miércoles, 9 de julio de 2014

Lectura. El Ciclo de La Puerta de la Muerte 4. El Mago de la Serpiente










Título original: Serpent mage (volume 4 the death gate cycle).
Autores: Margaret Weis y Tracy Hickman.
Traductor/a: Hernán Sabaté y Silvia Muñoz.
Editorial: Timun Mas.
Precio: Sobre 12 euros.
Número de páginas: 454.
Número de mapas: 5.
Publicación original: 1992.







Argumento


Haplo, el patryn, cruza una vez más la Puerta de la Muerte para continuar la exploración de los mundos en que los sartán, hace milenios, dividieron el universo original. Enviado para preparar la venida del Señor del Nexo, Haplo viaja en esta ocasión a Chelestra, el mundo del agua. Éste es un lugar donde humanos, elfos y enanos han aprendido a vivir en paz y han colaborado en la construcción de naves que los lleven a lugar seguro cuando el sol se aleje demasiado de la luna-isla donde habitan. Pero la aparición de unas gigantescas serpientes-dragones amenaza no sólo su paz sino su propia supervivencia.


Con este cuarto volúmen se cierra la primera parte de El ciclo de la Puerta de la Muerte, obra pletórica de imaginación absolutamente cautivadora.









Opinión


Como muy bien dice el argumento este cuarto libro cierra la primera parte de la saga. Esta primera parte ha servido para darnos a conocer los cuatro mundos, y la situación en la que se encuentra cada uno, y para conocer también a cada una de las razas, los personajes, y las historias que hay entre ellos.

Este libro, no me parece tan sorprendente como el tercero. Esta a un nivel similar a los dos primeros. 

El patryn Haplo se encuentra un mundo donde los humanos, elfos y enanos viven en paz. Cada una de las razas vive en una luna-isla del planeta, pero estas se van alejando cada vez más del sol que se encuentra en el centro del mismo, debido a ello y a unas serpientes gigantezcas con grandes poderes que los atacan en sus lunas-islas, tienen que crear unas naves acuáticas que los lleven a un lugar donde viven sartans a salvo en ese mismo planeta. En ese lugar el sartán Alfred despierta y se encuentra que los sartan que allí habitan son los mismos que crearon los cuatro mundos, los que forman el consejo. 
Mientras Haplo ayuda a las razas menores, Alfred comienza a cuestionarse muchas cosas sobre los suyos. Conforme la historia avanza a Haplo le sucede algo similar.

En fin, que avanza la historia entre los sartán y los patryn, y conocemos un poco más sobre el pasado de ambas.




Si tuviera que darle una nota al cuarto libro, le pondría 

Como nota le pongo un 7.

Bueno, ahora a comenzad a leer lo realmente interesante de esta saga, la trilogía final. Porque estos cuatro libros que ya he leído, era solo para llevarnos, y prepararnos, como meros aperitivos se tratasen, al plato fuerte, los tres últimos libros.

viernes, 4 de julio de 2014

Capítulo 7 de Dragonstones 1




LOS HALFLINGS


    Habían pasado unas horas desde que dejaron la gruta. El paso entre las montañas medianas y el bosque de half había sido un sendero tranquilo.
Gúnnar, el enano, estaba cansado de montar en el pony. Esto se debía a que éstos no estaban acostumbrados a ello. Pero eso no era lo que más lo disgustaba; sino el montar un poni.  Para él, eso era un menosprecio hacia su persona.


Gúnnar Ódegaard era un enano nórdico. Provenía de la zona de Nordia, al noroeste de Bábylon.
Como todos los de su raza, era testarudo y orgulloso… y lucía una gran barba pelirroja, con algunas trenzas, al igual que en su pelo; que era del mismo color... medía metro y medio; tenía los ojos marrones, y tenía ciento setenta años. Con que aún era joven.
Sólo utilizaba un hacha para defenderse. No obstante, para él era muy preciada, por ello casi nunca se separaba de ella.

