domingo, 6 de abril de 2014

Relato: El Pasado de Wylan de Ghylea.





Autor: Es mío. 


Es el segundo relato que escribí. Lo hice para participar en un concurso de visiones, pero no fue elegido. En un futuro será el prólogo de mi proyecto Wylan. El último kylonio.



EL PASADO DE WYLAN DE GHYLEA








  Wylan nació en el seno de una de las tribus bárbaras que existían en Ghylea, un mundo fantástico muy antiguo, cruel y despiadado.
Su tribu era la de los kylonios, pero existían muchas otras: la tribu de los thulsios, la de los kunesinos, la de los urios, y la de los yhytianos.
Se dice que nació en el año 35 de la Segunda Edad (periodo a partir de la formación de los nuevos reinos).
Kylonia, el lugar donde vivía su tribu, se hallaba entre unos picos situados al norte del Reino de Roden del Este, uno de los nuevos reinos, el más al sureste de Ghylea.
Los kylonios eran unos bárbaros que se dedicaban a dos cosas: forjar armas y utilizarlas en la batalla.
Aunque eran unos excelentes guerreros, vivían mayormente gracias a su habilidad en la forja. Trabajaban para el Imperio, que tenía su sede en el Reino de Tórnansut. Éste le proporcionaba el metal procedente de la isla de Grylla, al sur de Ghylea, en el Mar de Ashmar, y ellos se ganaban la vida fabricándoles armas.
Eran crueles y temerarios en la batalla, pero muy generosos entre ellos. Debido al clima caluroso que hacía en sus tierras vestían semidesnudos, tan solo cubrían sus pies, pantorrillas, y partes pudorientas, con pieles. El resto de sus musculados cuerpos lo llevaban casi siempre al descubierto.


Los kylonios no esperaban su llegada. Para ellos fue la primera vez de muchas otras. Sin embargo, a otros pueblos ya les había sucedido una primera vez, pero creyeron que solo eran rumores.
El Emperador llegó junto a sus dos esbirros y una pequeña tropa de su ejército.
No. Esta vez no venían a por armas. Él no se molestaría en eso. Siempre mandaba a uno de sus esbirros acompañado.
Los rumores eran ciertos.
Venían a llevarse a todos los bebés que hubieran cumplido su primer año. No querían a otros, solo a esos; y tenían que ser niños, nunca niñas.
Algunos padres intentaron en vano esconder a sus hijos, o incluso huir con ellos. De nada sirvió.
Entre el grupo de niños estaba Wylan. Su padre, un bravo guerrero conocido en toda Ghylea, intentó salvar a su hijo.
-Así que tú eres el Emperador –se atrevió a decir-. Decían que eras alguien muy poderoso. Pero yo te conozco. Estás algo cambiado, pero ya luché en el pasado contra ti, y no te tengo miedo -el kylonio desenvainó su espada. Pero no pudo hacer mucho más, porque el Emperador con un gesto de su mano invocó la magia negra y el bárbaro gritó de dolor, la espada se le cayó al suelo. Se miró y tenía la palma quemada.
-Era cierto todo lo que habías oído sobre mí. Ahora soy mucho más poderoso –se mofó el Emperador.
-No sólo es tu magia negra. Veo que tu corazón también ha cambiado. Es malvado. Antes, aunque rivales, luchabas por tu gente y no por lo que sea que luches ahora. Además, no recurrías a sucias artimañas. La magia negra es impropia de un guerrero.
-Ja, ja, ja –rió el Emperador-. Así que ese es tu hijo. ¡Entregádmelo!-le ordenó a sus esbirros-. Cuando lo tuvo entre sus manos, lo alzó para verlo bien –. ¿Cómo te llamas? –inquirió-.
-Wylan –balbuceó el bebé, luego intentó soltarse para volver con su madre.
-Es fuerte. Digno del mejor guerrero contra el que he luchado –dijo mirando al padre-. Separadlo del resto. Que se ocupe de él la Nodriza Superiora –le dijo a su esbirro al devolvérselo.


