nombre Márenon; y lo había designado general.

Tenía treinta y nueve años y medía un metro con ochenta y siete. Por lo tanto, era un hombre alto y de aspecto fuerte. Solía llevar una barba descuidada, del mismo color marrón que sus ojos y su largo pelo. Era un hombre valiente, malvado, vengativo, y un excelente guerrero.

Vestía ropas de cuero, y pieles, e iba armado con una “espada bastarda”, una ballesta, y un “hacha del maestro”.
 -¿De cuántos hombres disponemos? -preguntó la Lahmia a su general Márenon.
 -En estos momentos, nuestro ejército suma unos tres mil hombres, pero creo que antes de ir a la guerra conseguiremos que esa cifra se eleve hasta cinco mil.
 -Espero que así sea. No quiero defraudar a Ízmer -dictó la vampiresa, aún insegura de la victoria.
 -Nos os preocupéis. Además de éste ejército, el líder de los túnicas negras ha mandado llamar al ejército de los elfos oscuros. Seguro que entre ambos conseguirán que Longoria se rinda ante sus pies -el Nigromante No-Muerto intentó calmar la angustia de su señora, con estas palabras.
 -No sé. No las tengo todas conmigo… aunque el ejército longoriano sea menor que los nuestros, seguro que encuentran ayuda de los elfos o los enanos.
 -Aunque así fuese, lucharemos hasta el último aliento para acabar con ellos. Podéis estar segura de ello, señora -acabó diciéndole Márenon, apretando un puño.
 -Si es así, me quedo tranquila. Ese es el espíritu que quiero que tenga mi ejército. Por eso, te elegí como su general. Puedes retirarte.


Dicho esto, Márenon dejó a la Lahmia y a Érgorth a solas, en la sala de la torre, y se fue a reunir con su ejército.




viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 10 de Dragonstones 1





LA ISLA DE LOFT


    Tras varios días de viaje en barco, habían llegado a la isla de Loft.

El grupo debía dejarlo y despedirse de la capitana Elhana y de su tripulación. El trato era traerlos hasta la isla, pero no regresar de nuevo con ellos, pues ella tenía otros asuntos importantes de los que ocuparse, por eso, no podía esperar mientras el grupo permanecía en Loft.

Como era de esperar, la despedida entre el grupo y la tripulación fue emotiva, sobretodo la de Alan y la capitana Elhana. Pues él había vivido toda su vida junto a ella, que lo había criado y le había enseñado la vida en alta mar, por eso la consideraba una verdadera madre.


El grupo dejó el barco y fue hacia la isla en dos barcas que Elhana les dejó.
En una iban: Silvan, Lana, Eléndil, Láslandriel, Ilene, Gúnnar, y Alan; y en la otra: Isilion, Mialee, Tristan, Kevin, Éric, Susan, y Justin.

Enseguida llegaron a la isla, y pudieron comprobar desde la arena de la playa, que era maravillosa.
Silvan les dijo a todos que permaneciesen juntos. No quería que ninguno se alejase de los demás, porque podría perderse, y les costaría mucho encontrarlo.

El grupo avanzó por la arena de la playa, en dirección a unos riscos que había junto a la arena. Cuando los ladearon, se encontraron con unos jardines rodeados por una muralla vegetal, que impedía ver el interior de éstos.
Pronto, dieron con una entrada en aquella muralla verde. Cuando la cruzaron, quedaron maravillados ante tanta hermosura.

A lo lejos, se divisaba el palacio de los altos elfos. Todo hecho de mármol blanco, con innumerables torres altísimas.
Alrededor, había numerosos jardines cuidados hasta en el último detalle; y muchos estanques de agua con cisnes y pétalos de flores en su interior; acompañados de estatuas y columnas llenas de hiedra.