Aún más que cansado, estaba hambriento.
Silvan, le dijo:
 -No te preocupes, en el momento que lleguemos a Half, tus problemas se solucionarán.

Los halflings solían acoger muy bien a sus amigos. Y el general longoriano era uno de los mejores que conocían.
Durante los años que llevaba al frente del ejército, había pasado por el pueblo de los halflings, en más de una ocasión. Por eso, para ellos era un gran amigo.


Sólo vivían pensando en sus cultivos, sus rebaños, y en una buena comida con la que llenar sus estómagos.
Vivían en su mundo, aislados de todo lo demás. Eran pacíficos, pero si atacaban a su pueblo o sus gentes, se defendían como el primero, a pesar de su pequeña estatura, que iba desde el metro, al metro con veinte centímetros.
Eran regordetes y con barriga; y aunque no solían tener vello en la cara, algunos llevaban patillas. En cambio, tenían los pies y las manos velludas y muy grandes. No obstante, solían llevar los pies, casi siempre, al descubierto.
Había otro pueblo de medianos que tenía casi las mismas similitudes que ellos... Estos los hobbits. Éstos vivían cerca de ellos, aunque un poco más al norte. Los otros medianos eran los kenders. Todos ellos solían acudir, unos a las fiestas de los otros.


Avanzaba ya la tarde cuando, lograron ver la aldea de Half. Silvan se adelantó para informar de la llegada del grupo a los halflings.
Poco después, llegaron todos. Y fueron recibidos con mucha alegría.

Gúnnar agradeció poder parar a descansar. Y se alegró porque ahora no era el más pequeño.
Los halflings se llevaron… los caballos, los unicornios y el poni… y los alimentaron bien.
Silvan, le dijo al grupo:
 -Nos quedaremos aquí hasta mañana. Partiremos al amanecer, y pondremos rumbo a la ciudad portuaria de Búrds.
Mientras llega la hora de la cena, si queréis, podemos darles las gracias por su amabilidad, ayudándolos en las labores rutinarias que realizan a diario.


El más anciano de los halflings, que era el que tomaba las decisiones en Half, se acercó a ellos y les dijo:
 -Podéis estar en cualquier parte. Ir a ver los cultivos, los rebaños, los verdes prados, y todo lo que queráis.

Los tres chicos: Kevin, Éric y Susan querían ver los rebaños. De modo que uno de los halflings más jóvenes, los llevó a las afueras, dónde los pastores llevaban sus ovejas a los prados.
Isilion y Tristan fueron a ayudar en los cultivos, que estaban cerca del río cristalino, junto al bosque de half.
Allí se recogía el agua, porque… unos ponys movían un mecanismo que hacía que la noria se moviese, ayudada también, por la corriente de ésta.
Tristan se dirigió a los halflings que había cerca de la noria.
 -Soltad los ponis, dadle respiro, necesitan descansar. Yo los sustituiré -dicho y hecho. Tristan se puso a empujar el mecanismo para que funcionara la noria. Tanto los halflings como Isilion se quedaron asombrados por la fuerza del bárbaro.
El elfo, después, fue hasta el final del canal del agua que iba desde la noria hasta los campos de cultivo. Allí, recogía en cubos de madera el agua que caía de éste a un embalse, y lo llevaba a los cultivos, dónde los halflings se encargaban de regar.

Por otra parte, Silvan, Gúnnar y Justin, se dedicaron a arreglar algunos de los tejados de las casas de los halflings, que estaban hechos de paja y varetas. Debían ser cuidados; porque cuando llovía, solía haber goteras. Las casas tenían las paredes de tierra dura, y estaban pintadas con cal.
Las chicas, Lana y Mialee ayudaban a las mujeres halflings a lavar las ropas, tenderlas y recogerlas.
Los ángeles, Láslandriel e Ilene, iban volando hasta el bosque, dónde los leñadores cortaban sólo la leña que necesitaban; (de los árboles más viejos… los enfermos o secos), y la transportaban hasta el pueblo.
Por último, Eléndil se dedicó a conversar con el sabio anciano halfling, para compartir conocimientos, costumbres e historias.