El Emperador se fue con su séquito como había venido. Los bebés marchaban en un gran carromato cuidados por las nodrizas.
Pronto dejaron el Reino de Roden del Este y se adentraron en uno de los antiguos reinos, Koshora.
Hicieron un único alto en La Escuela de Gladiadores de Shakoa, una de las seis escuelas de gladiadores que existían, todas pertenecientes al Emperador. Las otras eran la de Talhia, la de Thynau, la de Rhekya, la de Thorán, y la de Kroodan.
Luego llegaron al Camino del Este y pronto se adentraron en el antiguo Reino de Tórnansut. Al norte del camino por donde marchaban se encontraba el Desierto de Ghamorea, una gran extensión de arena en la que solo vivían elefantes, camellos, y unos extraños lagartos semejantes a lagartijas gigantes tan grandes como los primeros mamíferos mencionados.
El camino que transitaban les llevó al Camino Real, el cual no dejaron hasta llegar a Tórnansut, la ciudad del reino principal.
Los bebés serían criados hasta los cinco años por las nodrizas. Después, según sus aptitudes, se adiestrarían para formar parte del ejército del Emperador, para ser gladiadores, o simplemente se convertirían en esclavos.
Wylan sin embargo, sería criado hasta los cinco años por la Nodriza Superiora, como hijo del Emperador. A continuación, sería preparado como tal.
Y es que el Emperador no podía tener hijos.
Con todo, cuando Wylan tenía dos años, éste gracias a Darshiva, su hechicera personal, una de las guehdas (hechiceras que debían su nombre a la isla de la que provenían, una de las Tres Islas Malditas, situadas en el Mar de Morthun, al este de Ghylea), descubrió la única oportunidad que iba a tener para ser padre.
Entonces, la noche que el cometa surcó los cielos, el Emperador fue sometido a un ritual de magia negra por su hechicera, y gracias a ello pudo lograr su objetivo, manteniendo relaciones esa misma noche.
Para ello, eligió entre su harén de concubinas a su preferida, y con ella yació.
Nueve meses después nació una niña a la que llamó Akelasha.