Avanzaron por ellos, y los pájaros parecían recibirlos con sus cantos; se oían: ruiseñores, verderones, jilgueros y canarios; y se veían pavos reales, faisanes, y muchas palomas.
En los estanques había: cisnes, gansos, flamencos, grullas, y patos de diversos tipos.
En ellos había flores de todo tipo, como: orquídeas, fucsias, gladiolos, jacintos, adelfas, azaleas, y hortensias. Y árboles como: almendros, nogales, granados, cerezos, y ciruelos, la mayoría floreciendo; y frutos silvestres como: grosellas y frambuesas.

Continuaron avanzando… y el primer indicio de vida elfa, les sorprendió. A lo lejos, vieron como un carruaje tirado por seis pegasos, se elevó en el aire para dirigirse a cualquier otra parte de la isla.
Estaban ya cerca de palacio, cuando pudieron ver a varios grupos de elfos paseando o charlando por los jardines. Otros echaban de comer a los cisnes, a los pavos reales, o a las palomas.

Cuando llegaron a palacio, pidieron audiencia, pero les dijeron que esperasen unas horas, que el rey ahora no los podía atender.
Mientras, les ofrecieron dar una vuelta por la isla, volando en las monturas de los altos elfos, los pegasos.
Sólo quisieron Kevin, Éric, Susan, Justin y Alan. A ellos se les unieron Láslandriel e Ilene.
Así que, cinco de estos animales alados, cada uno con un alto elfo y uno de los chicos, iniciaron el vuelo junto a los ángeles.

Desde arriba, el palacio y sus jardines impresionaban aún más. Ambos eran enormes, y las estilizadas torres ascendían hasta lograr acariciar el cielo.
Veían las barcas que dejaron en la arena de la playa, y poco a poco, como el palacio quedaba cada vez más lejano.

Numerosos bosques se extendían por debajo de ellos, y un gran río surcaba casi la totalidad de la isla. Al oeste, vieron un grupo montañoso, situado al lado de las playas.

Tras sobrevolar la isla, decidieron regresar a palacio.

Mientras los chicos volvían, los demás charlaban o paseaban por los jardines. Isilion y Mialee tras un largo paseo, se detuvieron en los estanques, y hablaron tranquilamente de su relación.


Poco después, los ángeles y los chicos regresaron y comentaron con el grupo todo lo que habían visto.

Enseguida les comunicaron que podían pasar dentro de palacio.

Era hermosísimo, como lo eran los elfos que habitaban aquella isla… Esbeltos y distinguidos, lucían ropas hechas por sastres que dominaban a la perfección su oficio.
Aunque en palacio siempre había muchos de ellos, la mayoría vivían en pequeñas aldeas, dispersadas por toda la isla.

Éste disponía de numerosas estancias. Así que tuvieron que subir varias escaleras, hasta llegar a la sala real.
De inmediato, fueron presentados ante el rey de los altos elfos, el Rey Eldaron.
Era alguien altivo, arrogante, sabio e intolerante; y como todos los elfos era alto y delgado. Medía un metro con ochenta y cinco, y lucía una larga melena lisa, de color blanco; sus ojos eran de color miel.
Tenía doscientos setenta y cinco años, equivalentes a unos cincuenta y cinco humanos.
Sus ropas estaban cargadas de bordados dorados o plateados, sobre tejidos muy apreciados, de colores claros.


Lo acompañaba otro elfo, llamado Vanya, que era el general del ejército de los altos elfos.

Vanya era sobretodo guapo, pero además era muy listo, valiente y excelente guerrero; y como cualquier elfo nacido en esta isla, orgulloso y altivo.
Tenía el pelo liso y a media melena, de color entre castaño claro y rubio; sus ojos eran azules, grandes, almendrados, y de hermosas pestañas.
Medía un metro con ochenta y ocho, y tenía ciento cincuenta años. Su físico sería el de un humano con treinta años.
Sus ropas eran blancas, con algo de color azul y amarillo, y su cota de malla plateada. Solía llevar la espada de los Reyes Desterrados, el escudo Espejo Élfico, y un arco Fénix.