Kevin, Éric y Susan habían ido a los verdes prados a ver los rebaños. Hasta el momento, se estaban divirtiendo mucho con las ovejas.
Éric, el más inquieto de los tres, quería enfurecer al carnero para reírse de él. Le tiraba pequeñas piedras, y luego, atraía su atención. Esto, le pudo costar caro, porque el animal salió corriendo tras él, y estuvo a punto de golpearlo; de no ser por la ayuda de Kevin, que en el último momento lo agarró por el brazo, y lo apartó hacia un lado.
El carnero no tuvo más remedio que empotrarse contra un árbol. Quedó atontado, y aún más furioso; así, que tuvieron que marcharse antes, de que volviera tras ellos.

Cuando se acercaba la noche, todos habían dejado ya sus tareas, y se habían reunido en Half. Una excelente cena les esperaba…
Todos comieron, bebieron y rieron mucho. Luego, se fueron a dormir, y descansaron y reponieron fuerzas para seguir el viaje.
A la mañana siguiente, se despidieron de los halflings y salieron hacia Búrds, dónde buscarían un barco para navegar hacia la isla de Loft.


Por otro lado, los barcos negros habían avanzado hasta las costas cercanas a las tierras demoníacas.


En cambio, los caballeros del caos se informaron gracias a los campesinos, que el grupo había salido ya de Longoria, dirección a Búrds, para coger un barco que les llevara a la isla de Loft. Esto, les hizo cambiar de dirección… siguiendo su camino, pasando justo al norte de las montañas medianas.

Pronto, lograrían dar alcance al grupo de héroes.

viernes, 27 de junio de 2014

Capítulo 6 de Dragonstones 1





NOCHE DE TORMENTA

     
   Llevaban ya unas horas de viaje desde que dejaron Longoria… y Éric no había dejado de observar a todas aquellas personas, tan diferentes, que los acompañaban. Se fijaba sobretodo, en los ángeles. Antes, pensaba que no existían, y nunca se había imaginado ver alguno. Aunque no creía en ellos; los imaginaba diferentes, sin armadura y semidesnudos.

Poco después, éstos que viajaban volando a cierta altura, bajaron para poder hablar con Silvan.
 -Se acerca una tormenta. A lo lejos, hemos visto las montañas medianas. Quizás podamos alcanzarlas antes que comience, y refugiarnos en ellas, si aligeramos el paso -le comentó Láslandriel a Silvan.
 -¡Está bien, todos a galope hacia las montañas! 

Comenzaron a cabalgar, y el enano, que iba en el poni, se descolgaba de ellos, al igual que el pequeño unicornio.

Por fin, alcanzaron las montañas.

Allí siguieron un camino que había entre éstas y el bosque de half. Se llamaba así porque iba a parar a la aldea del mismo nombre. Un lugar dónde no vivían hombres, sino uno de los tres tipos de medianos que existían en Shakával, los halflings. Una raza que trataba siempre de vivir en paz.

Poco después, comenzó a llover. Lo hacía con bastante intensidad. Así, que tuvieron que buscar un sitio donde refugiarse.
Algo más adelante, Silvan, el líder del grupo, encontró una cueva que era bastante grande, y servía para que todos se refugiasen de la tormenta.
Tristan recogió algunas ramas húmedas para prender fuego, pero éstas tardaron en hacerlo. Al final, se formó una buena hoguera.