Wylan que había aprendido a leer y había sido educado como se merecía por la Nodriza Superiora, cumplió los cinco años y comenzó su adiestramiento como hijo del Emperador. Pero a partir de entonces fue tratado por su padrastro de forma diferente. Fue mucho más duro y cruel con él que con cualquier otro. La exigencia a la cual lo sometía era casi inhumana.
Pasaron los años y cuando Wylan tenía diez años y Akelasha siete, ésta siempre adorada por su padre, decidió interceder por el que creía su hermano.
-Padre, ¿por qué eres tan duro con él? –le preguntó una vez.
-Algún día deberá ocupar mi puesto. Y sí, yo sé que no sabes lo que eso supone. Pero no es nada fácil.
-¡Hazlo por mí padre! ¡No puedo verlo sufrir más! ¡No lo aguantaría! ¡Es mi hermano! –gritó.
-¡En realidad no lo es! –se le escapó.
-¿Qué? –acertó a decir Akelasha, sorprendida.
El Emperador no tuvo más remedio que contarle la verdad a su hija, pero le hizo prometer que nunca le diría nada a Wylan
A pesar de ello, la niña sentía que debía decírselo al chico. De modo, que se lo contó.
-¡¿Por qué me ha hecho esto?! ¡¿Por qué nunca me dijo nada?! ¡No me quiere! Pensé que él era mi padre y tú mi hermana, pero no es verdad. Yo… -rompió a llorar-. ¡No quiero que sea mi padre! ¡No quiero ser su hijo nunca más! –dijo en un mar de sentimientos.
-Y yo -susurró Akelasha con la voz rota, mientras una lágrima resbalaba por su mejilla. Wylan acercó su mano y se la recogió.
-No llores. A ti sí te quiero.
En ese momento entró el Emperador que había escuchado la mayoría de la conversación.
-¡Así que reniegas de mí! ¡Qué equivocado estás! –le dijo a Wylan. Luego se dirigió a su hija y le dio un bofetón.
-¡¿Por qué lo has hecho?! Ella si es tu hija. ¿Tampoco la quieres? –el chico se interpuso entre el Emperador y Akelasha-. No te dejaré pegarle otra vez.
-Me prometiste guardarme el secreto –le soltó a su hija, casi mordiendo las palabras-. Siempre te he adorado. ¿Por qué lo hiciste?
-Debía saberlo. Él siempre ha sido bueno conmigo –logró decir con esfuerzo.
El Emperador se retiró a su habitación personal.
Entonces, un rayo atravesó su cerebro como un calambre.
-¡Aaarrrggghhh! –gritó.
¿Por qué la he golpeado? Es mi hija. Yo no soy así.
¿Qué dices insensato? Has hecho lo que debías hacer. Te ha traicionado y merecía un castigo.
Sí, ¿pero pegarle? He sido demasiado duro. Ya no me querrá como antes.
No seas sentimentalista. Yo diría que te has quedado corto. El castigo debió ser más duro. Debes ser fuerte. El mundo no está hecho para los débiles.
Llevas razón.
El rayo volvió a recorrer su cerebro pero en dirección contraria para retirase de él, y dejarlo en paz.
-¡Aaarrrggghhh! –volvió a gritar. Luego, todo quedó en calma.
La muchacha que ya tenía un vínculo muy fuerte con Wylan antes que éste la defendiera de su padre, se sintió aún más unida a él a partir de ese momento. Y comenzó a sentir algo hacia el chico diferente de lo que sintió hasta entonces. En cuanto a su padre, Akelasha seguía queriéndolo igual que antes. Esto hizo que el Emperador en lo más profundo de sus sentimientos, se sintiera aún más arrepentido por lo que le hizo.
Wylan no se marchó. El Emperador no lo permitió, pues lo quería como a un hijo, aunque no lo tratara como tal.
Le obligó a seguir siéndolo.
Todo marchaba como éste quería hasta que Wylan comenzó a sentir por Akelasha lo mismo que ésta sentía hacia él.
Cuando el Emperador lo supo, fue el quién renegó de Wylan. Él siempre lo había visto como al hijo al que dejar su legado cuando ya no estuviera, a pesar de no serlo. Lo trataba cruelmente porque así debía ser. El día que ocupara su puesto tendría que ser fuerte. El mundo no estaba hecho para los débiles, y en su caso mucho menos. Debía ser el más fuerte de todos porque tendría que enfrentarse a ello a lo que él lo hacía cada día desde que recibió el poder. Y él sabía que era algo muy doloroso, casi inaguantable. Tanto, que no era el mismo desde entonces.
Pero la verdadera causa por la que no debían estar juntos era porque él siempre había pensado en la parte fácil para su hija, y la parte difícil para Wylan. El chico debería soportar la carga y ella vivir alejada de él, disfrutando la vida. Nunca debía saber nada del sufrimiento al que este se enfrentaría.
Así lo había hecho él, y ella ajena a ello, había sido feliz.
Pero si dejaba que los dos enamorados estuviesen juntos, su hija conocería la verdad a la que se enfrentó su padre, o sea, él; y a la que se enfrentaba Wylan.
Eso no sucedería nunca. Aunque para ello tuviese que quedarse sin sucesor. Ya se le ocurriría algo. Quizás, con más poder podría alargar su vida el tiempo necesario.


Decidió expulsarlo del reino. Lo odiaba por haber frustrado sus planes, y debía recibir un castigo terriblemente cruel. Conque antes se lo llevó a Kylonia. Le acompañaban sus dos esbirros y una pequeña parte de sus tropas.