 -Creo saber el motivo de tan peculiar visita. He sabido de la aparición de La Piedra Multicolor, y también, que Ízmer ha mandado llamar a su ejército de elfos oscuros. Se está preparando una batalla, en la que muchos perecerán; por ello, La Piedra Multicolor nos será de gran ayuda. Pero a pesar de ella, debemos prepararnos para la guerra -terminó diciendo Eldaron al grupo.
 -Gracias por vuestra ayuda. Debemos saber el paradero de la primera de las Dragonstones -dijo Silvan a su majestad.
 -Os ayudaremos a encontrarlo, porque estamos obligados a ello según una antiquísima ley de Shakával. Ya que sólo aquí, la piedra muestra el paradero de la primera de las piedras, la piedra verde. Porque es en el único sitio en el que la luz de los tres soles puede proyectarse sobre La Piedra Multicolor de la forma adecuada, para que actúe sobre ella.
Seguidme, y os lo mostraré.



El grupo al completo, acompañó a Eldaron y Vanya hasta un lugar de palacio conocido como “La Cámara de los Tres Soles”.

La cámara estaba iluminada por la luz de varias antorchas, y por la luz solar que entraba por un orificio en el centro de la cúpula del techo. Era totalmente circular, y en sus paredes se mostraba representado el mapa del mundo de Shakával al completo.
En medio, había una mesa de piedra llena de inscripciones, y en el centro de ésta, estaba elevado el lugar destinado a La Piedra Multicolor. Justo encima, entre el orificio y el lugar reservado a ella, había algo suspendido en el aire. Algo parecido al cristal de una lupa, pero que en realidad era un filtro solar mágico, creado por los altos elfos para que sólo dejara pasar aquellos rayos de los tres soles que tenían poder sobre La Piedra Multicolor.

Eldaron entonces habló:
 -Ha llegado el momento. Debéis ponerla en el centro de la mesa.
Kevin lo obedeció de inmediato. Tomó la piedra, y se dispuso a colocarla en su sitio, justo dónde daban los rayos de luz solar que entraban por el orificio del techo.
En el momento en el que la colocó en el lugar indicado, gritó de dolor:
 -¡Aaaahhh!
La Piedra Multicolor al recibir la luz de los tres soles filtrada, quemó a Kevin en la mano. Al instante, la cámara quedó iluminada de tal modo que todos tuvieron que cubrirse los ojos para no quedar cegados.
Segundos después, la intensa luz fue cesando, y todos pudieron comprobar que con la luz clara, La Piedra Multicolor comenzó a cambiar de color, pasando por cada uno de los diferentes colores de las Dragonstones; para al final tomar el color verde.
Luego, emitió un fino rayo de luz verde hacia un lugar del mapa representado en la pared.
 -Mirad, La Piedra Multicolor muestra el paradero de la piedra verde… está justo después del bosque de draconia, en Aven, el pueblo de los hombres-ave -explicó Eldaron.
 -Pues allí es donde iremos -expresó Silvan, decidido.
Poco después, el rayo de luz desapareció y la piedra se volvió transparente.

Kevin entonces, la retiró de la mesa.



El grupo pasó la noche en la isla, pero a la mañana siguiente se despidieron del rey Eldaron; momento que aprovecharon Isilion y Mialee para darle las gracias por todo, ya que habían sido muy amables, y los altos elfos no lo eran con cualquiera.
Incluso el general Vanya, accedió a llevarlos en barco hasta el continente de Bábylon.

Así que, el grupo salió de la isla junto a él.


Los guerreros del caos, que también habían llegado a la isla en un barco; escondidos tras unos riscos, vieron al grupo subir al barco elfo.

Cuando éste se alejó lo suficiente, los siguieron en su propio barco.


Esperarían seguirlos hasta que los llevarán a la piedra verde, porque así les ahorrarían el trabajo.