Todos estaban empapados y hambrientos…

Los muchachos, que estaban menos acostumbrados a mojarse, les castañeaban los dientes… del frío que tenían. Susan estaba pálida y mostraba los mismos síntomas que Éric y Kevin, pero en cambio, ella tenía fiebre. Tristan la cogió en brazos y la recostó sobre una manta; luego, Eléndil le preguntó por el frasco que llevaba. Al mago le resultaba conocido, pues había visto alguno igual, anteriormente.
Susan le contó como lo consiguió, y éste prefirió utilizarlo en otra ocasión, más necesaria; sabedor que llegaría, tarde o temprano.
Luego, sacó de uno de sus saquillos unas hierbas que posteriormente machacó con unas piedras. A continuación, con un pequeño frasco cogió algo de agua de lluvia. Inmediatamente, echó un poco de la sustancia que resultó, en el frasco… lo removió todo, y se lo dio a Susan.
Ésta se lo tomó, y comprobó que estaba amargo, pero confiaba en que se pondría mejor.
Poco a poco, la chica fue cerrando los ojos, hasta relajarse y finalmente, quedarse dormida. Mientras, los demás aprovecharon para sacar algo de la comida que tenían guardada para el viaje a Loft, y comer algo frente al fuego.

Isilion decidió ser el primero en montar guardia.

Silvan, el líder del grupo, era el general del ejército longoriano. Un hombre serio y valiente, e igualmente, listo y guapo.
Con treinta y tres años de edad y un metro con ochenta y cinco de altura, lucía una agraciada figura. Además, tenía la piel morena y el cabello… liso, largo y negro; y lucía unos ojos azul claro, que iluminaban todo su rostro.
Sus ropas eran… una cota de malla, que le cubría todo el brazo, la típica ropa del ejército longoriano; que consistía en una túnica marrón oscura, en el caso del general, y azul en el caso de los soldados, sin mangas y cuello de pico, sujetada con un cinturón y que llegaba por debajo de la rodilla, con una raja a cada lado, para mejor movilidad de las piernas. En medio del pecho, tenía el símbolo de Longoria… que consistía en un fénix. Llevaba también, una capa con capucha de color azul marino. Sus pantalones eran de color lila oscuro, llegando a ser casi negros; por último, llevaba unas botas y unos guantes marrones oscuros.
En cuanto a armas, sólo llevaba una espada y una daga.

Kevin miró a su alrededor, y casi todos estaban dormidos. Sólo él, Isilion que vigilaba, y Silvan que estaba pensando en el viaje a Loft, estaban despiertos.
Eric estaba junto a su hermana, durmiendo. Eléndil y Lana yacían por otro lado. Ilene y Láslandriel, que eran pareja, dormían juntos… ella entre los brazos de él. Justin estaba durmiendo justo al lado. Y los demás… Tristan, Gúnnar y Mialee; dormían solos, entre los otros.



   A la mañana siguiente, amaneció un día espléndido. Por eso, cuando todos despertaron, quisieron salir fuera de la gruta, para ver la zona. Susan ya se encontraba bien, así que desayunó algo de sopa caliente, que preparó Lana.


La aprendiz de maga, poco después, se adentró en el bosque de half para buscar unas hierbas que su maestro Eléndil necesitaba. Llevaba tiempo junto a él, porque ella quería aprender ilusionismo, una rama de la magia, entre muchas otras, que él sabía y dominaba casi a la perfección, pues era un mago de mucho prestigio.
Nativa de Longoria, se unió a su maestro porque éste era el mejor mago de todo el reino; ahora, tenía veinticinco años, y era una muchacha atractiva e interesante, tanto en físico como en personalidad. Medía alrededor del metro con setenta y dos, y tenía una larga melena lisa y pelirroja, muy cuidada… y unos grandes ojos claros, con hermosas pestañas.
Como aún no vestía la túnica de ilusionista de color gris, debido a que sólo podían vestir túnicas, aquellos magos que había alcanzado el cuarto nivel de magia… iba vestida con un traje ajustado, verde esmeralda, unas medias lilas, y unas botas, marrón pardo. También llevaba unos guantes muy ceñidos a la mano de color rosa; que le daban un toque muy femenino. Por último, llevaba una capa de color lila, mágica, que la volvía invisible, cuando ésta se ponía la capucha. Era un regalo de Eléndil. Se lo hizo no hace mucho tiempo; el día que cumplió diez años de aprendizaje junto él. Ella se unió a él, muy joven, a la edad de trece años. En Longoria, eran los magos, los caballeros, los clérigos, y lo físicos, los que gozaban de mayor prestigio; y a ella le gustaba la magia, y como era lo único a lo que podía optar… eligió ser maga.