Cuando llegaron, ante los ojos de Wylan, saquearon, incendiaron y destruyeron el pueblo. Mataron a todos los kylonianos excepto a los padres del chico, pues a ellos los dejaron para el final.
Mientras los soldados retenían al padre de Wylan, y uno de los esbirros sujetaba al muchacho, el otro se preparaba para violar a su madre. Ésta se dejó a sabiendas que si no lo hacía el otro esbirro desgarraría el cuello del chaval.
Para ello, el primero mandó a varios soldados a por una mesa que habían dejado intacta a cosa hecha. Cuando esta estuvo preparada, el hombre cogió a la mujer y la empujó sobre ella. Luego, la agarró y la giró bruscamente colocándola de espaldas a él. Seguidamente, hizo que se inclinara hacia adelante. A continuación, desgarró las pocas pieles que la cubrían y ayudándose de una mano, introdujo su miembro eréctil dentro de la muchacha. Le costó, pues los músculos del sexo de la mujer estaban rígidos. A pesar de ello, tras varias sacudidas suaves, el sexo del esbirro logró humedecerse y pudo continuar. El hombre fue penetrándola una y otra vez, mientras los soldados, el otro esbirro y el Emperador miraban. Ya que Wylan y su padre no eran capaces de hacerlo.
-¡Acaba de una vez, mal nacido! –gritó el bárbaro.
-Ja, ja, ja –rió el esbirro, al volver la mirada hacia el kylonio -. ¡Está disfrutando como jamás lo ha hecho contigo! ¿¡Verdad perra!?
Las embestidas eran cada vez más enérgicas, tanto que el hombre terminó exhausto.
La mujer se retiró de él e intentó cubrirse como pudo.
Cuando el esbirro se repuso, le dijo:
-¿Qué haces? Aún no hemos acabado contigo.
De modo, que fue hacia ella y la agarró por los pelos y la llevó hasta un poste algo quemado, que aún se sostenía en pie. Entonces, la amarró a él de espaldas a ellos.
-Ahora te toca a ti –le dijo un soldado al bárbaro. Lo obligaron a acercarse a su esposa, y entonces el Emperador le lanzó su látigo.
El esbirro le dijo:
-Dale tres latigazos, o la mataremos.
-No me podéis pedir eso.
-Claro que podemos –rieron.
El kylonio descargó el látigo una primera vez.
-¡Nooo! –gritó y forcejeo Wylan.
-¡Aaaaaahhhhh! –gritó la mujer.
El látigo crujió una segunda vez. El bárbaro pensó que le dolía darlos tanto como a ella recibirlos. Pero no había comparación.
-¡Aaaaahhhh! –ya casi no tenía fuerzas ni para gritar.
Wylan estaba llorando en silencio, sus lágrimas corrían por su rostro como ríos, sin embargo, no pronunció ni un leve sonido. Sólo el subir y bajar de su pequeña nuez, con cada latigazo.
Cuando el kylonio lanzó el látigo por tercera y última vez, el Emperador lanzó un hechizo sobre el arma y cuando ésta estalló sobre la espalda de la muchacha, lo hacía envuelta en llamas.
-¡AAAAAAAAAHHHHH! –gritó más fuerte que nunca. Después, casi se desmayó.
-¡Cobarde! ¡¿Qué has hecho?! –vociferó el kylonio.
Enfurecido, el bárbaro intentó descargarlo sobre el Emperador. Pero quedó paralizado.
-No, no, no, no. Veo que no has aprendido desde nuestro último encuentro –se acercó hasta él y recogió su látigo que ya no llameaba.
Los soldados cogieron al kylonio que aún se encontraba inmovilizado por el hechizo y le amarraron las muñecas tras la espalda. Luego, lo colocaron de rodillas con la cabeza sobre un tronco cortado. Y soltaron a su mujer. Esta desnuda, y muy malherida, casi no se tenía en pie.
-Mátalo o de lo contrario nosotros haremos lo propio con tu hijo.
La mujer se fijó en el hacha que tenía uno de los soldados que había junto a su marido. Sabía que era para ella.
Miró a su hijo y luego a su marido.
-No –balbuceó con un gesto de su cara.
El otro esbirro apretó más el gaznate del chico.
La mujer que se percató, ando a trompicones hasta que llegó al soldado, después le arrebató el hacha, y miró a su marido, quien, a pesar de no poder inmutarse, expresaba todo con su mirada.
Estuvo un rato pensando qué hacer.
-¡Hazlo de una vez! –gritó el esbirro que tenía a Wylan. Para asegurarse, apretó más su arma y dejó que dos gotas de sangre resbalaran del cuello del muchacho.
La mujer miró por última vez a su marido, y decidida elevó el hacha y la descargó separándole la cabeza del cuerpo. A continuación, soltó el arma y cayó de rodillas sobre el suelo en un mar de lágrimas.
-Ahora te toca a ti, muchacho –le dijo el esbirro que lo sujetaba.
-¿Qué? –dijo Wylan volviendo a la realidad de aquel infierno que se le antojaba una pesadilla.
-Hazle a ella lo mismo que le ha hecho a tu padre – ordenó el esbirro.
-¡Jamás lograréis que haga eso!
-¿Ah, no? Apuesto por lo contrario –el Emperador pronunció estas palabras y luego lanzó un hechizo sobre el chico. Éste entonces vio cómo su cuerpo se dirigía hacia su madre. No era dueño de sí mismo. Aquel hombre lo dirigía.
Cogió el hacha y cuando se disponía a levantarla, su madre le arrebató una daga a uno de los soldados y se la ha clavó a sí misma en el vientre.
Se está suicidando -pensó Wylan.
Su madre le dedicó una última mirada antes de morir. Jamás había visto alguna que desprendiera tanto cariño. Él la recordaría toda su vida. Era pura dulzura.
-¡Nooooooooo! –su cuerpo ya no estaba bajo los influjos del hechizo, así que reaccionó lanzando el hacha sobre el Emperador. Por suerte para él, que se había descuidado un momento, un soldado se interpuso salvándole la vida, y muriendo en el acto.
-¡Cogeeedlo! –gritó el Emperador.
Encerraron al chico en un carro con una jaula llena de barrotes y se dispusieron a regresar. Él, sujeto a los hierros, no retiró la mirada de los restos del pueblo que le vio nacer, hasta perderlos de vista. Poco después, mientras avanzaban de regreso a Tórnansut, el Emperador pasó en su caballo junto al carro donde marchaba el chico. Éste se había encerrado en sí mismo, y su mente distaba de donde se encontraban ahora.
-Si crees que has sufrido, tu castigo no ha hecho nada más que comenzar –fue la única frase que le dedicó el Emperador.
A Wylan ya eso no le importaba. Sólo pensaba en una cosa: mantenerse vivo para algún día vengarse de todo el dolor que a él y a todos los que alguna vez quiso le habían hecho.
Al llegar al reino, Wylan fue encarcelado durante unos días hasta que fue enviado a la Cantera de Esclavos de Shykria. Por aquel entonces, tenía once años.
Su vida allí fue muy dura. Aunque él había sufrido mucho adiestrándose como hijo del Emperador, no era lo mismo. Era un esclavo, y desde que supo lo que eso significaba se juró que si algún día tenía la oportunidad, acabaría con toda la esclavitud que hubiera en el mundo. En la cantera se había corrido la voz, tanto entre esclavos como guardias de quién era, y eso le hizo la vida más difícil aún. Además, estaba el hecho de vivir apartado de Akelasha para siempre. El no poder verla le supuso el peor de los sufrimientos. Pero, sabía que seguiría siendo así. De modo, que intentó mantener su mente en el trabajo. Con todo, no llegó a olvidarla.