En ocasiones como ésta, que salía fuera de Longoria con Eléndil, y podía enfrentarse a grandes peligros… llevaba además de la capa, una espada corta en su cinturón.



Después de adentrarse en el bosque, llegó a una pendiente… un pequeño precipicio, donde encontró las plantas que su maestro le había mandado buscar. Intentó alcanzarla, pero no lo logró. Entonces, se tendió sobre la hierba y alargó la mano todo lo que pudo, para cogerla, pero no lo consiguió. Se arrastró un poco más hacia abajo, y por fin consiguió su objetivo. Aunque, al instante, cayó rodando por el precipicio... Suerte, que se frenó en seco… porque el pie se le enganchó en una raíz que salía del suelo.
La situación era ésta: quedó enganchada por el pie, colgada boca abajo, justo al final del barranco. No podía soltarse sola, porque… aunque tenía una espada, era tan corta que no alcanzaba la raíz. Así que, cuando vio que no podía soltarse por sí misma… pidió ayuda. Pues la magia que ella aprendía, el ilusionismo, no le servía de nada.
Silvan, que se encontraba en ese momento cerca de allí, la oyó y acudió en su ayuda.
Enseguida llegó y la despojó de la raíz, la cogió en brazos… y la recostó sobre el tronco de un árbol, para examinarle el tobillo… que por suerte, sólo se había torcido.
Le quitó entonces la bota, y tenía el tobillo hinchado.

 -Silvan, las hiervas que he venido a buscar, sirven también, para bajar la inflamación -le explicó.
Éste le puso una hoja de la planta sobre el tobillo. Luego, desgarró una tira del vestido de ella, y se lo vendó. Después, cogió el resto de la planta y la bota, y las guardó en una bolsa que ató a su caballo.
A continuación, volvió a levantarla en sus brazos para que no apoyara el tobillo. La subió a su caballo, e hizo lo mismo, situándose detrás de ella. Seguidamente, siguió un sendero que había en el bosque para regresar a la gruta.
Mientras volvían, paseando a caballo por aquel hermoso bosque… ella se ruborizó, pensando en lo amable que había estado con ella. En ningún momento había fanfarroneado por rescatarla. Ni se había aprovechado de las circunstancias, más de lo debido. Se había comportado como un perfecto caballero. Y había actuado en cada momento, como debía hacerlo. Además, Silvan gozaba de una notable prestigio en Longoria, debido a lo bien que representaba su puesto. Por eso, lo idolatraba Para ella, lo más importante, aún más que la magia, era… el respeto del pueblo longoriano; y él lo tenía, y muy bien ganado.


A la vez que ruborizada, se sentía muy bien entre sus brazos. Él era un caballero muy guapo y distinguido. Por eso, no quería que ese paseo a caballo, se terminase nunca.


Pero poco después… llegaron a la gruta. Entonces, su maestro vio que  había conseguido las hierbas, pero también que se había lastimado el tobillo. Así, que le quitó la venda y la hoja, y se lo reconoció. La hinchazón había bajado pero el tobillo seguía torcido.
El mago pronunció unas palabras, mientras se lo tocaba con la mano. Éste sanó de inmediato. Volvía a estar como antes de lastimárselo. A continuación, pronunció otro hechizo que hizo que el vestido volviese a estar como nuevo. Cuando acabó, no parecía que Silvan lo hubiese desgarrado.
A continuación, todos volvieron a reunirse en la entrada de la gruta. Entonces, Láslandriel le dijo al general longoriano:
 -He inspeccionado la zona junto a Ilene, y a lo lejos, hemos visto la aldea. Si marchamos ahora, podríamos llegar avanzada la tarde.

 -Bien, pues nos esperemos más. Pondremos dirección a Half -el grupo enseguida recogió las cosas de la gruta y macharon hacia la aldea.