Un día, por casualidad, cuando ya tenía quince años, trabajando en la cantera, se perdió sin querer, descubrió una gruta, y se adentró en ella.
Tanto lo hizo, que llegó a una zona por descubrir. Allí, fue atacado por un gran monstruo acuático con alas.
-¡GGRRRRHH! –sonó un ruido espantoso que se expandió con el eco por toda la gruta.
¡Ooh, no! ¿Qué es eso? pensó Wylan cuando lo vio-. Parece uno de los dragones de los cuentos que me contaba la Nodriza Superiora para irme a dormir. Pero no… es diferente. No es un dragón, es otra criatura. Si ni siquiera ella me habló de esto, es porque muy pocos han visto a esta bestia.
-¡GGGRRRRRHHH! –sonó de nuevo. El monstruo volaba tras él, mucho más cerca.
Wylan corrió como pudo entre los salientes y las húmedas rocas. Lo hizo tan rápido, que con tan poca visibilidad no vio el precipicio que tenía delante y cayó por él. Siguió cayendo, y cayendo hasta que por fin alcanzó un estanque de agua que había al final de él. Para su suerte, el agua del estanque por alguna razón era luminosa, y pudo sumergirse en él de la manera adecuada, introduciendo primero los pies y luego en línea vertical el cuerpo.
Debido a lo brutal que fue el impacto llegó a sumergirse hasta alcanzar el fondo del estanque. Allí vio un nido con unos enormes y gruesos cascarones de huevos más luminosos aún que el agua, que parecían muy antiguos, pues estaban fosilizados.
No creo que lo haya puesto él. Si son tan viejos, más bien, él haya nacido de uno de ellos. Creo que el agua debe su luz a los propios huevos.
Estaba en lo cierto, en todo lo que pensó. Aunque le faltó algo, que descubrió al salir del estanque. Se notaba cambiado. No físicamente, en cuanto a aspecto, pero sí en cuanto a sensaciones. Se notaba lleno de fuerza, podía ver mucho mejor en la oscuridad de la gruta, y se notaba diferente en otros aspectos. Aunque no sabía cuáles.
Cuando se cercioró que el monstruo no andaba cerca, siguió inspeccionado aquella parte baja de la gruta, y siguió adelante. Ahora, ayudado por su impresionante vista.
Tras una semana andando, llegó hasta la salida, que se hallaba muy lejana del lugar de la entrada de la gruta, y mucho más al sur.
Al salir al exterior, descubrió que se encontraba en una selva, en Kraasha. Notaba la presencia de muchos animales sin verlos. Debía ser aquella agua.
Avanzó adelante por aquella espesa selva, y tras varias horas dio con un poblado, o más bien, ellos dieron con él.
Los krashianos eran guerreros, una de las cinco hordas guerreras que existían en Ghylea. Se los conocía como la Horda de los Espadas Blancas.
Las otras hordas eran la de los Espadas Negras o fakianos, la de los Lanzas Afiladas o kibalas, la de los Máscaras de Guerra o yarathusas, y la de los Hachas Manchadas o grahars.
Los krashianos al enterarse del lugar que venía… la gruta, y al descubrir las aptitudes que el chico poseía, lo acogieron en su horda con agrado. Pues según decía una de sus profecías, algún día aparecería un muchacho que vendría de la gruta del monstruo al que todos los krashianos tenían miedo, dotado de poderes. Gracias a esa profecía, Wylan descubrió que el agua era luminosa y tenía propiedades mágicas debido que al eclosionar los huevos, éstos vertieron un fluido mágico y luminoso, que volvió al agua con éstas características. También supo cuáles eran los poderes que el agua le había otorgado, al bañarse en ella: entender, comprender, y sentir la presencia de los animales; una fuerza sobrehumana muy superior a la del resto de las razas; agilidad sin igual, incluso superior a la de los felinos; y los sentidos extremadamente desarrollados, en general.
Además, descubrió que los krashianos adoraban igual que temían a aquel monstruo, y que según sus antepasados cinco de ellos nacieron de aquellos huevos tras morir sus padres matándose, ya que se comían entre ellos… pues entre su antiquísima especie se regían por la ley del más fuerte. Solo éstos sobrevivían. Eso les pasó a las crías y desde entonces solo uno pudo sobrevivir y crecer hasta alcanzar la madurez.
El único krashiano tan valiente como para atreverse a entrar en la gruta era su líder. Solo él pues, había visto al monstruo en realidad, pero no llegó a poder bañarse en el estanque. Tuvo que huir para salvar la vida. Con todo, logró llevarse algo muy preciado, uno de los huesos de los otros monstruos muertos en el pasado.
Aquellos huesos, como el agua, eran mágicos. Con él, El líder krashiano mandó que le hicieran una espada. Y desde entonces, era la espada más poderosa de toda Ghylea.
Wylan, desde su llegada, vivió con los krashianos, aprendió su cultura, sus artes guerreras y muchas otras cosas.

Un día salieron de caza. Tardaron bastante en llegar a su destino, el Desierto de Ráshlar. Aquella vez, se disponían a cazar smilodones, más conocidos por Tigres Dientes de Sable. Los krashianos apreciaban mucho su carne, su piel, sus garras, y sobretodo, sus colmillos. Se alimentaban de la primera, se vestían de la segunda, se adornaban de las terceras (colgándose las garras en colgantes como trofeos), y utilizaban los cuartos, los colmillos, como puñales.
En aquel desierto de tierra árida también solía haber uros, bisontes o hasta mamuts.
A medida que se adentraban en el desierto se veían muchos esqueletos de estos animales, pues había poca hierba, y eso provocaba que los Dientes de Sable estuvieran en clara ventaja, pues sus víctimas se encontraban la mayoría de las veces débiles.
Los krashianos no utilizaban sus espadas blancas en la caza, sólo se valían de sus colmillos, flechas y redes para ello.
Agachados, avanzaban a rastras por suelo y lanzaban sus flechas a sus víctimas. Si lograban acertar, corrían tras ellas y les lanzaban sus redes; por último, las remataban en el cuello con sus colmillos.

Wylan decidió que el no mataría a su presa, que sí la atrapaba sería, no su mascota, sino su mejor amigo. Utilizó casi la misma táctica que los de su horda. Sin embargo, no le lanzó ninguna flecha. Se fue acercando hasta él sigilosamente… cuando estuvo cerca y el Dientes de Sable se percató, se adentró en la mente del animal y estuvo ganándose su confianza poco a poco. Igualmente se fue acercando, pero como el animal no dio su brazo a torcer del todo, le lanzó su red, y rápidamente saltó con una agilidad asombrosa sobre éste. Estuvo luchando con él, sujetándole con ambas manos la mandíbula. Gracias a su enorme fuerza Wylan venció, y el animal terminó exhausto, casi sin aliento.
Le había demostrado quien era el más fuerte, ahora tenía que ganarse su confianza. De modo, que se acercó, y lo acarició con dulzura durante largo rato. Al mismo tiempo, conversaba con él (sin palabras) tranquilamente. Cuando el animal recupero sus fuerzas, ya no le veía como un enemigo, sino como a un amigo. Así, que a partir de entonces ya jamás se separaría de él.
Cuando Wylan se hizo adulto, decidió enfrentarse al líder krashiano; no para ocupar su lugar, sino por otras dos razones: quería su espada, y para ello tenía que vencerlo; y la otra, porque pensó que había llegado el momento de marchar del pueblo, para vivir su propia vida, y para ello también tenía que vencerlo, porque según las costumbres krashianas nadie podía abandonar la horda. La única posibilidad era vencer al líder en un combate.
Gracias a sus poderes lo venció sin dificultad. De modo, que se ganó la espada, y dejó Krashia acompañado de su Tigre Dientes de Sable.

Su pensamiento a largo plazo, el de vengar algún día a su verdadero pueblo y familia. 

Su objetivo, el de luchar contra la esclavitud impuesta por el Emperador.

Su esperanza, volver a ver a su querida Akelasha…







8 comentarios:

  1. ¡Caramba! Como prólogo no está nada mal, es el germen de toda una leyenda de espada y brujería... Buen ritmo, buena narración... y un buen argumento, sobre todo: quizás algunas partes podrían haber sido más desarrolladas, creando una historia un poco más larga que actuara no tanto como el prólogo de la saga, sino directamente como el primer episodio... Por cierto, me ha gustado el detalle de Akelasha: me recuerda, posiblemente tomado de ahí, a la princesa vampiro Akivasha de "La Hora del Dragón", de R. E. Howard, con su celebérrimo personaje Conan el Bárbaro...

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    1. Me alegra que te haya gustado. Según mi humilde opinión, es lo mejor que he escrito hasta el momento. También es de lo último, aunque después he escrito capítulos de Las Crónicas de Érdwill 1. La Espada Sagrada. En cuanto a lo que comentas de desarrollar más algunas partes, si me dejas tu correo electrónico te enviaré un correo respuesta que una vez le envié a mi amigo Chris J. Peake, cuando recién había escrito el relato. En el explico, algunas dudas que a el le surgieron, quizás te sirvan también a ti. En cuanto a Akelasha, me sucede igual que a ti con el relato que leí tuyo. No fue intencionadamente, pero si que quería poner un nombre que sonará a ese mundo, e insconcientemente recordaría a Akivasha, aunque no me di cuentas en el momento. Sabía que me sonaba a algo, pero no a qué. Ahora ya lo sé. Nos leemos.

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  2. Esta historia es muy emocionante, interesante y entretenido. Deberías hacer una novela o saga. Sería estupendo. Me gustaría saber cómo sería la travesía de Wylan hasta enfrentarse con el emperador; lo que sucedería cuando se reencuentre con Akelasha y todos los peligros que habría en el camino. Deberías planteártelo, je, je, je.

    ¡Saludos!

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    1. Hola Nahuel.
      No sé si has leído lo que pone arriba justo antes de iniciar el relato. Sí, voy ha hacer una novela de esto pero no una saga. Como dije arriba, este relato sería el prólogo. La novela se llamaría Wylan. El último kylonio. Para que sepas cuando la voy a escribir te diré que tras la de Érdwill escribiré dos al mismo tiempo... La segunda parte de Dragonstones, y LNO. Luz Neutralidad Oscuridad ; luego me pondré con otras dos... la segunda parte de Gyadomea y la novela de esta historia. Si quieres saber un poco más de que va la historia, mira en mi sección proyectos y pincha en "Wylan. El último kylonio".

      ¡Saludos!

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  3. Me encantó este relato, y como prólogo de una novela promete mucho.
    Tu forma de escribir y de relatar me gustaron mucho, hace que uno se adentre en la narración y se sienta parte de ella.
    Un saludo :)

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    1. Perdona por el color de la letra. Te habrá costado mucho leerlo. Este relato lo colgué hace mucho e hice un copia-pega del documento de word. Por aquel entonces con el tipo de letra y fondo del blog quedaba negra y se leía muy bien, pero ahora que he modificado el blog, casi no se puede leer. Esto mismo sucede con la mayoría de entradas del blog anteriores a la modificación. Algo de lo que no me siento orgulloso. No podría cambiar la letra en todas, pero quizás vaya cambiando la de unas pocas entradas, poco a poco.
      En cuanto al relato, me encanta también. Aunque lo escribí hace bastante, sigue siendo lo mejor que he escrito hasta el momento, en cuanto a calidad narrativa, y ritmo.
      Gracias por los halagos.
      Saludos.

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  4. Vaya... Esta historia sí que da para un libro. La verdad es que es muy entretenida. Me ha gustado un montón. Unos personajes dignos de una saga, el héroe que desea venganza por el asesinato de su familia y que regresará para reencontrarse con el amor de su vida ^^ ¡Me encanta!

    Bueno José, por hoy lo dejo. Muy interesante, sí señor. ¡Hasta la próxima! Abrazo y a disfrutar del finde ;)

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    1. Parece que todo el mundo que ha leído este relato, los que lo han hecho en el blog y los que lo han hecho a través de correo electrónico han quedado encantado con él. Sigo diciendo que hasta el momento es el que mejor he relatado. A mi también me encanta esta historia de Espada y Brujería del estilo de Conan el bárbaro, y estoy deseando que llegue el momento de escribirla y publicarla.

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